Desde su primitiva construcción a principios del siglo XVI y hasta la puesta en marcha del cementerio permanente de La Orotava en 1823, la iglesia de La Concepción ha sido durante estos tres siglos, el principal camposanto del antiguo lugar del Araotava. Está perfectamente documentado por protocolos notariales, que ya desde los primeros momentos tras la conquista, se comenzaron a realizar inhumaciones en este lugar. En junio de 1516, Diego de San Martín, ordena por testamento, “su enterramiento en la iglesia de la Concepción de La Orotava.” Y en septiembre de 1527, Juan Vizcaíno, “manda que entierren su cuerpo en una sepultura que tiene en la iglesia de La Orotava que se dice Santa María”.
Desde entonces y hasta la bendición del cementerio de La Orotava, este lugar ha sido elegido mayoritariamente como lugar de inhumación en La Orotava, superando a los de la otra parroquia orotavense, erigida en 1681. Pero en este trabajo no se pretende estudiar estos tres siglos, sino el periodo desde que se decidió demoler la antigua edificación y comenzar la construcción del actual edificio, hasta ese 19 de julio de 1823, día en el que el párroco de La Concepción Domingo Curras bendijo el cementerio permanente de La Orotava.
El cementerio villero se bendijo 36 años después de que Carlos III prohibiera por Real Cédula de 1787, los enterramientos en iglesias, en la cual “manda restablecer el uso de Cementerios ventilados para sepultar los Cadáveres de los Fieles, y que se observe la ley 11.tit. 13. de la Partida primera, que trata de los que se podrán enterrarse en las iglesias; con las adicciones y declaraciones que se expresan”.
Para elaborar este trabajo se han tenido en cuenta cinco periodos. Primero, entre diciembre de 1704 y marzo de 1705, fecha en la que se sienten en La Orotava varios y potentes temblores por la erupción del volcán de Güímar, que dejan graves daños en la estructura de la primitiva iglesia. Segundo, la del periodo entre 1753 y 1758, en el que la iglesia sigue funcionando pese a sus graves daños y que ocasionan que ese último año, Estanislao de Lugo, “Tesorero Dignidad de la Santa Iglesia de estas islas y Visitador General de ellas”, considere el templo orotavense como de ruina total. Tercero, el periodo entre 1758 y junio de 1768 en donde la iglesia está oficialmente en ruina pero continúa existiendo, y los libros sacramentales siguen registrando numerosos entierros bajo la denominación de La Concepción. Cuarta, entre junio de 1768 y diciembre de 1788, periodo en el que se derriba la vieja iglesia y se construye la nueva. Y quinto y último, el que va desde la bendición del nuevo templo hasta la bendición del cementerio.
En 1704, se contabilizaron durante todo el año, 116 entierros en la parroquia, de los cuales 74 se efectuaron en la misma iglesia y el resto en las distintas iglesias dependientes. Mientras que en 1705, se oficiaron 89 de los cuales 53 se inhumaron en esta iglesia y el resto nuevamente en las distintas iglesias y ermitas. Estos “camposantos” dependientes eran: los conventos de San Lorenzo, San Benito, San Nicolás y el de Nuestra Señora de Gracia, y las ermitas de San Sebastián y de Nuestra Señora del Carmen. Podemos afirmar que en ambos años se inhumaron en La Concepción entre el 60 y 65 por ciento de los enterramientos totales de esta parroquia. Mismo porcentaje que se dio durante el periodo de los terremotos, es decir entre diciembre de 1704 y marzo de 1705, en donde se contabilizaron 47 entierros, de los cuales 30 se inhumaron en la Concepción. Uno de estos entierros en La Concepción fue el del obispo Bernardo Vicuña, que falleció “entre la una y las dos de la madrugada del día 31 de enero”. Durante este periodo todos los bautizos y matrimonios, se continuaron celebrando en dicha iglesia con total normalidad. Durante el lustro de 1753 a 1758 se contabilizan 465 inhumaciones, de las cuales, casi la mitad, 245 se realizaron en la “parroquia de Nuestra Señora de la Concepción”.
Aunque la declaración de la iglesia como ruina total es de 1758, ya existía un proyecto de sustitución en marcha. En 1755 se había encargado al ingeniero militar Francisco de Gozar la elaboración de un proyecto para una iglesia nueva y de mayores dimensiones. El problema fue que el proyecto administrativo no avanzó con la rapidez necesaria. La documentación parroquial dice expresamente que el proyecto sufrió una larga demora. El comandante general Juan de Urbina remitió los planos al Consejo de Castilla en 1756. Pero en 1760 Juan de Urbina dejó el cargo de comandante general y, según la documentación biográfica de Patricio García, el ingeniero Francisco de Gozar regresó a la Península unos años después, por lo que en 1768 se abandona definitivamente el proyecto y se encarga la nueva fábrica al maestro cantero Patricio García.
Como se ve, no fue una década de inactividad, sino una década de tramitación, proyectos, financiación y búsqueda de una solución arquitectónica viable, que explica bastante bien por qué una iglesia declarada en ruina en 1758 no empezó a ser demolida hasta diez años después. Como curiosidad decir que el maestro Patricio García falleció antes de terminar las obras de La Concepción, siendo enterrado “en la iglesia del convento del señor San Lorenzo.”
Desde 1758 hasta junio de 1768 no se observa ningún corte brusco en los enterramientos registrados como “parroquia de Nuestra Señora de la Concepción”, por lo que podemos entender que la declaración de ruina de 1758 no produjo el abandono funerario de la antigua parroquia, al menos no según la forma en que se registra el lugar de enterramiento en los libros sacramentales. De los 792 entierros registrados, casi el 52 por ciento fueron realizados en la propia iglesia parroquial.
Durante los 20 años que duraron los trabajos de derribo y construcción del actual templo, es decir entre 1768 y diciembre de 1788, la parroquia se trasladó de sede, celebrándose los bautizos y matrimonios en otras iglesias dependientes de la parroquia. Primero se trasladaron entre el 8 de mayo y el 24 de julio de dicho año de 1768 “al convento del Patriarca del señor San Agustín de dicha villa por reedificación de dicha parroquial”, y luego, desde el 27 de julio de dicho año, a “la iglesia del señor San Nicolás Obispo monasterio de religiosas dominicas por redificación de dicha iglesia parroquial”. Así estuvieron hasta el “siete de diciembre de este año de mil setecientos ochenta y ocho”, cuando “el ilustrísimo señor don Antonio de la Plaza, dignísimo obispo de estas islas, habiendo a su costa puesto esta parroquia en estado de colocarse, trasladó a ella el Santísimo Sacramento de la iglesia de religiosas dominicas, donde se había estado sirviendo esta dicha parroquia desde el día 27 de julio de 1768”.
Ese solemne día “dio la primera misa el señor licenciado don Juan Montenegro y Ocampo, venerable beneficiado de ella, con asistencia de su ilustrísima y su Majestad Manifiesto”. (La iglesia y el convento de monjas dominicas se había incendiado hacía pocos años, incendio que pudo deberse “a la carga de tronadores que se echó en dicho convento la noche antes, día de Santa Ana”).
Pero a día de hoy, y con la documentación disponible no se puede afirmar dónde se llevaron a cabo los entierros de dicha parroquia durante este periodo, si en el solar donde estuvo la primitiva iglesia, o se trasladaron al igual que las bodas y bautizos a las iglesias conventuales de San Agustín y de San Nicolás de religiosas dominicas, donde sabemos que oficialmente se asentó la parroquia. Aunque todo hace indicar que con los entierros ocurrió lo mismo. Está perfectamente confirmado por los libros sacramentales que entre junio y julio de 1768, se realizaron inhumaciones en San Agustín: “Se enterró en la iglesia parroquial de La Concepción cita en el convento de religiosos de San Agustín”. Y de igual forma está demostrado que en julio de ese mismo año se realizaron en San Nicolás.
Un ejemplo de estos entierros en San Nicolás en el periodo de derribo de la iglesia de La Concepción es la inhumación de la hija del maestro cantero Patricio García, María de la Caridad, que fue enterrada “en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de La Concepción cita en la iglesia del monasterio de religiosas dominicas de esta villa”. Pero hay además cuatro datos claves que avalarían la idea de que los entierros de la iglesia parroquial también se trasladaron: Primero, el traslado de los huesos del presbítero Joseph García a finales de octubre de 1768, que “se trasladaron de la iglesia que se desbarató y se repusieron en esta parroquial cita en el monasterio de religiosas dominicas”. Joseph García había sido enterrado en la Concepción en agosto de 1765. Segundo, el también traslado de los huesos de Isabel Rosa Mesa Benítez, viuda del capitán Alonso Nicolás de Llerena, que tras fallecer el 30 de abril de 1770 y ser enterrada, según su partida, “en esta iglesia parroquial de La Concepción”, una vez finalizada la obra de la nueva iglesia, sus huesos fueron sacados de San Nicolás y trasladados a la Concepción. Su registro dice así: “Traslación de huesos de Isabel Rosa Mesa Benítez que los sacaron de la Iglesia del Convento de San Nicolás Obispo, Orden de Santa Catalina, y los colocaron en esta iglesia”. Con esto se demuestra que en este periodo, la iglesia parroquial de La Concepción era la de San Nicolás. Tercero, el de Ana Franquis, viuda de Alonso Carrasco que también fue enterrada en la iglesia parroquial y con posterioridad sus huesos “fueron trasladados de la iglesia de San Nicolás a esta iglesia de La Concepción donde tenía su sepultura y estaba enterrado su marido”. Por tanto se puede concluir que en este periodo no sólo se trasladaron todas las celebraciones parroquiales, sino también las inhumaciones. Y cuarto, el entierro el 15 de junio de 1775 de la portuense Paula Rafaela de San Lorenzo, “en esta iglesia parroquial”, siendo “residente en dicho convento desde los quince años.” Confirmándose así también que en este momento, la iglesia parroquial es la del convento de San Nicolás.
Lo que también está documentado es que durante los primeros años de las obras, entre 1769 y 1774, se habilitó una zona, registrada como “el sitio de la iglesia que se está fabricando”, el “camposanto de la iglesia que se está fabricando”, e incluso “la iglesia parroquial que actualmente se está fabricando”, en donde se enterraron a “los pobres de solemnidad”, a algunas personas de color y a los que provenían del hospital. El 29 de octubre de 1815, se volvió a incendiar “la iglesia y convento de las religiosas dominicas de esta villa, pero esta vez perecieron en las llamas” ocho mujeres, entre ellas la reverenda madre del convento, cuatro monjas y tres “criadas del convento”.
Desde 1788 y hasta 1823, y una vez finalizada las obras, la nueva iglesia de La Concepción volvió a acoger la parroquia. De los 2.441 entierros registrados en los libros sacramentales, casi el 55 por ciento se realizaron nuevamente en dicha iglesia, y el resto, en las iglesias, conventos y ermitas dependientes. Por tanto, la nueva iglesia de La Concepción siguió siendo el lugar elegido mayoritariamente para las inhumaciones. El último entierro registrado en La Concepción, fue el de Cándido Díaz Febles, el día 15 de octubre de 1821. Hasta la apertura del nuevo cementerio, los feligreses fueron inhumados en San Agustín (durante seis meses), Santo Domingo (durante 11 meses), San Roque (1823) y San Sebastián (1823), siendo el último de ellos el de Francisca Santos.
*Miembro de la Sociedad Genealógica y Heráldica de Canarias





