Addoor Sticky
superconfidencial

Chocho

La chochez me ha dado por olvidarme de lo esencial y normalmente no sé si me he tomado las pastillas o lo hice el día anterior, ya que a veces empato la noche con el día, sin pegar ojo. Tampoco sé en qué va a acabar esto, pero mis hábitos diarios están disparatados, con lo que concluyo –todavía soy capaz de concluir— que voy camino de ser un viejo chocho. Don Benito Pérez Galdós, que amó a doña Emilia Pardo Bazán, se encontró con la escritora, ya rota la relación, en las escalinatas del Ateneo de Madrid, si no me falla la memoria. Al cruzarse, ella le tiró con bala: “Adiós, viejo chocho”. Y don Benito, que tenía muy mala leche, le lanzó un obús a la condesa: “Adiós, chocho viejo”. Luego enmudecieron y cada uno siguió su camino. Esto lo cuentan testigos presenciales porque en ese tiempo, sistema Pegasus no había, que se sepa, y se recurría a la tradición oral. Pues a mí la memoria empieza a fallarme: me dejo la nevera abierta, la llave del grifo no la cierro, la comida de la perra a merced de las hormigas que viven conmigo y así sucesivamente. Pero me dice el médico que esto no es de viejo sino de despistado y quizá tenga razón porque mi sobrino Sergio, que tiene cuarenta y pico, se olvida de todo y no deja nada en su sitio. Una vez fue, en coche, a correr un maratón en Roma, salió de Fiumicino y acabó en Pisa. Cuando vio la torre fue corriendo a sujetarla, creyendo que lo que se había inclinado era el Panteón. Cada vez que abre mi nevera para robarme el agua mineral me rompe dos o tres imanes de los muchos que tengo adheridos al frigorífico. Y así. O sea, que vigilaré mis despistes, por si acaso fueran de familia.

TE PUEDE INTERESAR