Estoy seco de ideas. Como un esparto. Con lo único que disfruto es con los discursos de Cayetana Álvarez de Toledo, que tenía que ser la candidata del PP y no el aburrido de Feijóo. Antes de lo del ático yo hubiera votado por Ayuso, pero ahora no sé. Un ático para un político es un error. No quiero hablar de política, con este calor abrasante y con esta humedad que, en mi casa, ha llegado al 70%. Este mes, la factura del aire acondicionado arruinará de nuevo mi exigua pensión de autónomo de toda la vida. Seguro que al bandolero de Montoro, que fue quien me arruinó, no le afecta, ni a su sicav tampoco. Yo no es que sea de derechas ni de izquierdas, yo sólo soy un sufridor del sistema. Los españoles por norma, tendemos a jodernos unos a otros. Miren, si no, el sufrimiento de los ceutíes, una ciudad preciosa que se han cargado para siempre. España es un país precioso, que últimamente claudica ante todo y es el hazmerreír del mundo. Tendemos los españoles a aceptar los regímenes autoritarios y, últimamente, a un régimen de mentecatos. Ellos, unos y otros, saben que acabarán en la mazmorra, porque a todo cochino le llega su sanmartín. Pero aquí o van todos a la cárcel o no va ninguno y, además, la cárcel no arregla nada: hasta Ábalos se va a hacer abogado, con la marca de las rejas en la piel. Prefiero dejarlo ahí porque, total, yo no voy a arreglar el mundo, ni siquiera me voy a arreglar yo, que no tengo remedio. Pues eso, que intelectualmente estoy más seco que un esparto y que la humedad me ha estropeado, irremediablemente, el sentido del humor. Cuando Buero Vallejo entraba en el Café Gijón, los contertulios decían: “Miren, ahí viene don Antonio Buero Vallejo, que en paz descanse”. Montoro me quitó mi piso de Madrid, junto al café. Ay.
