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tribuna

FMI, el canario en la mina

En la reunión anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), que esta semana tienen lugar en Bangkok (Tailandia), cunde la preocupación por las consecuencias que pueden tener en la estabilidad financiera y el empleo el auge de la inteligencia artificial (IA) y el encarecimiento de la energía a causa de las guerras. La IA, según las autoridades del FMI, puede ser el motor principal para sostener el crecimiento y a la vez una seria amenaza para mantener los puestos de trabajo. Es una llamada de atención que se separa del amago de apocalipsis aventado hace unas semanas por algunos creadores de la IA, que aseguran haber puesto a correr sin control a los ingenios que ellos mismos han creado.

En los primeros días de las reuniones de Bangkok, las delegaciones de los 191 países representados han analizado la repercusión en el ámbito de la economía global de los acontecimientos que marcan la agenda internacional (IA, guerras…), sin que haya trascendido, al menos hasta ayer, miércoles, qué atención han prestado y cuál es su punto de vista sobre un asunto capital como la interacción entre las estructuras principales de la economía y la política. ¿Puede convivir un sistema financiero global sujeto a normas con el actual desorden político mundial basado en la imposición de la fuerza atropellando el derecho internacional? Los vencedores de la II GM pensaron que la paz no sería duradera sin estabilidad económica y por eso, aunque en procesos independientes, en 1944 y 1945 hicieron que nacieran coordinadas la organización financiera y la política, bajo una visión compartida y dividiendo las responsabilidades: la ONU se encargaría de la paz y la seguridad política y las organizaciones de Bretton Woods (la conferencia celebrada en la ciudad estadounidense de ese nombre donde se crearon el FMI y BM) gestionarían la estabilidad económica, con unas reglas de juego que impuso EE.UU.

Es difícil aventurar si ahora, más de 80 años después, aguantará el andamiaje financiero y del comercio internacional sin una paralela organización política basada en el respeto al derecho, que EE.UU. ha desbaratado para asegurarse la hegemonía global, barriendo del pensamiento y de la acción política estadounidense todo aquello que pueda ser un obstáculo o limitación (léase derechos humanos y democracia) para poder competir en pie de igualdad con China, que ejerce el poder sin miramientos ni límites. A Trump no les molestan todavía el FMI ni el BM, que son instituciones que puede controlar porque se gobiernan por cuotas (tanto pones tanto mandas) y EE.UU., con aproximadamente el 16% en cada una, es el único país que tiene poder efectivo de veto, lo que no ocurre en el Consejo de Seguridad de la ONU, en el que otros cuatro países (China, Rusia, Francia y Reino Unido) tienen el mismo poder, y no digamos en la Asamblea General de la ONU, donde cada país tiene un voto, y el de Mónaco, pongo por caso, vale lo mismo que el de EE.UU.

Trump puede manejar como una empresa las instituciones de Bretton Woods para que sean subsidiarias de su política general y utilizarlas, como ya hace hoy, para ejecutar sus programas dónde y cómo le interesa: recortar la ayuda al desarrollo, anular proyectos relacionados con el cambio climático y programas sociales y favorecer a sus países amigos. En el incierto mundo actual, el FMI y el BM son el canario en la mina. Mientras mantengan su actividad, digamos ordinaria, no hay alarma de que todo se vaya al garete. Y si aguantan, hasta podemos hacernos la ilusión de que, a pensar de los nuevos profetas del fascismo, pudiera no ser irreversible el caos y recomponer las estructuras mirando, como en 1945, a las instituciones de Bretton Woods.

Vuelvo a la amenaza de una IA ingobernable. Cuesta creer porque ningún bobo tira piedras contra su tejado y ellos no escaparían a los efectos de la hecatombe. Sin perjuicio de los riesgos de la IA, la profecía catastrófica parece, antes que otra cosa, un movimiento de actores interesados para colocar sus piezas en el tablero internacional, básicamente en la carrera que mantienen China y EE.UU. y en la que no quiere quedar descolgada la UE, que ayer, por cierto, celebró una Cumbre Internacional en Dublín (Irlanda) con el lema “aprovechar la IA para revolucionar la competitividad de Europa”.

Posdata. Mala noticia para los agoreros y profetas del apocalipsis: según el FMI, el PIB español crecerá este año un 2,5%.

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