Bendita el agua que los tiempos han derramado sobre Madrid, con efectos disipadores (y riesgos de pulmonías, lo cual sería un desastre) en la Puerta del Sol. Quod natura non dat, Salmantica non presta. (Lo que la Naturaleza no da, Salamanca no presta). No se resuelve el país con una acampada, la acampada siempre es nociva para la salud, por mucha bañadera de achique que reúna el personal. Es mejor un pacto de Estado por la vivienda, más sensato, que una acampada, que se va haciendo muy incómoda y húmeda, en las plazas. Reclamo sentido común. España es, en sí, una enorme demagogia, pero España debería ser un país para inteligentes y no para beligerantes. De ahí que yo acuda a la cita de Salamanca, que está escrita sobre piedra en dos o tres lugares de aquella universidad, si la memoria no me traiciona. Un país lo hacen las personas inteligentes, no las que alimentan el odio y la confrontación. Y no hay más que verlos. Bendita el agua que propicia la ducha y la huida y trae la cordura a un país caótico y erosionado por el odio. ¿Culpables? Ustedes lo saben, pero yo no señalo; y hago bien, porque los señalamientos directos también pueden erosionar la convivencia. O sea, que me mantengo en una discretísima atalaya de observación. Cuando la guerra civil, el Sindicato de Inquilinos (hoy de inquilinas) tuvo una participación inicial potente, al menos en Canarias. Lo estudié para mi tesis doctoral. Todo se fue enredando cuando se organizó el Frente Popular, que acabó como acabó. No demos lugar a algo parecido, casi imposible en estos tiempos al menos en Europa. Siéntense a hablar, señores, que hay soluciones. Yo tengo una: construir muchas viviendas sociales, en vez de robar, hablar tanto y tan neciamente y dar dinero a otros países de dudosa reputación. Y no dejar entrar a tanta gente, coño.

