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después del paréntesis

Ricos

El deportista coruñés Carlos Martínez, oro con la selección española en el Mundial de 3×3, lo advirtió: “A ganar dinero se aprende, como a conducir una bicicleta”. Y tal cosa la confirmó la revista Forbes al elegirlo como uno de los más grandes talentos empresariales de la actualidad. Por semejante rumbo se conduce la historia. El magno sultán que aduce que el mundo tiene el valor de su dinero. Por ello se interna en el más resolutivo lujo (joyas, utensilios, mansiones en su país o zonas dilectas de Europa) o en los caprichos. Así, de los 16 mil euros que gasta un ciudadano común, a los 40 millones del más barato de sus coches o a los 65 de su corona. La naturaleza le dona bienes a los poderosos o algunos seres se convierten en acaudalados por ingeniosos. En un caso u oro, o diamantes, o petróleo, o gas; en el otro… Lo formuló el grande Amancio Ortega: “Yo no tengo dinero porque lo buscara, tengo dinero porque nunca pensé almacenarlo”. ¿Cómo? La pericia que sabe vender. Ahí, la ropa hecha de un modo y propuesta de una manera, lugares precisos en todas las ciudades de este mundo. Igual que le ocurre a Jeff Bezos, que se le ocurrió crear una empresa (Amazon) que recurre a las prestaciones digitales del moderno para comerciar. De manera que hay ricos, tanto que las mentes normales no podemos cuantificar lo que tienen. Por ejemplo, la descomunal fortuna de Elton Musk por cohetes y los más novedosos automóviles de la actualidad. ¿Qué urge en esos factores? Algunos dicen que la riqueza no es imprescindible pero que el dinero da felicidad. ¿Se cumple? No en todas las ocasiones. Aunque es cierto que con esos dinerales (los cinco mil novecientos millones de dólares de Musk) se puede comprar hasta la muerte, atraer hasta ti figuras que te revelen tal cual (Trump y su pareja), mas ello no hace corresponder la ecuanimidad o la dicha. Tampoco la salud, etc., etc. etc. Y asimismo lo que muestra la entera conexión con este globo. El dicho Munk, un ser sumamente preparado, un científico, un iluminado y que sin embargo se sumerge en el más procaz y axiomático canibalismo de la ultraderecha financiando (como caso) a los neonazis de Alemania. Queda, entonces, lo que en el planeta se sustenta contra o junto a los pudientes: la frontera de la diferencia. De un lado, el linde de la inmigración (EE.UU.-México, África-Europa); de otro, lo extremo, la raigambre genética de los nacidos: el hambre. Se corresponde, pues, la consigna manifiesta de lo que somos: frente al más extraordinario movimiento ético de la humanidad, el comunismo, se sustancia ante nosotros lo disímil. Eso ha creado la especie, el 10% en la cumbre frente al resto, de las clases medias a los depauperados. Ricos.

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