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“¿105 euros por llenar el tanque? Muchacho, ¿ese surtidor está bien?”

Varios automovilistas tinerfeños explican a DIARIO DE AVISOS cómo les afecta y de qué forma se las ingenian para amortiguar los precios disparados de los carburantes, que han subido el 35% en las Islas en el último año
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Un coche repostando. DA

Juanjo Álvarez reside en Arico y de lunes a viernes recorre cada día con su furgón más de 80 kilómetros para ir y venir a su puesto de trabajo en Santa Cruz, una cantidad que estira hasta el centenar de kilómetros, como mínimo, por otros compromisos personales. “Antes llenaba el tanque y me daba para 7 u 8 días, pero ahora ya no me llega a una semana”, lamenta. Recuerda cómo “hasta hace poco” pagaba “sesenta y pico euros” por llenar el tanque de gasoil, el carburante más costoso, y ahora, cuando reposta con la aguja marcando la reserva, no baja de los 100 euros. “Hace un par de días me cobraron 105. Muchacho, ¿ese surtidor está bien?, le dije al chico de la gasolinera”.

Su caso es el de miles de automovilistas en Tenerife y millones en España. El encarecimiento de los combustibles en el último año alcanza el 35% en Canarias, el mayor incremento de todo el país, donde, de media, el coste ha subido el 27%. “Ahora, con 50 euros, apenas me da para medio tanque y si le pongo 20 la aguja casi ni se mueve”, explica Juanjo, que se plantea, de seguir la escalada, recurrir a la guagua, “al menos un par de veces por semana”. Además, la falta de aparcamiento en la capital tinerfeña tampoco ayuda. “Trabajo en el mismo centro y he llegado a aparcar en Valleseco”. Hasta que descubrió una fórmula para proteger el bolsillo y aplacar los nervios: aparcar en el Palmetum y llegar al trabajo en patinete.

Melanie García vive en Icod el Alto (Los Realejos) y se las ve y se las desea para cuadrar sus cuentas. “Tengo que coger el coche para todo”, aclara, aunque lo que peor lleva es el desplazamiento diario al centro de Santa Cruz para trabajar. La carestía del gasoil le impide utilizar su vehículo. “Antes llenaba el depósito por menos de 40 euros y ahora con 20 solo me da para un cuarto”, subraya. Cada mañana se desplaza hasta la zona de la estación de guaguas de La Orotava, donde aparca su coche y usa el transporte público. “El viaje se hace un poco largo porque la guagua hace una parada en la estación de La Laguna, pero no me queda otra si quiero ahorrar algo para mi futuro”, comenta esta joven norteña que vive con sus padres y que añora los tiempos en los que el gasoil costaba menos que la gasolina.

Melanie también advierte sobre la falta de estacionamientos en Santa Cruz: “Esa es otra: si pudiera ir todos los días en mi coche, no encontraría aparcamiento; estaría dando vueltas y vueltas gastando más gasoil. Es que es imposible ir al trabajo en tu coche y dejarlo más o menos cerca, como antes, y eso afecta de lleno a la calidad de vida”.

María Pérez también está obligada a hacer malabarismos para llegar a fin de mes. Sale a las 7 de la mañana de Las Caletillas para fichar a las 8 en su puesto de trabajo en La Orotava. Desde que accede a la autopista pone la quinta marcha y activa el botón de velocidad fija a los 90 kilómetros por hora para ahorrar gasolina. Sus esperanzas pasan por teletrabajar “uno o dos días a la semana”. Está a la espera de que su empresa lo acepte. Mientras, se las ingenia como puede: “Recorto de aquí y de allá, el coche no lo muevo los fines de semana y cruzo los dedos para que no tenga una avería, aunque ya tiene sus años”.

Carmen González da clases en un colegio del municipio de Arona, a unos 80 kilómetros de La Laguna, su ciudad de residencia. Su fórmula para estirar sus ingresos y amortiguar el impacto del “subidón” de la gasolina pasa por el coche compartido. “Quedamos varios compañeros que vivimos en el área metropolitana y llevamos los coches hasta la zona del cementerio de Santa Lastenia, allí los aparcamos y vamos en uno, y cada semana vamos rotando”, señala. Recuerda que “no solo es el gasto de gasolina, también nos exponemos a un accidente, porque estamos todos los días en la autopista”. Una realidad que vincula la crisis de la vivienda: “Los alquileres están imposibles en el Sur, pero de eso hablamos otro día, porque la cosa tiene tela”.

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