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Agatha

Me han llamado de un periódico de Madrid para que colabore en un relato, o no sé qué, de la estancia de Agatha Christie en Tenerife. No sé mucho de eso, sólo lo que me contó mi fallecido amigo John Lukas, en cuyo Sitio Litre, entonces propiedad de la familia Abercrombie, estuvo la escritora británica. Viajó a Tenerife porque había trincado a su marido en un renuncio. Para desahogarse. Los canariones dicen que también estuvo en Gran Canaria -faltaría menos-, en el hotel Santa Brígida, si no recuerdo mal. Agatha se hospedó en el hotel Taoro, que era donde habitualmente pernoctaban los famosos que llegaban a la isla en la época. Los británicos recién llegados eran atendidos y aconsejados por el coronel Whetered, un veterano puede que de la guerra de los Boers, o quizá de los años previos a la independencia de la India, que eso no lo tengo muy claro. Era el clásico tipo muy blanco, con bigotes mucho más blancos y amigo del pastor de la iglesia anglicana del Taoro. El coronel vivía con su familia en su casa de El Robado. Esa historia de la colonia británica del Taoro no se ha contado bien, aunque sí ha habido intentos. Pero los ingleses, muchos de los cuales vinieron a curarse de la malaria antes de regresar a Inglaterra, eran tremendamente discretos. Hubo algunos pintorescos. Mister Parker caminaba tambaleante, aquejado de un párkinson galopante, y llevaba siempre una maletita de cuero en la mano, pero vacía. La inglesa de El Ratiño conducía un enorme coche con matrícula británica y la pelirroja Miss Margaret una rubia Austin, con la carrocería de madera. Muy bonita. Hablo de memoria, así que puedo cometer errores. El Puerto siempre ha estado lleno de ingleses, que no molestaban en absoluto, con sus carreras de sortijas y su té en los jardines del hoy remozado hotel. Agatha Christie se encontraría como en casa. Eso diré.

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