El sabio se preguntó si en verdad los nacidos han tenido historia. La respuesta, según él, es concluyente: el tiempo siempre ha condicionado la vida de los hombres. Pero ese no es el asunto, la cuestión es quién cuenta la historia y qué fija la historia. Desde épocas inmemoriales un hecho resulta palmario: el mirar hacia atrás. Ahora bien, la cosa no es que MH, por fin, y después de tanto insistir, nos haya dicho que sí. Eso no cabe en semejantes apuntes. Lo que cabe es lo que le ocurrió a mi bisabuelo en la guerra tal. El factor lo confirma: las huellas que deja el dicho tiempo, y ello es lo que fija. Con reglas: solo las pruebas precisas en el proceso de análisis. Mas hoy los modernos historiadores plantean tramas complejas: no tanto descubrir cuanto identificar y discriminar; o lo que es lo mismo, en certidumbre la duda permanente. Así, para el historiador inglés James Wilkinson la historia es pruebas y no siempre se encuentran pruebas, luego no hay historia. Clama el prodigio, pues: yo que soy un ser común, que nací y crecí y no fui al cuartel por excedente de cupo, que no he participado en batallas y no le debo nada sobresaliente a la humanidad ni ella a mí, no soy historia; tampoco mis hijos, que son el punto supremo de la existencia por mor de mi suprema compañera y madre. Lo que consigna esa dicha es que Roma se cargara al proto-comunista Catilina (para gracia de Cicerón), que existió un grande que pretendió dominar a todo el orbe conocido (Alejandro Magno), que vivió una reina en Egipto con trato digno con ciertos romanos (Cleopatra se dice), que un ultraderechista de Alemania (Hitler) quiso imponer la magna raza a toda la Europa sojuzgada y situar a los negros en los confines del mundo, o que hoy sojuzguen nuestra conciencia un tal Trump, Putin o el ricachón de Rusia que le pagó la boda al hijo del primero. La historia se conformará por esto, por aquello, por lo demás allá y porque esos, pese a todo, son dignos de reconocimiento. ¿Qué debemos recordar los humanos, pues, el rostro del racista y genocida Netanyahu para toda la eternidad? Cuentan los “claros” hechos de la segunda guerra mundial, pero no que un país (EEUU) arrojara dos bombas atómicas contra civiles. El otro rostro de la conciencia humana fue manifiesto, aunque no se recuerda: los barrocos procedieron: solo una cosa cabe escribir: lo que consigna la Edad de Oro: lo perfecto, lo sublime, lo que denuncia la suprema cordura de los hombres. Es decir, ¿qué es historia?, ¿qué es un país?, ¿el que contuvo a Reagan, a Washington o el que sublima la democracia y los derechos particulares?, ¿España es porque existió un sátrapa que se llamó Francisco Franco Bahamonde? ¿Qué es la Victoria, la exaltación de la Matanza, o la Matanza es lo que contuvo Victoria? La historia escrita no existe.
