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Las camisetas

El tema de conversación nacional, por si no fuera poco lo que hay por ahí, es el porqué tres jugadores del Real Madrid -Mbappé, Konaté y Vinicius- vistieran solo a medias las camisetas de apoyo a Ceuta, antes del partido contra el Elche. Cuando se mezcla el fútbol con la política, mal asunto. El apoyo a Ceuta en las gradas me parece perfecto, justo, necesario, solidario y patriótico porque una ciudad española ha sido invadida y el pueblo debe manifestar su opinión. Pero en el campo de juego, en el césped, todas las camisetas que no sean las de los clubes, sobran. La imagen del utillero del Real Madrid repartiendo en el túnel las famosas camisetas del apoyo caballa entre los jugadores me pareció patética, chapucera, improvisada e impropia de un club como el Real Madrid. Ceuta está en nuestro corazón y para los canarios, además, por la cuenta que nos trae y porque las barbas isleñas, no ahora pero sí en el futuro, van a estar en remojo. Pero dejemos que el fútbol sea fútbol y no creamos que todo es política. Este país tiene metida en su enorme culo unas grandes dosis de estupidez, de indecencia, de improvisación, de trampas, de incertidumbre y de mucha machangada. Que España esté hablando de las camisetas colocadas a medias por tres millonarios jovencitos que juegan en el Real Madrid dice muy poco de ese público que siempre se ha llamado “en general”. Las manifestaciones políticas, donde correspondan; la libertad individual, sagrada; la improvisación en una organización como el Real Madrid (los jugadores se enteraron de la vestimenta diez o quince minutos antes), impropia de un gran club. Por supuesto que yo le doy al gesto la importancia que tiene, o sea, muy poca. Dejemos al Madrid que juegue al fútbol, a Mourinho que haga un equipazo, al Barcelona que pierda de una vez y que homenajee a su estelada y a los curas que digan misa. Ite missa est.

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