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“Certámenes como Insularia permiten dirigirse a otro tipo de público”

Inuk Jørgensen, cineasta y director de la Escuela Nórdica de Suecia
"Certámenes como Insularia permiten dirigirse a otro tipo de público"

Inuk Jørgensen, director de 'Entropía'. DA

Inuk Jørgensen es un cineasta cuya obra, proyectada en más de 200 festivales internacionales, aborda el cambio climático y la mitología inuit. Es un firme defensor de la soberanía narrativa indígena frente a miradas colonialistas y ha sido galardonado por obras como Hedtoft y Entropía. Esta última ha sido seleccionada en la sección Isla Invitada de esta décima edición de Insularia. Ocupa la dirección de la Escuela Nórdica de Cine (Nordiska Filmskolan) en Suecia y forma parte del comité directivo de ARTEF, así como de la Academia de Cine Europeo (EFA). Además, impulsa la creación del futuro instituto de cine groenlandés desde la junta directiva de Film.GL.

–En ‘Entropía’ recurres a la mitología inuit para abordar la crisis climática. ¿De qué manera el cine permite que un relato profundamente arraigado en la cosmogonía del Ártico entable un diálogo directo con la sensibilidad de un público insular como el canario?
“El cine posee la facultad de narrar historias en distintos niveles o capas. En Entropy, mi colaborador principal, el compositor Frederik Elsner, y yo intentamos otorgarle a la tierra y al hielo las cualidades de un personaje protagónico. A través de la música, el sonido y la imagen, queríamos transmitir el sufrimiento y la lucha del hielo, y considero que esto resulta reconocible para cualquier pueblo que viva en estrecho contacto con los elementos, ya sea en una isla del Ártico o en las Islas Canarias”.

-¿Qué papel desempeñan los festivales como Insularia para garantizar que las comunidades insulares y pueblos indígenas mantengan la titularidad de su propia imagen y relato?
“Los festivales de cine han sido una vía extraordinaria para que mis obras recorran el mundo y, por extensión, para que los relatos de mi pueblo sean vistos y escuchados en diversos rincones del planeta. Certámenes como Insularia brindan la posibilidad de ampliar el alcance de estas historias que, de otro modo, tal vez no llegarían al público de su ámbito geográfico. Con ello se garantiza que no todos los relatos sobre un territorio determinado sean contados por voces foráneas. Quién narra la historia resulta crucial cuando se trata de comunidades insulares y pueblos indígenas”.

-¿Qué virtudes encuentras en el formato corto para articular reflexiones complejas sobre la pérdida del entorno sin restar rigor al mensaje ante públicos tan diversos?
“Aunque me formé en el formato del cortometraje, he seguido cultivándolo por dos razones principales: en primer lugar, porque históricamente no ha existido financiación para contar historias groenlandesas o inuit en largometraje; y en segundo lugar, porque un cortometraje bien ejecutado puede circular de una manera que un largometraje no consigue. Es cierto que difícilmente llegará a exhibirse en algunos de los grandes festivales del circuito internacional ni generará el retorno económico de un largometraje, pero he comprobado que existe un gran interés por aquellas obras breves que poseen una mirada única y proceden de comunidades que, históricamente, no han tenido acceso a narrarse a sí mismas a través del lenguaje cinematográfico”.

-¿Cómo contribuyen las alianzas entre certámenes insulares, como el Nuuk International Film Festival e Insularia, a descentralizar las estructuras de la industria europea?
“Al no formar parte del núcleo central de la gran industria, este tipo de certámenes tienen la oportunidad de dirigirse a otro tipo de público, ser más experimentales en sus líneas de programación y dar relieve a historias distintas a las que proyectaría un festival situado en una gran metrópoli europea. Al situarse en los márgenes, pueden exhibir un cine diferente, donde los relatos traspasan fronteras y con el que comunidades locales separadas por 5.000 kilómetros de distancia pueden sentirse mutuamente identificadas”.

–Desde la junta directiva la la asociación de cineastas de Groenlandia, Film.GL, impulsas la creación del futuro instituto de cine groenlandés. ¿Cuáles son los cimientos indispensables para que un territorio alejado de los grandes centros de producción logre consolidar un ecosistema audiovisual propio y sostenible?
“En mi opinión, un pilar fundamental para cualquier industria cinematográfica sana y sostenible radica en apostar decididamente por la formación y por la infancia y la juventud. En Groenlandia, por ejemplo, donde la población es muy reducida, resulta vital alentar y apoyar a las jóvenes generaciones que desean hacerse un hueco en la industria. Al respaldar sus vocaciones e inquietudes cinematográficas, no solo garantizamos el relevo profesional para nuestras producciones, sino que salvaguardamos nuestra soberanía narrativa”.

-¿Cómo enseñas a las nuevas generaciones a filmar su propio entorno sin caer en tópicos, en la mirada exótica o turística que con frecuencia sufren las islas, o en un victimismo narrativo?
“Me apasiona la docencia. Entre sus mayores satisfacciones está la oportunidad de transmitir el sentido de responsabilidad que conlleva contar las propias historias y condicionar cómo serás percibido tú y tu comunidad. Al filmar una historia desde dentro de una comunidad -sea cual sea-, logramos trazar un contrapunto frente a la mirada de un observador externo o un turista, adoptando un enfoque muy distinto. El cine es una herramienta sumamente poderosa y transformadora: cuando se le otorga a los colectivos infrarepresentados la oportunidad de contar sus propios relatos, rara vez se enfocan en el victimismo, sino en la reafirmación, el patrimonio cultural y la presencia activa”.

-En Entropía, la naturaleza no es un mero paisaje, sino una entidad viva cargada de significado. En tu opinión, ¿cómo condiciona la geografía insular la estética, la narrativa visual y el ritmo de sus cineastas?
“En gran medida. Considero que quienes hemos crecido en una isla estamos profundamente determinados por los elementos, en especial por el océano, y esto se refleja no solo en las temáticas de nuestras películas, sino en la propia estructura del relato. Percibo que muchas producciones groenlandesas poseen una cadencia más pausada y orgánica, que huye de lo impostado, reflejando nuestro propio modo de vida. Sabemos que es imposible doblegar a la naturaleza o al clima, por lo que aprendemos a fluir con ellos; esa misma actitud se traslada al cine de Groenlandia. No son obras lentas o áridas, sino serenas y reflexivas, que brindan la oportunidad de profundizar en la historia más de lo que permitiría una narrativa convencional occidental”.

-¿Qué importancia tiene para un realizador contar con el respaldo de su propia comunidad y cómo crees que puede incidir en su trayectoria y en el modo de transmitir las historias que se plantea abordar?
“Le debo toda mi carrera cinematográfica a la generosidad del público del Nuuk International Film Festival y a mis compañeros de profesión en Groenlandia. El respaldo que me han brindado a lo largo de los años me ha permitido tener voz propia, experimentar con los relatos que deseaba abordar y, sobre todo, contar con una ventana idónea para exhibir mis películas ante el público groenlandés. Contar con ese apoyo resulta vital; puedo afirmar sin vacilar que no estaría donde estoy de no haber sido por el festival de Groenlandia, y me llena de alegría que este año celebren su décimo aniversario”.

-¿Consideras que las islas y las comunidades del Ártico son la primera línea de resistencia y los escenarios más eficaces para apelar a la conciencia global?
“La respuesta corta es sí. Nuestra estrecha relación con el océano y las inclemencias meteorológicas nos sitúa, sin duda, en la vanguardia de la crisis climática. Sin embargo, a partir de este año percibo un cambio de tendencia, detonado quizás por los graves acontecimientos vividos primero en Canadá con los incendios forestales, y posteriormente en Europa y Estados Unidos. Hoy en día nadie puede negar la gravedad de la situación; aquello que en las islas del mundo llevamos sintiendo desde hace ya muchos años”.

-¿Qué aspectos o reflexiones interculturales sobre el propio territorio canario te gustaría que el público de las islas tuviera presentes al entrar en diálogo con tu obra?
“Me gustaría que el público extraiga de la proyección la profunda afinidad que nos une como territorios insulares en el océano Atlántico. A pesar de la distancia física, compartimos valores esenciales y una visión similar del mundo que habitamos. Ambas islas sufrieron procesos de colonización europea y, sin ánimo de señalar a nadie, considero fundamental reconocer este hecho, puesto que condiciona de forma directa nuestra manera de contar historias. Entropy, al igual que la totalidad de mi trabajo en estos últimos años, es una obra íntegramente groenlandesa: la inspiración del relato, la financiación y el equipo técnico y artístico son de origen inuit, lo cual determina no solo cómo se narra la película, sino, más importante aún, cómo fue concebida y realizada”.

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