Ángel Amaro Martín Marcos es natural de Buenavista del Norte y reside en el barrio de El Palmar, donde tiene una de sus fincas. Siempre ha estado ligado al campo y por eso decidió ser agricultor, pese a que también trabajó en la construcción, la hostelería y el mantenimiento de zonas verdes en las autopistas de Gran Canaria.
Sin embargo, el trabajo en el campo es lo que realmente lo hace feliz, así que se preparó y estudió para convertirlo en su única fuente de ingresos. Técnico en Producciones Agroecológicas, hace diez años empezó como profesional dándose de alta, fundando su propia empresa y apostándolo todo a un cultivo autóctono de la zona, el higo pico.
Con 38 años recién cumplidos y dos niños pequeños, Amaro, como lo conocen, empezó “divagando” con diferentes cultivos. Con el tiempo comprobó que tener gran variedad en pequeñas cantidades no le era rentable, así que se enfocó en cuatro productos clave durante todo el año con una producción importante.
En sus fincas siembra bubangos, papas y calabazas que vende a ecocomedores de Tenerife, El Hierro y La Gomera. Sin embargo, su fuerte es el higo pico, un cultivo tradicional de la zona con una variedad, la ariquera, que resulta clave. Debido al microclima de El Palmar, permite tener fruta hasta diez meses al año, de junio a abril, gracias a sus siete u ocho floraciones.
Conocido también como higo chumbo o tuno, es una fruta originaria de América que llegó a Canarias en el siglo XVI. Aunque su consumo ha disminuido en las últimas décadas, durante años sirvió para saciar el hambre de muchos isleños en épocas de escasez y alimentó a numerosas familias del Archipiélago, al ser rico en fibra, vitaminas y antioxidantes.
“Es una ventaja comercial tener un cultivo fuera de fecha porque los precios son distintos, no hay tanta competencia en el mercado y, además, el higo ofrece propiedades en todas las estaciones. En verano es más pequeño pero más dulce, mientras que en invierno tiene más agua y su sabor cambia”, explica.
Todo ello lo llevó a apostar por esta fruta. “Me enfoqué en el higo pico al ver que podía conseguir bastante mercado y representar mi mayor fuente de ingresos, así que fui sembrando”, cuenta.
Hace un año creó su marca, Higos Picos del Atlántico, para distinguirse del resto de productores -aunque en la zona es el único- y seguir creciendo.
Vende a mayoristas en Mercatenerife y Gran Canaria. Descartó un cliente de la Península porque le pedía volúmenes que no podía cubrir, y por eso sus planes de futuro pasan por arrendar más fincas para llegar a vender en Alemania.
Al ser un cultivo de secano que depende exclusivamente de la lluvia y la humedad acumulada en el suelo, no puede calcular cuántas toneladas produce al año. En su mejor año alcanzó las 15, pero en otros el rendimiento bajó a 5 debido a las lluvias y el frío. “A diferencia de otras especies, el higo pico necesita calor, el agua hace crecer las palas pero da pocos frutos”, precisa.
La campaña se extiende desde julio hasta abril, con un pico de maduración entre septiembre y octubre en el que, en un corte de fin de semana, puede recoger entre 3.000 y 6.000 kilos. En diciembre y enero se siguen obteniendo higos en menor cantidad, entre 300 y 500 kilos, “pero se pagan mejor”.
La utilidad del higo pico es variada y por eso trabaja con dos tipos de clientes: uno para consumo fresco y otro para procesados, ya que también se utiliza para fabricar mermeladas, helados, zumos y batidos.
No obstante, no todo es sencillo. La plaga de la cochinilla mexicana, que en el año 2010 entró en La Palma y el año pasado llegó a El Palmar, está causando un grave daño a este cultivo. “En otras islas casi no quedan higos picos. En el Sur de Tenerife había bastantes producciones que han desaparecido, y en el Norte se las ha comido casi todas. Solo quedan algunas fincas en Icod de los Vinos y El Tanque, pero llevan la misma suerte”, sostiene Amaro.
El joven agricultor explica que esta variedad de cochinilla es mucho más voraz. La hembra se reproduce cada 20 minutos, engendrando en una hora multitud de ninfas y además, cuenta con numerosos machos. Lo único que puede hacer para controlarla son lavados con jabón potásico que fabrica él mismo, pero a los quince días la plaga reaparece.
Trabaja solo y en época de zafra dedica entre 10 y 12 horas a recoger higos. Su experiencia le ha permitido llegar hasta los 300 en apenas una hora.
Su objetivo es ofrecer un producto listo que el mayorista no tenga que manipular: vistoso, bien presentado en su caja, con etiqueta y registro sanitario. Solo le falta adquirir la barredora, “pero estoy a punto de conseguirla”, afirma con certeza.
También ha investigado la versatilidad de esta planta. Colabora con el Instituto Canario de Investigaciones Agraria (ICIA) y también trabaja con una agricultora mexicana en un proyecto para aprovechar todo el cultivo -no solo el fruto- y vender el nopal para consumo, al ser un ingrediente fundamental de la cocina de este país.
Ella lo ha asesorado sobre el punto exacto de recolección, que debe realizarse entre los 35 y 60 días de brotar, para consumirse en ensaladas o salteados.
Para ponerlo en marcha, Ángel Amaro solo necesita que el ICIA confirme que posee la calidad organoléptica adecuada para el consumidor. Si es así, tiene claro que comenzará a vender el próximo año aprovechando la oferta de restaurantes mexicanos que hay en Tenerife, convencido que su futuro seguirá estando entre tuneras.
Protección y herramientas adecuadas para evitar los pinchos
Para recoger los higos pico se protege con una camisa de mangas largas, guantes de goma y gafas y utiliza una tarasca, una tijera de madera de grandes dimensiones que sirve para evitar los pinchos, que se clavan fácilmente en la piel con apenas tocarlos.

