Situados en lo alto de la cadena alimentaria, los tiburones suponen un indicador clave del estado del ecosistema marino. Su presencia o ausencia, pero también lo que acumulan en su organismo, ofrecen pistas sobre las alteraciones que afectan al océano. En este sentido, los resultados obtenidos por investigadores de la Universidad de Las Palmas presentan una realidad preocupante, al revelar que el 92% de los tiburones estudiados contenía microplásticos en sus estómagos. De los 25 ejemplares de galludos (Squalus megalops) estudiados, 23 estaban contaminados. En total, se extrajeron 198 partículas de microplásticos, lo que equivale a una media de 7,92 partículas por individuo.
“Una de las principales fuentes de entrada podría ser la gran cantidad de vertidos de aguas residuales”, apunta Verónica González, autora del estudio Ingestión de microplásticos en Squalus megalops en las Islas Canarias. Los análisis realizados en el laboratorio descubrieron que las partículas recuperadas de los estómagos de los tiburones correspondían a celulosa modificada (21,7%) y rayón (13,5%), sustancias típicas de las fibras textiles de origen antropogénico presentes, concretamente, en la ropa.
Según explica la investigadora, “las prendas sintéticas, procedentes de materiales plásticos como, por ejemplo, los forros polares, pueden liberar en el lavado miles de fibras”. Estos compuestos viajan por el desagüe y, ante la falta de un sistema de depuración adecuado, acaban vertidos al mar. A esta vía se suman otras fuentes, como los restos procedentes de la actividad pesquera, mientras que la dinámica de las corrientes marinas contribuye a transportar y concentrar estos residuos en torno al Archipiélago. Los estudios apuntan, además, a la llegada de materiales transportados por la corriente desde zonas tan alejadas como las costas de Estados Unidos y Canadá.
La especie, comúnmente llamada pinchudo en Canarias, es habitual en las Islas y, en el caso de esta investigación, fue analizada a través de ejemplares pescados accidentalmente. Habitando los fondos marinos a una profundidad de entre 30 y 750 metros, los hallazgos en su estómago reflejan cómo la contaminación está llegando hasta las zonas más profundas de nuestro océano. “Se han encontrado microplásticos en la columna de agua hasta los 1.150 metros”, señala. Estos depredadores ingieren las partículas de forma directa “al confundirlas con otras presas o, simplemente, al no verlas mientras se alimentan”, así como de forma indirecta, al alimentarse de otros animales contaminados, como crustáceos o peces óseos.
Un peligro para todo el entorno oceánico
La contaminación es ya, desgraciadamente, una realidad de nuestras aguas. “Hemos hecho estudios en bastantes organismos y en todos hemos encontrado microplásticos”, comparte Alicia Herrera, también autora del artículo científico. Ante esto, pese a los contundentes datos aportados, “ya no nos sorprende”. Por ejemplo, en las tortugas, “el 100% de las que ingresan en los centros de recuperación tiene plástico en el estómago”, en este caso, incluso de mayor tamaño.
Además, el problema no afecta solo a las especies acuáticas. “En una investigación que hicimos con las pardelas, con ejemplares que llegaban muertos al centro de recuperación de fauna, lo que tenían en el estómago, en la gran mayoría de los casos, eran restos de redes de pesca”. Precisamente, la actividad pesquera es otro de los factores que, según exponen, podría estar en el origen de la contaminación de los tiburones, al encontrar nailon y poliéster, compuestos plásticos habituales en las redes y otros aparejos marinos.
Pese a tratarse el pinchudo de una especie consumida por los humanos, Herrera recuerda que “no comemos las vísceras del pescado, que es donde estamos encontrando estas partículas”. Sin embargo, los microplásticos pueden adsorber y acumular diferentes sustancias químicas, funcionando “como una especie de vehículo que transporta estas sustancias”, como retardantes de llama, pesticidas o metales pesados: compuestos tóxicos que pueden desprenderse y transferirse directamente a sus tejidos.
“Tenemos otro estudio en el que encontramos alrededor de 80 tipos de contaminantes químicos asociados a microplásticos que llegan a las playas”, apunta. Además, ambas expertas insisten en la importancia de subrayar que, “tratándose de depredadores que están en la parte alta de la cadena trófica”, si estos animales están expuestos a microplásticos y a otros contaminantes asociados, “es una señal de que el problema está llegando a diferentes niveles del ecosistema”.
Bajo amenaza y desprotegidos
La evidencia científica advierte de que la ingesta de plásticos puede tener efectos nocivos en estos organismos marinos. Una presión ambiental que se suma a la sobrepesca y a su explotación comercial y que aumenta la incertidumbre sobre su supervivencia a largo plazo. El panorama es alarmante: el 60% de las 78 especies de tiburones y rayas presentes en Canarias están clasificadas como amenazadas y, pese a ello, solo seis figuran en los listados de especies protegidas de Canarias. Estos datos suponen un claro peligro para el medio marino, al tratarse de grandes depredadores y reguladores del equilibrio del resto de especies.
Las investigadoras reclaman actuar sobre las principales fuentes de contaminación, como reducir los plásticos de un solo uso, y ponen el foco especialmente en el saneamiento. “Es difícil encontrar aquí, en las Islas Canarias, un punto de la costa donde no haya un vertido”, apuntan, por lo que “es urgente mejorar el tratamiento de las aguas residuales”. Además, recuerdan que, debido a las corrientes, se necesita una respuesta firme a nivel global para frenar un problema que no afecta solo a una especie animal, sino a todo el ecosistema marino.

