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La semana

Ha sido movida la semana y la he terminado tremendamente cansado. Hacía tiempo que no tiraba del diario, como he hecho en algunas ocasiones para llenar mi crónica diaria. Me invitaron a una charla en el Club Tagoro de Tacoronte, con mi antiguo compañero en La Gaceta, Tachi Izquierdo, quien me parece que en mis tiempos de director era corresponsal en La Laguna. Fue un acto muy bonito. Me entregaron la insignia de plata del club y una placa de recuerdo. Había mucha gente en el salón de actos, casi lleno. Firmé en el Libro de Honor, lo cual agradezco. El viernes comí con Carmen Pérez, la candidata del PP al Ayuntamiento de Santa Cruz y primera teniente de alcalde de la ciudad. Me causó una gran impresión y me da que tiene las ideas muy claras. Es abogada, con premio extraordinario, especialista en derecho matrimonial. Le ha llegado su vocación política en la mejor edad de una persona: los cuarenta. Carmen es cercana, risueña y muy inteligente. Pidió un potajito de berros en Los Limoneros y una merluza rebozada. De postre, crema catalana. Le cogió la cola subiendo la autopista y casi no llega, pero la conversación fue muy agradable. Hablamos de todo, pero me parece que de política no. A mí no me gusta que esta columna sea eminentemente política, no vale la pena. Me interesan mucho más las personas. Y, desde luego, la gente intelectualmente preparada, como esta mujer que aspira a ser alcaldesa de Santa Cruz. Hablamos de un fallecido amigo común: José Domingo Gómez, a quien ella considera su maestro. El padre de José Domingo, José Luis, no era el abogado del Lincoln de la serie, sino el del Rolls Royce. Era maestro, pero se hizo abogado tarde y se convirtió en uno de los mejores penalistas de Canarias, junto a Edmundo González, Ángel Ripollés y Marcos Tavío. Termino la semana entre recuerdos. Gracias, Carmen, por el rato de charla.

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