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Olor a porro

Sol, nota musical y nombre de plaza madrileña que, a día de hoy, apesta a porro, a meados y a alguna cagarruta urgente de gente que no ha conseguido llegar a los bares cercanos. Y a pota. ¿Por qué le gusta tanto a la izquierdona más rancia una acampada? Lo ignoro. Es como esa gente que sale de excursión al campo, o a la playa, a pasarlo mal y llega luego a casa con las patas llenas de zarzas, de bichos raros y de alguna garrapata. Ojo con las garrapatas, que se meten por cualquier sitio y si no las localizas a tiempo te dan mucho la lata. En Sol nació Podemos, pero no me acuerdo dónde desapareció, porque ya no existe. Y en Sol, el pestazo llega hasta la cafetería de El Corte Inglés. Lo de Sol es una estrategia, pero nadie sabe de quién, porque el Sindicato de Inquilinos murió con la II República. Y ahora nace el Sindicato de Inquilinas, que es lo mismo pero feminizado. Se tiende a feminizar todo, hasta Podemos se llama Podemas y los capirotes de la Semana Santa, capirotas, y los gallos, gallinas. Ya no hay gallos. Ay. Sol huele lo mismo que los asentamientos moros y playeros de Ceuta. Si se celebra un concurso de pestazo entre unos y otros, el resultado sería incierto. El resumen es la jediondada nacional que provocan los antisistema, que ven correr el agua y huyen como almas que se lleva el diablo. Siempre me he preguntado qué es peor, si el olor a sudor viejo o el olor a pata. Los dos son indecorosos y molestos para el ser humano normal, pero existe un tercer olor, el olor a porro, que además te deja medio atontado. El olor a porro distingue a la Puerta del Sol madrileña y como permanezca hasta final de año, las campanadas no las va a oír nadie.

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