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Messi

“La Pulga es chovinista. Nació en Rosario y se pone firme ante las barras bravas y con la Albiceleste. Luego, en La Masía, bailó la sardana”

Pasen y vean el gran espectáculo. Lionel Messi recibió ayer viernes 23 de octubre, de manos de la princesa Leonor, el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026 en una solemne ceremonia celebrada en el Teatro Campoamor de Oviedo. 

Su paisano Jorge Luis Borges, que en paz descanse (1899-1986), se hubiera pasado por el forro el galardón, no porque renegara de los laureles (recibió el Cervantes en 1979), sino porque abominaba del fútbol, un deporte “popular porque la estupidez es popular”, decía. Aunque tampoco hay que tomarse a pecho la aversión del escritor hacia el deporte rey. Cada loco con su tema, cantó Serrat. El caso es que el bonaerense afirmaba que el fútbol despertaba las peores pasiones. Y así es muchas veces. En la actualidad las peores pasiones se visualizan con mayor virulencia en el infierno de las redes sociales y en El Chiringuito. Lógico. El programa de televisión que dirige y presenta Josep Pedrerol aborda eso de que once personas en pantalón corto contra otras once personas en pantalón corto le dan patadas a una pelota con el objetivo de introducirla en la portería contraria. 

En la víspera de la Copa del Mundo celebrada en su país en 1978, el literato declaró que mientras durase el Campeonato iría a cualquier parte del Mundo donde no se hablase de fútbol. Qué bueno es el silencio para nuestro cerebro cuando impera el griterío imprudente, irracional, insensato, alocado… Normal que Borges se decantase por el sosiego del ajedrez, libre de picazones: “Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada / reina, torre directa y peón ladino / sobre lo negro y blanco del camino / buscan y libran su batalla armada”. 

El intelectual argentino publicó en 1967 el cuento Esse est percipi (Ser es ser percibido). Lo escribió junto a Adolfo Bioy Casares bajo el seudónimo de Honorio Bustos Domecq, también personaje. En él, el balompié vuelve a ser protagonista, porque todo lo que pasa y vale, pasa y vale porque sale en la televisión y en la radio, asiente el tal Honorio, presa en la grada del espectáculo que promueven, además, otros tantos tragadores de sapos. Llenar por llenar. Triste horror vacui en las cloacas de Hill Street.

Sumido en la ceguera, Borges continuó criticando el fútbol y su circunstancia hasta que murió en Ginebra a los 86 años. Afortunado testarudo. Apunta Bioy Casares en su diario que el viejo agnóstico se fue rezando el Padre Nuestro. Lo balbuceó en inglés antiguo, inglés, francés y español… “por si acaso”. Ja, ja, ja… Hijo de puta. Sos un genio. Hoy no hubiera aguantado tanto. 

Pero Leo (Messi) es otra cosa. No hay que meterle en el puñado ni tampoco con los buitres. Desde pibe jugó con la pelota y uno tiene que hacer lo que le hace feliz. Aun a riesgo, subrayó ayer en el Palacio de los Deportes de Oviedo ante miles de jóvenes hinchas, de que te encabrones ante una decisión arbitral injusta. “De las derrotas se sacan cosas positivas”, apuntó La Pulga victoriosa en la guerra final. La que cuenta. Lástima que le diera la espalda a la Selección española en el MetLife Stadium de Nueva York. Pero el crac es chovinista. Nació en Rosario y se pone firme ante las barras bravas y con la Albiceleste. No es culpable, es víctima. Luego, en La Masía, bailó la sardana y sentó las bases para ganar un Mundial, cuatro Champions, diez ligas y ocho balones de oro. Y coreó como un loro visça Catalunya. El precio que hay que pagar por la estupidez.

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