tribuna

Los votos y los miedos de Putin

Rusia atrae estos días la atención informativa porque entre mañana y el domingo se celebran allí elecciones legislativas, las primeras después de la invasión de Ucrania, donde Moscú ha puesto también urnas en 11 distritos electorales del territorio anexionado. De los veintitantos partidos registrados, solo una docena cumple los requisitos necesarios para inscribirse. En la legislatura que acaba hay cinco partidos representados en la DUMA (Cámara baja del Parlamento): Rusia Unida, la formación de Vladímir Putin, con amplia mayoría, y otros cuatro en la oposición tolerada, de, teóricamente, ideologías diversas, del liberalismo al comunismo.

Hablar de elecciones en Rusia puede producir cierta confusión porque no se dan las circunstancias ni las garantías que caracterizan unos comicios en democracia. A pesar del desgaste y la caída de popularidad a causa de la guerra, nadie duda que el partido de Putin volverá a ganar y retendrá el control del Kremlin. Y perderá el sufrido pueblo ruso, que ha soportado estoicamente a los zares, a Stalin y las fracasadas embestidas de Napoleón y de los nazis. Cuando parecía que empezaban a sacar la cabeza con la modernización y apertura de la perestroika y la glásnost impulsadas por el presidente Mijail Gorbachov, llegó Putin y mandó parar.

Durante la campaña se ha podido constatar el cansancio de la población, el daño indisimulable que la respuesta militar de Ucrania está produciendo en el tejido industrial y en las infraestructuras rusas, además del deterioro en la economía y la visibilidad de los 700.000 veteranos en la calle, a algunos de los cuales Putin ha colocado estratégicamente en las listas de candidatos para desactivar la movilización negativa de los regresados de la guerra.

Buena parte de Europa mira con recelo cuanto ocurre en la inquietante Rusia y también con desconfianza se asoman los rusos a Europa porque Putin les ha metido el miedo en el cuerpo diciéndoles que la OTAN prepara una gran acción militar contra Rusia, que fundamenta, manipulando con mentiras y medias verdades, lo que muchos rusos recuerdan, que el Pacto de Varsovia se creó para hacer frente a la OTAN, que Gorbachov y el presidente de EE.UU., George Busch (padre) acordaron la disolución del Pacto de Varsovia, con el compromiso del presidente estadounidense de que la OTAN no crecería hacia el Este, que no se ha cumplido porque Bill Clinton, que relevó a Busch en la presidencia de EE.UU., no lo respetó y así, desde 1999, el goteo de incorporaciones a la OTAN no ha parado, hasta el extremo de que hoy forman parte de la misma 32 países, el doble de los que había en 1991 cuando se disolvió la organización militar del antiguo bloque comunista. La expansión de la OTAN ha sido un gran negocio para la industria militar de EE.UU., proveedor mayoritario de los países aliados, y más que un dolor de cabeza para muchos de los países europeos que, con la alegría por la llegada de la libertad a los países del Este, estrenaron la condición de enemigos de Rusia con el que hacían importantes negocios.

A un tipo desconfiado como Putin se le hacen los dedos huéspedes y parece entrar en pánico ante una eventual merma de su poder si otras zonas de influencia rusa quedasen bajo el paraguas de Occidente y manosea la historia reciente con interesados juicios de intención para justificar la invasión de Ucrania como una acción defensiva por miedo a ser agredido por la OTAN.

Como él mismo ha explicitado en la reciente Cumbre de los BRICS, en Nueva Deli (India), Putin está preocupado por el aislamiento económico y las restricciones tecnológicas que sufre Rusia a causa de las sanciones occidentales y tiene miedo de que se reduzca progresivamente su capacidad industrial y militar, lo que podría poner en riesgo su modelo político, el putinismo, un régimen que ofrece a los ciudadanos estabilidad económica a cambio de obediencia al Kremlin y, como se decía en la España de Franco, de que no se metan en política.

Esperemos que algún día se supere el actual caos global (no podrá ser mientras Putin siga en el poder, a Trump lo doy ya por amortizado) y el mundo recupere el clima político de los años de la disolución de la URSS, cuando Rusia, antes de llegar los clintonputines, miró a Europa y quiso integrarse en las instituciones del mundo occidental.

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