Ocho ediciones permiten mirar un festival con una perspectiva diferente. Ya no se trata únicamente de recordar quién encabezó cada cartel o cuántas personas asistieron a una determinada edición. El paso del tiempo permite comprobar qué ha permanecido, qué ha evolucionado y, sobre todo, qué proyecto se ha construido alrededor de la música.
Ese ejercicio sobre la trayectoria de Tenerife Peñón Fest dibuja una historia que comenzó en 2018 y que, ocho ediciones después, permite hablar de un proyecto cultural progresivamente más amplio. Música en directo, creación canaria, cine y documental, conferencias y coloquios, literatura, igualdad, divulgación de la cultura musical, sostenibilidad, accesibilidad y generación de nuevos públicos han ido formando parte, con distinta intensidad en cada etapa, de la evolución del festival. Una trayectoria que adquiere especial significado al observar cómo ha evolucionado también la manera de entender y respaldar los grandes proyectos culturales. Instituciones como el Instituto Canario de Desarrollo Cultural, junto a otras administraciones públicas, incorporan entre sus criterios conceptos que van mucho más allá de la dimensión de un evento o de su capacidad de convocatoria: calidad y diversidad de la programación, creación canaria, trayectoria, actividades culturales complementarias, relación con el territorio, formación de públicos, igualdad, sostenibilidad o accesibilidad.
Son precisamente esos elementos los que permiten distinguir entre la celebración de un gran acontecimiento musical y la construcción, a lo largo del tiempo, de un proyecto cultural con identidad propia y capacidad para generar valor antes, durante y después de sus conciertos. Y es desde esa perspectiva desde la que resulta especialmente interesante recorrer los ocho años de Peñón Fest. No para medir su historia únicamente por los grandes nombres que han pasado por sus escenarios, sino para detenerse en aquello que ha ido creciendo alrededor de ellos: talento canario, programación cultural, transversalidad artística, nuevos públicos, igualdad, sostenibilidad y compromiso con el territorio.
El talento canario estuvo allí desde el primer cartel
Hay un dato que explica bien la filosofía con la que nació Peñón Fest. En su primera edición de 2018, tres de las cinco propuestas que compartieron cartel con Hombres G y Mikel Erentxun procedían de Canarias: Said Muti, Simón Salinas y Della Du. No fue una excepción.
Óscar Rocío y La Patafísica y Expresso Rock participaron en 2019. En 2020, en uno de los momentos más difíciles que ha atravesado la música en directo, Peñón Fest mantuvo su edición y convirtió la creación de proximidad en protagonista con Los Lolas, Ni un Pelo de Tontos, The Taxman y Morirán Todos, además de la participación de Dácil y Della Du dentro de la programación vinculada a igualdad. En 2021 fue el turno de Los Coquillos; en 2022, Red Beard; y en 2024, ya en Santa Cruz de Tenerife, DeLoKos y Simón Salinas volvieron a formar parte de la programación oficial. La importancia de esta trayectoria no reside solamente en contabilizar artistas canarios. Reside, sobre todo, en el lugar que han ocupado. Peñón Fest ha incorporado creación de las Islas dentro de sus carteles, compartiendo programación, comunicación y escenario con nombres como Hombres G, Loquillo, Celtas Cortos, Coque Malla, Mónica Naranjo, Sidonie, Depedro, Dani Fernández, Zahara o Carolina Durante.
No como una presencia testimonial ni como artistas de relleno antes de los grandes nombres. El talento canario ha formado parte del relato artístico del festival. El caso de Los Coquillos en 2021 permite entender todavía mejor esa filosofía. La histórica formación canaria no solo formó parte del cartel: su trayectoria se convirtió también en contenido cultural mediante la proyección de Hasta el amanecer y un posterior coloquio alrededor de la historia de una de las bandas más representativas de la música hecha en Canarias. Porque impulsar creación canaria no consiste únicamente en contratar artistas. También significa situarlos, comunicarlos, contextualizar su obra y acercarla a nuevos públicos.
Un espacio propio para la creación
La novena edición ha dado un paso más en esa dirección. Postcode, banda canaria integrada también en el cartel principal de Tenerife Peñón Fest 2026, presentó en junio en el Buho Club su primer álbum, Broadcast From Nowhere, dentro de la programación paralela del festival.
La iniciativa quiere convertirse, además, en una nueva línea de trabajo con vocación de continuidad. Peñón Fest pretende abrir cada año una ventana específica para que bandas y artistas canarios, emergentes o consolidados, puedan presentar nuevos discos, canciones o proyectos vinculados a su proceso creativo. No se trata únicamente de incorporar artistas de las Islas a los conciertos principales, sino de aprovechar la capacidad de comunicación y convocatoria del festival para acompañar otros momentos importantes de su trayectoria artística. Una ventana estable para la creación musical canaria que permita presentar, descubrir, conversar y generar nuevos públicos alrededor de sus proyectos.
Cuando el festival empieza antes de que se abra el escenario
La evolución de Peñón Fest se aprecia todavía mejor al observar todo aquello que ha sucedido fuera de sus conciertos. Una parte importante de su crecimiento durante estos años se ha producido precisamente ahí: en la voluntad de utilizar la música como punto de partida para acercarse al cine, la literatura, la igualdad, el pensamiento, la sostenibilidad o la propia memoria musical.
En 2020 apareció ya una línea específica alrededor de la igualdad con Música por la Igualdad. En 2021, Peñón articuló un miniciclo cultural previo que incorporó cine documental y debate social, con El viaje de Carla y la participación de Carla Antonelli, además de Hasta el amanecer, dedicado a Los Coquillos y acompañado de un coloquio sobre la historia de la banda. En 2022 la programación volvió a crecer alrededor de la música con una propuesta de especial relevancia cinematográfica. Peñón proyectó Héroes: Silencio y Rock & Roll y contó con la presencia de su director, Alexis Morante, para acercar al público no solo la película sino también el proceso de construcción de un documental musical. Morante es uno de los realizadores españoles con una trayectoria más estrechamente vinculada a la música. Su filmografía incluye documentales sobre Alejandro Sanz, Camarón, Héroes del Silencio y David Bisbal, entre otros proyectos. Héroes: Silencio y Rock & Roll, estrenado en Netflix, fue nominado al Goya a mejor película documental y a los Premios Forqué, convirtiendo aquella actividad de Peñón en un encuentro con uno de los realizadores que mejor han explorado la relación entre cine, música y memoria artística durante los últimos años.
Aquella misma quinta edición incorporó otro nombre especialmente reconocible de la cultura musical española. Fernandisco, además de participar en el cartel del festival, impartió en la Sala Andrómeda del Lago Martiánez la conferencia The Mission, sumando la mirada de uno de los grandes comunicadores y divulgadores musicales de la radio española a la programación cultural. La periodista y escritora Anabel Vélez incorporó igualmente contenidos relacionados con el papel de las mujeres en la historia de la música, mientras la sostenibilidad y los principios de la Agenda 2030 ganaban también espacio dentro del proyecto.
Las últimas ediciones celebradas ya en Santa Cruz de Tenerife han continuado extendiendo esa experiencia cultural más allá de las jornadas de conciertos. Cine, literatura musical, igualdad, sostenibilidad, periodismo y reflexión sobre la historia y el papel social de la música han formado parte de una programación que utiliza diferentes espacios y formatos para relacionarse con el público.
Un festival integrado en uno de los espacios más singulares de Santa Cruz
El traslado de Peñón Fest a Santa Cruz de Tenerife permitió además establecer una relación diferente con el espacio en el que se celebra. El entorno del Palmetum, el Parque Marítimo César Manrique y el Castillo Castillo Negro constituye uno de los paisajes más reconocibles del frente marítimo de la capital. Peñón ha querido que estos espacios no funcionen únicamente como escenario o telón de fondo del festival, sino que formen parte de su experiencia cultural.
El Palmetum tiene, además, una historia especialmente vinculada a la transformación ambiental. El actual jardín botánico ocupa los terrenos del antiguo vertedero de Cabo Llanos, recuperados hasta convertirse en un espacio verde singular y en uno de los jardines especializados en palmeras más relevantes. Ese proceso de transformación, de vertedero a jardín botánico, aporta un significado especial a la relación entre Peñón Fest, cultura y sostenibilidad. Durante las jornadas de conciertos, la vegetación y la silueta del Palmetum se integran visualmente en el recinto y su iluminación lo convierte en un decorado natural excepcional del festival. Pero Peñón quiere ir más allá de utilizarlo como paisaje.
La programación cultural se extiende por diferentes puntos de este entorno, generando actividad en el propio Palmetum, el Castillo Negro y otros espacios cercanos y estableciendo sinergias con lugares que forman parte de la identidad de Santa Cruz de Tenerife. El objetivo es que el festival dialogue con la ciudad que lo acoge y contribuya también a mirar de otra manera algunos de sus espacios más característicos.
2026: cine, fotografía y literatura ganan protagonismo
Esa filosofía adquiere una dimensión especialmente significativa en la novena edición. Tres de las actividades culturales programadas para 2026 ejemplifican de manera especialmente clara hacia dónde quiere seguir creciendo Peñón: un documental musical acompañado por sus creadores, un proyecto fotográfico desarrollado con jóvenes estudiantes de arte y un club de lectura que utiliza una figura esencial de la música para hablar también de creación, mujer y sociedad.
Dani Fernández: del escenario a la gran pantalla
El 6 de octubre, el Castillo Negro acogerá Todo cambia, largometraje documental dedicado a la trayectoria personal y artística de Dani Fernández. La película está dirigida por Charlie Arnaiz y Alberto Ortega, dos realizadores especialmente vinculados durante los últimos años al documental cultural y musical y fundadores de Dadá Films & Entertainment.
Su trayectoria conjunta incluye Anatomía de un dandy, retrato de Francisco Umbral nominado al Goya a mejor película documental; Raphaelismo, serie documental dedicada a los sesenta años de carrera de Raphael; Supergarcía, alrededor de la figura del periodista José María García; además de numerosos proyectos vinculados a músicos y creadores. Todo cambia se estrenó en 2025 y formó parte de la programación documental del Festival de Málaga. Durante cerca de ochenta minutos, la película reconstruye el recorrido de Dani Fernández desde sus primeras experiencias musicales hasta la consolidación de su carrera en solitario, combinando archivo, testimonios y seguimiento de su vida personal y profesional.
La actividad de Peñón Fest no terminará con los créditos de la película. Tras la proyección, Charlie Arnaiz y Alberto Ortega participarán en un coloquio con el público, convirtiendo el documental en una oportunidad para conocer también cómo se construye audiovisualmente el relato de un artista y cómo cine y música pueden dialogar para conservar y transmitir la memoria musical contemporánea.
Jóvenes fotógrafos reinterpretan música, naturaleza y Palmetum
La segunda gran propuesta convierte al propio entorno del festival en materia artística. Alumnado de Fotografía de la Escuela de Arte y Superior de Diseño Fernando Estévez de Santa Cruz de Tenerife desarrollará una exposición que tendrá como ejes la música, la naturaleza, la experiencia de los festivales y las palmeras del Palmetum. La colaboración incorpora una dimensión especialmente interesante: ofrecer a jóvenes creadores en proceso de formación un espacio real de exhibición pública fuera de las aulas.
La Escuela Fernando Estévez cuenta entre sus enseñanzas con formación superior vinculada a Fotografía, Diseño Gráfico y diferentes disciplinas artísticas. Su participación permite conectar un festival de música con la educación artística y convertir la programación cultural en una plataforma de visibilidad para nuevos creadores. Pero el lugar de la exposición forma también parte de su significado.
Las fotografías dialogarán con un jardín botánico construido sobre el antiguo vertedero de la ciudad. Palmeras, naturaleza, recuperación ambiental, música y mirada artística se encontrarán así en una muestra que permitirá interpretar el Palmetum no únicamente como entorno del festival, sino como objeto creativo y ejemplo de transformación del territorio. La exposición podrá visitarse gratuitamente durante octubre y noviembre, prolongando además la presencia cultural del festival más allá de sus dos jornadas de conciertos.
Nina Simone: leer la música para comprenderla de otra manera
La tercera propuesta recupera una línea que Peñón ya ha trabajado anteriormente con la periodista y escritora Anabel Vélez: acercarse a la historia de la música desde la literatura y desde la mirada de las mujeres que la han transformado. El club de lectura dedicado a Víctima de mi hechizo. Memorias de Nina Simone permitirá aproximarse a una de las figuras fundamentales de la música del siglo XX desde su propia voz. Pero hablar de Nina Simone significa también hablar de creación, identidad, discriminación, activismo, derechos civiles y del papel de las mujeres dentro de la industria musical.
El formato de club de lectura introduce además otro concepto importante dentro de la evolución de Peñón: formar públicos no significa únicamente conseguir que más personas asistan a un concierto, sino generar herramientas y espacios para comprender, descubrir y conversar sobre la cultura que existe detrás de la música.
Cultura, medio ambiente y compromiso social
A estas actividades se suman iniciativas que trasladan el festival fuera de los espacios estrictamente musicales. La colaboración con Amorseco incorpora acciones de sensibilización y participación medioambiental vinculadas a la limpieza y cuidado de lugares emblemáticos de Tenerife, conectando sostenibilidad con participación ciudadana y territorio. La colaboración con el Banco de Alimentos de Santa Cruz de Tenerife introduce, por su parte, una dimensión solidaria y de compromiso con el entorno social en el que se desarrolla el festival. Son acciones diferentes, pero responden a una misma idea: un festival puede utilizar su capacidad de comunicación y convocatoria para generar actividad y sensibilización más allá de su programación artística.
Ocho años construyendo los valores de un proyecto cultural
La manera de entender un festival cultural también ha evolucionado durante estos años. Hoy, la dimensión de un proyecto no puede medirse únicamente por la relevancia de sus cabezas de cartel, el tamaño de sus escenarios o su capacidad de convocatoria. Existen otros valores que ayudan a construir una identidad cultural propia y, sobre todo, a dejar una huella que permanezca más allá de los días de celebración.
Creación y promoción del talento canario, calidad y diversidad de la programación, convivencia entre artistas consolidados y nuevas propuestas, actividades culturales complementarias, diálogo entre disciplinas, formación y ampliación de públicos, igualdad, sostenibilidad, accesibilidad, relación con el territorio y continuidad forman parte de esa manera más amplia de entender la cultura.
Son, además, valores presentes en las políticas públicas que determinan qué proyectos culturales se consideran estratégicos para Canarias y cuáles contribuyen a fortalecer su ecosistema creativo. Y es precisamente ahí donde los ocho años de Peñón Fest adquieren una perspectiva diferente.
Muchos de estos elementos no han aparecido repentinamente ni responden a una única edición. Se han ido incorporando, desarrollando y consolidando desde 2018 hasta formar parte de la identidad del festival. Algunos estaban presentes desde el primer cartel, como la apuesta por la creación canaria. Otros fueron creciendo con el propio proyecto: cine y documental musical, coloquios, literatura, igualdad, sostenibilidad, accesibilidad, formación artística o acciones vinculadas al territorio y a la participación social.
No se trata de sumar actividades alrededor de un escenario. Se trata de construir una programación alrededor de una idea de festival. Y esa diferencia adquiere especial relevancia cuando las instituciones públicas diseñan sus políticas de apoyo a la cultura. Convocatorias como las impulsadas por el Instituto Canario de Desarrollo Cultural sitúan precisamente entre sus criterios cuestiones como el valor e interés cultural, la creación canaria, la calidad de la programación, las actividades complementarias, la transversalidad, el desarrollo de públicos, la igualdad, la sostenibilidad, la accesibilidad o la trayectoria.
Que esos valores tengan un peso creciente en las políticas culturales supone también reconocer una determinada manera de entender los grandes festivales: no únicamente como acontecimientos capaces de reunir a miles de personas durante unas horas, sino como proyectos capaces de generar cultura, oportunidades para los creadores, nuevos públicos y relación con la sociedad durante años. Después de ocho ediciones, esa trayectoria permite mirar Tenerife Peñón Fest desde una dimensión que trasciende sus carteles y que es un proyecto cultural que aporta identidad, continuidad, creación, públicos y territorio.
Del pop-rock al indie y la música alternativa
La evolución musical de Peñón también forma parte de su identidad. Nacido con una marcada raíz pop-rock, el festival ha ido evolucionando hacia un espacio cada vez más conectado con el indie, el pop-rock y la música alternativa, combinando artistas de amplia trayectoria con algunas de las propuestas que están definiendo las nuevas generaciones de la escena nacional.
La edición de 2026 representa especialmente bien ese recorrido. Loquillo y Pignoise compartirán programación con Amaia, La La Love You, Carlos Sadness, Maika Makovski, Biznaga, Melifluo, San Tosielo y Postcode. Esa convivencia permite a Peñón Fest construir una personalidad diferenciada dentro del calendario musical de Canarias: un festival alternativo donde pueden encontrarse distintas generaciones y sensibilidades musicales y donde las bandas emergentes no aparecen desconectadas de los artistas consolidados, sino formando parte de un mismo relato artístico.

