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Nadie hablará de Ceuta

Dentro de un par de semanas, en plena avalancha de manifestaciones de cuatro gatos en Madrid y de acampadas frente a donde esté Ayuso, nadie hablará de Ceuta. Es lo que el Gobierno quiere. España es un país de modas pasajeras, un país sin memoria que va proa al marisco. España no cambia, la gente actúa igual ahora que en los estertores de la II República. No se trata de progresar sino de regresar al pasado. Estamos viviendo, quizá, la peor parte de nuestra historia última. No escarmentamos. No aprendemos de esa historia. ¿Y saben por qué? Pues porque nadie lee la historia, ni se interesa por ella, ni la entiende, porque España -y, si no, acuérdense del Informe PISA-tiene una capacidad cognitiva muy limitada, la gente huye de las librerías, apenas existen ya los periódicos escritos y los españoles se han vuelto más brutos todavía, a pesar de las oportunidades que tenemos de progreso intelectual. Hagan una encuesta en cualquier centro comercial, entre jóvenes. No saben quién es el presidente del Gobierno de Canarias, se manejan con 100 palabras en su vocabulario, rebuznan más que hablan. Esto es un auténtico desastre. La educación ha caído en un abismo infinito y todo se reduce a jalear a una anciana que ha perdido su casa porque ni ella, ni su familia, ni nadie, ha tenido el más mínimo interés en arreglar su situación y han recurrido a la teoría de los hechos consumados: la algarada, la acampada y el chantaje. Así no se puede vivir. Un país que protege a los okupas, que lleva los derechos de las personas a límites ridículos, que pierde la autoridad, no es un país serio, sino una caricatura de país. Y lo peor es que no tenemos remedio, gobiernen unos, gobiernen otros. Lo verán: más pronto que tarde, nadie hablará de Ceuta.

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