por qué no me callo

29-N: el ‘élan vital’

Feijóo reaccionó con titubeos, remiso ante el anuncio electoral de Sánchez, y, como siempre, se le adelantó Ayuso y habló, en una intervención paranoica, de “elecciones a vida o muerte”, “comunismo o libertad” y “pucherazo”. El gallego, con un punto y medio menos en las encuestas que en 2023, sufrió un lapsus linguae; al comparecer, soltó sin venir a cuento: “Si la gente no me quiere votar, que no me vote”.


Sánchez convoca elecciones anticipadas para el 29 de noviembre y la noticia tiene un recorrido que se inició el 29 de julio, cuando El País destapó que Ayuso, su Gobierno, había comprado en secreto un ático de lujo por 6,3 millones de euros. El 23 de septiembre fue desahuciada Maricarmen Abascal, una vecina de 87 años del barrio de Retiro, con discapacidad, que había pagado durante siete décadas sus mensualidades, pero los nuevos caseros la querían echar. Y el viernes 2 de octubre, el Congreso, con los votos de la derecha y ultraderecha, rechazó dos decretos del Gobierno contra los desahucios y los exorbitados alquileres.


Lo que empezó con el aticazo de Ayuso y terminó con el desalojo de una anciana con recursos limitados dibujaba dos Españas, la de la alta alcurnia y la del pueblo llano. Y la primera, de derechas, tumbó en el Congreso los decretos de la izquierda en favor de la mayoría social. Quizá consciente de su rol en esta crisis, de que “todavía no está ganado” y ella sería responsable de un voto de castigo a su partido, una Ayuso apocalíptica perdió ayer los papeles y los nervios, queriendo ver una España de apagones, expropiaciones, hambruna y jueces asesinados, y pidió que “ni se les ocurra votar por correo” (sic). La última vez que en España se votó en caliente, tras un fuerte impacto social, fue en 2004, tres días después de los atentados del 11-M.


En tan solo una semana, la vivienda se ha adueñado de la realidad. Era una cuestión explosiva, pero permanecía latente, como una bomba de relojería. Y la propia Ayuso decía de su ático, “chao, pescao”. Pero “todo el pescado no estaba vendido”. Las elecciones no se dilucidarán en Ceuta, pese a la avalancha humana del 30 y el 31 de julio, el mes maldito del PP (cuando afloró el ático). Maricarmen ha podido con toda la inercia del anatema migratorio que moviliza a la derecha europea y que se resumía, tan a gusto para Trump, en Ceuta: “Si no nos votan, nos pasará lo mismo, nos invadirán”. Maricarmen puso sobre la mesa el verdadero drama social: la vivienda. Y el 29 de noviembre no se votará contra la inmigración, sino contra los fondos buitre.


Con acampada y huelga general, España va a ser el ariete de Europa. La primera en celebrar elecciones de la ronda terrible de 2027, antes que Francia, Alemania, Italia, Polonia, Finlandia, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia o Letonia. Como en Brasil, donde Lula y Bolsonaro marcarán en la segunda vuelta, el 25 de este mes, un rumbo histórico para América, lo que resulte de este plebiscito español en las urnas sobre la vivienda, antes que sobre la inmigración, que era el monotema estelar, marcará, sin duda, en Europa el cariz electoral de un año decisivo.


Resulta inevitable advertir que, en España, Italia y Alemania, se juega en esa ruleta la involución del continente. Feijóo, que piensa gobernar con Abascal (ya elige ministros y el otro le pone condiciones), lo ve al revés: su misión será deconstruir la “dictadura sanchista”, como “España tuvo que afrontar hace cincuenta años”, con la muerte de Franco. Literal.
En sus buenos días a los españoles con el pregón electoral, Sánchez reivindicó el papel de este país como “referente mundial de la paz” y los derechos humanos. Y ayer animó a sus ministros con el “salimos a ganar”. Tras disentir con Europa en política migratoria, ahora plantea, como en Berlín y Nueva York, un cambio de guion con la vivienda frente a los flujos de extranjeros. Si Netanyahu (el próximo 27) y Trump (el 3 de noviembre) pierden las elecciones, ¿qué gallo nos cantaría en el mundo?


El Consejo de Ministros aprueba hoy los decretos que el Congreso negó con los votos conservadores, y que, una vez disueltas las Cortes, serán convalidados en la diputación permanente, donde el Gobierno cuenta con mayoría. Me pregunto si otras medidas de calado social seguirán los mismos pasos en estos 50 días, y el período parlamentario de escaños vacíos será, así, el más fructífero.


Hay una irónica simetría política. La legislatura comenzó con el protagonismo de Junts por la ley de amnistía y termina con Junts abortando los decretos de vivienda. Y hay cierta burla también del destino en el hecho de que hoy el Constitucional dé luz verde indirecta a Puigdemont, pase desapercibido, y su regreso pueda bordear la nadería. En la industria de la izquierda laboran un frente amplio, a sabiendas de que son el talón de Aquiles.


Maricarmen es el cisne negro para la derecha, que no la vio venir. Para la izquierda es la carta bajo la manga, un rinoceronte gris, porque la estaban esperando. Y es la espoleta del élan vital, un impulso interior que nos reactiva como una fuerza oculta. Ese motor filosófico, por lo visto, motiva a la izquierda española, que estaba con la moral por los suelos.

TE PUEDE INTERESAR