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David Baute, director de cine: “Veo muy egoísta que a millones que lo perdieron todo por nuestra culpa no los queramos en el Norte”

El director canario quiere “desacelerar” tras casi 30 años de trabajo y centrarse en películas locales, su familia y las historias de su entorno
David Baute, director de cine

David Baute, director de cine

Se trata de uno de los directores de cine más consagrados del panorama canario tras tres decenios intensos. Tan intensos, que ha concluido que necesita “desacelerar”, centrarse en personas cercanas para sus historias y tener más tiempo para su gente, leer y pensar. David Baute nunca ha disimulado su querencia por sus Islas y, sobre todo, su Garachico, pero tampoco ha escondido su visión crítica y progresista, su humanismo y apuesta precisamente por desacelerar en otros ámbitos, como el turismo. He aquí destellos de todo en una charla previa a que la vivienda cambiara el guion político.

-Le acaba de homenajear el Centro Icodense, ¿le van más estos tributos que los premios?
“No soy mucho de homenajes y premios, me gustan más los procesos de trabajo y producción de cine, que es donde disfruto. Pero, ya que tienen que llegar, sobre todo para reconocer historias que hace falta contar y conocer, cualquiera es bueno. Es verdad que siempre he estado vinculado a la sociedad en general, desde mi pueblo, mi isla y Canarias. Si son reconocimientos que me hace la ciudadanía, me siento súper orgulloso porque he crecido y formado aquí, mi cine tiene mucho que ver con lo que vivo aquí y los premios y festivales que nos seleccionan nos interesan mucho, al situar bien nuestras películas y a la productora, pudiendo llegar más lejos”.

-¿El David Baute de pequeño que quiso ser director se veía así con 52, con este bagaje y tributos, incluso en su tierra?
“No, aparte de que, de pequeño, me gustaba y estaba más vinculado a la agricultura y el campo, pero nos dejaron en Reyes a mis hermanos y a mí una cámara VHS de la que me apropié y con la que empecé a filmar todo lo que sucedía a mi alrededor: en mi casa, en la calle de El Volcán con los vecinos, las fiestas del pueblo… Como que me fue gustando lo de escuchar y ver, observar y filmar… Me ilusionaba grabar cosas de la cotidianidad: las fiestas, personas que me llamaban la atención por una cosa u otra… Me comenzó el gusanillo de generar un cine de realidad, de no ficción, desde una óptica de observación y es lo que sigo haciendo 40 años después”.

-¿Hubo algún momento en el que dijo: me dedico a esto?
“Sí, porque, cuando terminé COU, no tenía muy claro qué podía hacer y sucedió una cosa mágica que, a veces, pasan en la vida. Intenté estudiar Imagen y Sonido en Madrid (1992) y al final me fui al Instituto Oficial de RTVE, donde solo entraban 25 personas, lógicamente gente más acreditada que yo, pues no tenía estudios de esto, pero la casualidad fue que, cuando ya me volvía a Canarias para ser agrónomo, me dijeron que no me podían atender, que solo estaba el director y la sorpresa fue que, al entrar en el despacho, porque sí quiso verme, algo poco habitual, me senté, me preguntó de dónde era, le dije que de Garachico y me dice que era de Icod. A partir de ahí cambió mi vida, pues acabé entrando, terminé los estudios e hice cine”.

-¿Qué ha querido hacer y no ha podido aún, pero lo necesita?
“Había dos cosas que necesitaba para, de alguna manera, devolverle a la gente, mi familia, mis vecinos… lo que había aprendido gracias a todos, y eso lo pude hacer con un proyecto de gestión cultural llamado Área Garachico durante tres años, un espacio de formación artística para niños. Siento realizada esa parte, al devolver ese conocimiento, que sigue con festivales como Ficmec o Cuadernos Escénicos, que arrancamos. Además, tenía en mente darle oportunidades a nuevos cineastas canarios o del Caribe y Latinoamérica ya que, al igual que yo tuve esa suerte aquel día, quería dársela a otros para que encuentren su camino. Y empecé hace tres años como productor de los que quieren hacer su primera película, historias que nos conectan de alguna forma”.

-Pero, ¿le queda algún documental o película que ha de hacer sí o sí, que tiene clavada?
“Sí tengo varias, aunque ahora estoy acercándome de nuevo a las personas que me rodean, a las que me he vinculado toda mi vida y la última película (Benigno), que presentaremos en el Festival de Valladolid a finales de este octubre (ya se exhibió en Shangai y se llevará al TEA el 27, 28 y 29 de este mes), habla de eso, de mi pasado, de la convivencia en comunidad, las personas que han vivido siempre en tu casa, tus padres, tus abuelos, tus bisabuelos… eso que se está perdiendo. Hay historias muy cercanas que me apetece contar y me gustaría dedicarme en los próximos años a películas más locales, historias que contemos juntos, no que yo les imponga un guion. No sé si lo conseguiré porque es siempre complicado financiar estos proyectos porque no son nada comerciales ni tendrán muchas televisiones detrás, pero hacia ahí quiero dirigirme. Ya empecé con Rosario Miranda y quiero eso: películas más reflexivas sobre personas cercanas. Además, quiero hacer menos cosas porque llevo una vida con muchos proyectos culturales, cine, festivales… Casi 30 años con los días, noches, fines de semana, festivos, vacaciones… siempre muy metido y ahora necesito desacelerar y dedicarme más a mis películas y a tener tiempo para leer, pensar y disfrutarlo con mis hijos. Estoy ya en el recorrido inverso”.

-Su obra más célebre (Mariposas negras) habla de migración: ¿qué piensa de lo que ocurre en el mundo, cómo lo vive?
“Bueno, es complejísimo todo porque las causas de la migración las generamos nosotros, los del hemisferio Norte, mientras que los del Sur suelen migrar porque no les queda otra. En mi película hablo del problema que hemos creado con las migraciones climáticas y veo muy egoísta que a millones de personas que lo perdieron todo por nuestra culpa no las queramos en nuestros países. Están intentando buscarse la vida, nadie se lanza al mar en una patera para ver si toca isla en El Hierro o si la barcaza se va para el otro lado y muere. Nadie se arriesga por eso, la gente está muy desesperada y hemos generado muchos problemas, por lo que lo mínimo sería tratar de ayudarles. La situación en Europa y el mundo es muy preocupante, con partidos racistas y xenófobos, y debemos tener mucho cuidado porque hemos tardado muchos años en construir el sistema de bienestar, con libertades de todo tipo, como las sexuales, pero ahora llegan estas políticas para generar odio continuo. Es algo a repudiar y confío en la humanidad para que saque lo que lleva dentro. Debemos comprendernos entre todos y buscar que éste sea un mundo mucho más habitable”.

-¿No hemos aprendido nada? En Suiza, al menos, la ultraderecha perdió once escaños, pero ahí están sus resultados en Alemania: ¿la historia se repite?
“Sí, hay un desconocimiento general y, como ahora el mundo de la comunicación es tan abierto, pues se generan bulos continuamente y se habla de una manera no correcta sobre lo que pasa. Esto hace que mucha gente apoye a estos partidos fascistas, pero es muy peligroso. Entre todos, deberíamos trabajar esto con niños y jóvenes, con valores no solo en los colegios, pues parece que siempre tratamos de meter esa carga de responsabilidad a los profesores, sino en las casas, los colectivos, las calles, tu asociación… Tratar de recuperar valores que, en Canarias, tenemos como pueblo amigable que ha emigrado y que, ahora, le toca recibir migración. Unos valores que nos hagan sentir que debemos convivir y tratar de solucionar muchos problemas. Es verdad que el del cambio climático, por el punto en que está, ya no lo podemos solucionar, pues no hay retorno y habrá que convivir con él, pero sí podemos hacerlo de mejor manera y no aumentar más sus peligros”.

-Mbapé, Vinicius y Konaté fueron muy criticados por no mostrar una camiseta de apoyo a Ceuta para acordarse de todos, también de los 150 ahogados en busca de un mundo mejor: ¿hemos perdido humanidad?
“No he seguido mucho eso, pero lo de las banderas siempre me ha preocupado, lo de agarrarse a una y decir que eres más que el otro, cuando habría que cuestionarse muchísimas cosas, y más si vives en Canarias. Aquí no hemos hablado mucho de la colonización y todo el influjo que tuvo la conquista y los monocultivos que continúan siendo coloniales: los ingenios azucareros, las plataneras, el turismo… Formas de no hacer pensar al otro, sino imponer ideas y propuestas, procesos que deberían generar más debates… Me preocupa mucho cuando la gente se arma con una bandera y dice que es más que no sé quién y no, no eres más que nadie, a lo mejor hasta menos que yo porque las usas para intentar imponer tus ideas. Hay que dialogar y ver los problemas para tratar de solucionarlos entre todos, pero existen personas jugando a ser patriotas de la nada cuando deberíamos ser ciudadanos de un país en el que podamos convivir y respetarnos”.

-Está el fenómeno de las pulseritas de España, algunos hablando de la España vaciada, pero rechazando al migrante. Eso sí, a unos más que otros, porque el 2% solo procede de África, la mayoría son de Latinoamérica… Gente joven, que usa menos la sanidad, que tiene más hijos con la baja natalidad que hay… ¿Es tan difícil contrarrestar discursos simplistas que anteponen banderas a pensar?
“Sí, es muy difícil porque la comunicación hace hoy que cualquiera tenga un medio o que un famoso diga una barbaridad que no es luego contrarrestada por casi nadie. Es muy complicado luchar contra eso, aunque se puede hacer desde la cultura y formación, y de ahí que resulte tan importante trabajar con los niños dentro y fuera de los colegios. Respeto, lógicamente, cualquier religión y al que se sienta más de un país que de otro, entre otras cosas hay que convivir, pero no comparto tratar de imponer ideas agarrándose a eso. Más allá de tu pensamiento político está el de los demás, que es igual de respetable, pero lograr eso nos va a costar mucho porque cada vez trabajamos menos el diálogo y entendernos, y ya lo vemos en la política. Así va a ser imposible”.

-Habla de Canarias, pero, curiosamente, muchos de los que dicen que ‘ya no cabemos más’ aquí son los que apoyan seguir creciendo turísticamente, confundiendo desarrollo y crecimiento económico… ¿Una contradicción flagrante?
“Claro. Nuestro modelo turístico no tiene ningún. Estamos sobrepasados en todos los niveles. Los recursos hídricos escasean, ya sabemos qué pasa con el tráfico colapsado, los espacios naturales no soportan más gente y, en medio, la población no tiene casa donde vivir y le cuesta llegar a los centros sanitarios por el aumento poblacional… El turismo ha complicado cosas porque, en torno a él, hemos montado una burbuja, creciendo de una manera que no hemos calculado cuando las Islas son territorios limitados no para 400 o 2.000 migrantes, sino para 18 millones de turistas que recibimos al año. No miremos para los migrantes que no significan nada, ni el 1%, pero, claro, a ver quién para este tren porque se ve mal decrecer, cuando deberíamos verlo bien, como yo trato de desacelerar mi trabajo. El turismo debería empezar a decrecer urgentemente porque los residentes necesitan vivir en su comunidad, mientras que ahora, en nuestros pueblos, y me pasa en Garachico, ya me resulta difícil salir a la calle, pegarme un baño o aparcar porque la saturación es tanta que no podemos desarrollar una vida digna. Lo de la habitabilidad es un concepto muy importante para los que vivimos aquí”.

-Y, sin embargo, luego los vecinos de Masca protestan si se les corta la vía porque casi no llegan turistas… ¿Ya hemos muerto de éxito, y ahí están los vertidos, los cierres de playas…?
“El éxito nos pasó y nos arrolló, y ha ocurrido también en el cine. Claro que los vecinos de Masca necesitan vivir del turismo, pero de uno controlado y sostenible. Se debe generar las posibilidades para que esos lugares vivan dignamente. Se ha generado muchísima riqueza en el Sur, son millones los que vienen, pero eso debería compartirse con el resto de sitios, que son parte de lo que se vende al turismo. No puede ser que todo se lo queden las grandes cadenas y no revierta en una sociedad que es la que cuida este plató natural canario. A Masca, que es espectacular, debe llegar un turismo controlado y cuidar que los vecinos puedan vivir, pues son los que han mantenido ese entorno durante muchos años. Se debe revertir la situación y esa economía hacia ellos, pero, en vez de llegar 3.000 turistas al día, que lleguen 300 sin que por eso se vean afectados los residentes. Hay que buscar cuestiones compensatorias”.

Los problemas para productoras locales por el bum como plató

Baute cree que el “éxito turístico” por el que ya morimos se dé con el apogeo de Canarias como plató audiovisual. “Los incentivos fiscales han generado una gran producción. Se crea economía en hoteles y restaurantes al rodarse muchísimo, hasta 200 películas al año, pero las productoras locales ya no encuentran personal al no poder pagar lo que las grandes. Los permisos para rodar están colmatados por el ritmo… Debemos sentarnos todos y hablar de la balanza”. Y lo mismo con la IA, de la que no niega ventajas ni teme un apocalipses, pero de la que le preocupa el empleo que destruye y que se pierda la capacidad de crear. “Si es así, la humanidad ya no tiene sentido”.

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