tribuna

Madrid, nuevo norte

El convenio del plan Chamartín se aprobó en 1993. Desde el primer momento tuve conocimiento de esta enorme operación urbanística que desarrollaría una zona al norte de Madrid con miles de viviendas y centros de negocio, capaz de transformar unos terrenos en desuso de Renfe en un ámbito de gran potencia económica, sobre todo para el uso residencial. Hace más de 25 años estuve en la planta 60 de la torre Price Waterhouse Cooper, donde se exponían los planos y pude contemplar los terrenos en que se pretendía desarrollar esta estrategia de desarrollo para la capital de España. El desacuerdo imperó durante muchos años, con las consiguientes discusiones políticas de todo tipo: medioambientales, económicas, oportunidades partidistas y amenazas de pelotazos. Lo de siempre alrededor del uso del suelo y las necesidades básicas de los ciudadanos. En la época de Manuela Carmena se logró un acuerdo, con una rebaja de la densidad edificatoria, en torno a las 10.000 viviendas. Hoy por fin se anuncia a bombo y platillo la puesta en marcha de esta operación con el nombre de Madrid Nuevo Norte. La información de El País tiene toda la pinta de ser publicidad pagada, por lo que no estoy demasiado seguro de que su aceptación sea unánime como se asegura en el texto. Ya saldrá Juana con las rebajas por algún lado. De momento no parece que algo donde intervienen Renfe, el Ministerio de Fomento, el Ayuntamiento y la Comunidad Autónoma, aparte de la financiación privada, vaya a ser contestado, pero siempre habrá alguna minoría de activistas dispuesta a ponerle la proa al proyecto. Si no, estaríamos en el país de los consensos y esto no puede ser. Desde que conozco esta operación, y ya va para 30 años, he pensado que era una buena solución, aunque luego haya estado paralizada otros tantos. Se prevé que todo esté finalizado en 2045, si todavía la Inteligencia Artificial nos permite llegar a esa fecha y no se presentan imponderables que lo impidan. Todo puede ocurrir y los antecedentes nos hacen temer que no estamos ante un futuro seguro. De cualquier forma, me alegro de que estas iniciativas se pongan en marcha y salgamos del estancamiento que nos ha hecho perder tanto tiempo. Podría servir de precedente para que otras ciudades españolas siguieran el ejemplo y dotaran a las nuevas generaciones de la oportunidad de desarrollarse en sus trabajos y en sus oportunidades de disfrutar de un bienestar que por ahora se les presenta bastante difícil. Madrid Nuevo Norte es una opción para levantar al urbanismo de ese ambiente de sospecha que lo ha tenido postergado sufriendo la incomprensión de las masas influenciadas por el activismo. Nada puede avanzar si acusamos de perversión a las herramientas necesarias para sacarlo adelante. Espero que no suceda definitivamente con lo de Chamartín y su éxito sea capaz de despejar iniciativas en otros territorios.

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