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tribuna

Milei

Argentina tiene el recurso de hacer su propio retrato en el tango, igual que Hollywood, a veces es la crítica más exacta de la sociedad norteamericana. La decadencia puede ser una premonición escuchando la letra de Pobre Paica, escrita por Pascual Contursi, en 1914. Así comienza: “Mina que fue en otros tiempos la más papa milonguera y en esas noches tangueras fue la reina del festín. Ya no tiene pa ponerse ni zapatos ni vestidos, anda enferma y el amigo no aporta para el bulín”. En contra de esta representación de la realidad surgen personajes arrogantes que exhiben su superioridad sin ningún reparo llamando pelotudo a todo el que se ponga por delante y poniendo en mayúsculas a otra verdad más cercana a la miseria. No es un tema ideológico, es connatural con la idiosincrasia y lo mismo se comporta un peronista como un votante de Milei. Me quedo con el tango, que es un reconocimiento del fracaso, una filosofía de aceptación que no es entendida por todos por igual. Argentina también es la reflexión del Martín Fierro, amarga sensata y bien aconsejada. Además un relato de Borges, un cuento de Cortázar, o ahora una novelita de Mariana Enríquez , que me encanta, o de Leyla Guerriero, que me deleita todas las semanas en El País. Hay un chiste que define al guapo argentino: Es un aficionado al tango que va a bailar a un boliche. Se ha puesto los zapatos especiales y se viste con tirantes. De pronto le da un apretón y sale corriendo al baño. Echa los tirante para atrás y caen dentro de la vasija. Suena la Cumparsita y no se la quiere perder. Se levanta deprisa del trono y se olvida de colocarse los tiros que quedan colgando por detrás. Sale a la pista y empieza a girar con la piba al compás de la música. En cada vuelta le acompañan los tirantes que van soltando mierda por todo el salón. Cuando acaba el tango un amigo le dice: “Ché, boludo, los cagaste a todos”, y él contesta: “Y eso que bailé sencillito”. Esto ha sucedido en la visita de Milei a Madrid: los cagó a todos y los contagió con su lenguaje de bajos fondos bonaerenses. Hay gente a quien le gusta. Ayuso dice que es su amigo y Abascal se aleja lo más posible haciéndole una videollamada. Abascal se va a La Coruña y a Avilés, dos lugares alejados. La Coruña más. Un torero sevillano fue a torear allí y después de la corrida decidió coger el tren, no el de Puente sino uno de la época. Alguien le dijo: “Maestro quédese aquí, Sevilla está muy lejos”. Y el diestro contestó: “Sevilla está donde tiene que estar, lo que está lejos es esto”. Los del BNGA se han encargado de demostrar que Abascal estaba allí, dejándole el plato de sopa fría a Ayuso, que le ha dado un abrazo contaminante al de la motosierra. Feijóo ha evitado el roce, jugando el papel de la moderación ante el disparate del cabezón melenudo, prepotente y bocazas que anda por el mundo repartiendo carnés de ultraderechista. ¡Qué peligro!

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