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tribuna

El espectro sociológico según el CIS

Más que en la adjudicación de porcentajes y escaños a los distintos partidos, siempre me ha interesado comprobar cuál es el espectro sociológico que refleja las preferencias de los ciudadanos. Se mide por una escala de 1 a 10, donde el 1 representa a la extrema izquierda y el 10 a la extrema derecha. La curva ideal es una campana de Gauss donde las sociedades más centradas tienen una mayor altura en la posición del gráfico que se corresponde con el 5. Esto es lo habitual y lo saludable en un régimen democrático, independientemente del modelo de gobierno, república, monarquía parlamentaria o dictadura. Lo que no es creíble es que la separación entre el 1 y el 5 sea mínima (en la última encuesta del CIS representan el 18,9% y el 22% respectivamente) y esto, de ser cierto, lo que refleja no es una tendencia general hacia la izquierda, sino un desequilibrio alarmante en la composición global de la población, que debería tender a un equilibrio ideal. Como quiera que esta percepción del pensamiento de los ciudadanos no se corresponde con la realidad, no cabe otra conclusión que la de que la encuesta está mal hecha, se deba, como dicen muchos analistas, a que hay un rechazo de las posiciones más conservadoras a responder a las preguntas de los encuestadores, o a la existencia de una manipulación interesada con no se sabe bien qué objetivo. Una campana de Gauss cuyo centro se encuentre cercano a las posiciones 2 y 3 representa una deformación y, en lugar de ser celebrado con satisfacción por los que se ven beneficiados en ese resultado anómalo, debería ser motivo de alarma. Hace muchos años asistí a unas conferencias de Juan Linz, profesor en Harvard, y no creo que las cuestiones teóricas de la sociología política hayan cambiado tanto para que ya no sean válidas. Linz hablaba de las alteraciones drásticas en los resultados y de cuando el sobrepasar determinados porcentajes de unos comicios a otros significaba que se encendía una luz roja para el sistema. Este límite lo fijaba en un 5%, estableciendo además como garantía la posibilidad de alternancia, cuestión esta a la que llamaba exit o salida, siguiendo a Albert O. Hirschman en su obra Exit voice and loyalty, de 1970. La democracia deja de existir cuando deja de ofrecer factibilidad para esa salida. Las encuestas de Tezanos no hay que analizarlas desde el punto en que entusiasman a unos y ponen de los nervios a los otros, sino como la advertencia de que algo no está funcionando bien. Todo el mundo entiende que una sociedad está perdiendo su carácter de moderación, tan necesario para el equilibrio político, cuando entre uno de los extremos de la gráfica y la posición del centro, es decir entre el 1 y el 5, solo hay una diferencia del 3%. Entonces no entiendo la alegría triunfal de los que se ven engañosamente representados en ese esquema que nos ofrece un CIS donde parpadean las luces rojas. Sé que esto que intento explicar es difícil de entender. No se trata de una elección entre izquierdas y derechas: si las fluctuaciones estuvieran cercanas al 10 seguirían siendo igual de alarmantes. Cabalgamos sobre un caballo desbocado donde lo único que está en peligro es la democracia que todos dicen defender. Menos mal que hay datos suficientes en el interior del sondeo que corroboran que esto no es así.

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