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Paloma Navas: “La inteligencia artificial está amplificando los prejuicios sobre la vejez y el edadismo”

La especialista en prevención y longevidad defiende una atención a los mayores basada en sus derechos, autonomía y decisiones, sin infantilización
Paloma Navas: "La inteligencia artificial está amplificando los prejuicios sobre la vejez y el edadismo"

Paloma Navas Gutiérrez, especialista en prevención y longevidad. Fran Pallero

Los días 5 y 6 de octubre se celebrará en el Auditorio Adán Martín el II Congreso Insular de Experiencia Sociosanitarias, un espacio para el debate y la reflexión en torno a tres conceptos: Cuidar, Compartir y Transformar, con el propósito de entender a las personas, acompañarlas, escucharlas, protegerlas y garantizar sus derechos. Entre las ponentes Paloma Navas Gutiérrez, especialista en medicina preventiva y longevidad además de doctora en salud pública, reflexionará sobre cómo nuestra visión de la vejez afecta cómo cuidamos.

– ¿Abordará en su ponencia los prejuicios del edadismo a nuestros mayores?
“Me interesa que las personas que me escuchan se cuestionen cómo están viviendo la vejez, tanto su propia vejez como la vejez de las personas de su entorno. En concreto, es muy interesante este congreso porque voy a tener la oportunidad de dirigirme a toda la gente que está ejerciendo los cuidados. Entonces, es también una reflexión de cómo nuestra visión de la vejez afecta cómo cuidamos a la gente al final. Además, la inteligencia artificial, que parece que es una herramienta brutal y fantástica, tiene también una cara B no tan positiva, y es que se ha demostrado que se amplifican los prejuicios. Es decir, la inteligencia artificial se alimenta de textos, de versiones y de planteamientos que son edadistas, sin embargo, la inteligencia artificial no los corrige, sino que al revés, los amplifica”.

-Se aboga por su autonomía y realizar actividades para promover una vejez activa, pero ¿Contamos con ellos?
“Para poder adaptarnos bien cuando estamos cuidando a una persona hay que ver sus circunstancias, y tenemos que tener muy claras cuáles son nuestras propias distorsiones y visiones de la vejez, porque a veces damos a los demás lo que creemos que quieren, cuando no es lo que realmente quieren. Creemos inconscientemente que la gente mayor son como niños, entonces les tratamos como niños, y yo le puedo asegurar que eso no es lo que quiere ninguna persona en ningún momento de su vida”.

-Envejecer no puede significar pérdida de derechos, de dignidad y de autonomía
“Eso es fundamental. Yo trabajé en 2018 en el gabinete de la ministra María Luisa Carcedo cuando me contrataron como asesora técnica para llevar temas de mayores. Fue una experiencia muy potente y un privilegio muy grande poder ver el mundo de las políticas sanitarias, no solo desde un Ministerio, sino también a nivel internacional. Participé en una reunión del G20 sobre el tema de envejecimiento, bajo la presidencia de Japón, el país más envejecido y en el que es un tema prioritario para su administración. El problema fue que la conversación siempre empezaba hablando de la carga para la sociedad o el gasto que van a ocasionar, es decir, abordaba las personas mayores como un gran problema. Gracias a nuestra participación la declaración del G20 sobre envejecimiento pasó de hablar de problema a hablar de derechos. Lo primero que tenemos que tener muy claro es que las personas mayores, independientemente de su capacidad cognitiva y de su situación física, conservan sus derechos y su dignidad. Entonces, estas visiones discriminatorias inconscientes que tenemos de infantilizarles, de hablarles como si fueran niños malcriados, al final vulnera sus derechos. Esto es muy importante también para nuestros derechos futuros, porque con un poco de suerte también llegaremos a su edad. Eso es lo más importante y poderoso, porque puedes ser una persona que no te ha tocado sufridor machismo o racismo, pero el edadismo lo vas a sufrir. Entonces o lo eliminamos o lo vamos a sufrir todos y cada uno de nosotros”.

-La discriminación por la edad no solo es por parte de la sociedad, en muchos casos también es autoinfligida
“Nadie se define como edadista o que discrimina a los mayores: yo quiero a mi abuela, adoro a mi abuelo, quiero a los mayores…, pero no solo va de cortesía, hay que aceptar positivamente que una persona haga lo que desea hacer independientemente de su edad. Pero también puedes tener inconscientemente una visión autoedadista, por ejemplo, cuando tú mismo no te pones una prenda de ropa, te limitas tus sueños, no realizas una actividad o incluso aprender y formate: ‘Yo con mis años no puedo’ o ‘Que van a pensar de mí’. Hay que liberarse de cualquier prejuicio y probar. Hay mucha gente que siempre ha deseado hacer algo y no lo hace, se autolimita. Nos pasa en todos los momentos de la vida, con 40, con 50, con 60 años Hay que olvidar ese esquema mental porque te estás limitando un montón de oportunidades. La vida es tu propia aventura y no debemos cerrarnos puertas”.

-La mayor longevidad de la sociedad nos lleva a abordar retos en el ámbito de la prevención, y en buscar cumplir años con salud y con autonomía, pero a veces chocan con el edadismo
“Cierto, incluso en el mundo médico hay una cierta discriminación hacia las personas mayores. Cuando he revisado las recomendaciones y los protocolos preventivos que hay para personas mayores, es muy desalentador porque apenas hay. Las personas mayores suelen ser excluidas sistemáticamente de los ensayos científicos. Para poder afirmar que una intervención preventiva funciona, hay que hacer un estudio alrededor de un número determinado de población, pero si ellos no están en los estudios ¿Cómo sabemos si funciona? Lo que estamos viendo en la práctica clínica es totalmente distinto. Tenemos personas con 90 años que se meten en un programa de, por ejemplo, prehabilitación quirúrgica, es decir que antes de abordar una cirugía le dicen que se ponga fuerte, le ponen a hacer pesas, algo que parece impensable para una persona de 90 años, pero no es así, el ejercicio de fuerza mejora la supervivencia, el paciente aguanta mejor la cirugía y mejora su calidad de vida. En definitiva, la prevención no tiene edad, se tiene que hacer en todos los momentos de la vida y jamás es tarde para hacer prácticas de autocuidado, ni para dejar de fumar, ni el consumo de sustancias tóxicas, ni para dejar el alcohol si estás consumiendo en exceso, pero tampoco para hacer ejercicio. Tenemos como una mente muy estereotipada, muy catalogada, a la hora de practicar ejercicio, “No ahora a partir de cierta edad me tengo que meter en aquagym”, no es así, su práctica es fantástica si te gusta, pero si no te gusta y te quieres apuntar a hacer musculación también es bueno, el ejercicio ayuda a tener una longevidad sana”.

-Hemos pasado de una sociedad rural a una urbana, y preocupa el aumento de la soledad no deseada. ¿Vivir en el campo es mejor para los mayores?
“No podemos caer en idealizar la vida en los pueblos ni la vida en la ciudad. Tenemos el refrán de ‘Pueblo chico infierno grande’, es decir, para muchas personas el irse a la ciudad ha significado una liberación absoluta, una posibilidad de desarrollarse más, con menos ojo crítico. Pero es verdad, y es una cosa incuestionablemente, y en los pueblos se hace mejor, es el estar en contacto los unos con los otros. Es mucho más complicado que tengan un aislamiento social en una zona rural. Ahora bien, no tenemos que mezclar aislamiento con soledad. Tú puedes estar muy conectado con tus vecinos, pero incluso viviendo en familia, sentirte solo. Tampoco es intercambiable aislamiento social con soledad. Durante algunos años estudié en la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos, y participé en un grupo de investigación que se centró en medir el impacto del barrio y entorno social (vecinos, amigos, etc.) en la salud la población de edad avanzada. Estudiamos muchas personas mayores, de diferentes franjas de edad y de todos los Estados y entre las preguntas estaba ¿Tienes alguien con quien hablar?, Muchos decían que no tenían a nadie con quien hablar, y eso que estaban casados o vivían con sus hijos. Y también mucha gente que vivía sola en su casa sí sentían que tenían alguien con quien hablar. Es un tema un poco más complejo de lo que parece. No solamente es relacionarte con otras personas de tu entorno, también es tener la confianza y la tranquilidad de que a alguien le preocupas o te escucha”.

-Abogamos ahora por un modelo de residencias sociosanitarias más pequeñas, en la proximidad del entorno, o si es posible envejecer en su propia casa, pero para ello hay que reforzar los servicios, la ayuda domiciliaria o la teleasistencia
“Se está haciendo un esfuerzo espectacular por parte de las Administraciones. Aquí en Tenerife, el Plan integral de atención a las personas mayores es un documento que ha tenido muchísimas aportaciones y se han abierto espacios de diálogo. Este plan creo que demuestra que hay un interés muy grande para que se desarrollen estrategias que nos permitan envejecer de la manera más feliz posible, y si pueden mantenerse en tu entorno y es lo que ellos desean, mejor. Pero también hay personas que desean estar en un centro residencial, porque favorece las relaciones sociales o tiene una atención más específica”.

-¿Qué opina del papel que tienen las abuelas y abuelos en el sostén de la familia? Tras llegar el momento de la jubilación y de tener más tiempo para sí mismos, se encuentran ayudando en el cuidado de nietos, de personas enfermas o dependientes, sosteniendo la economía familiar con sus ahorros o pensiones o, de manera sobrevenida, vuelven a acoger a sus hijos e hijas con sus nietos (por precariedad laboral, rupturas de pareja o problemas de vivienda). ¿Cómo resolver los retos, los conflictos de convivencia, de intimidad, de pérdida de autonomía y el desgaste físico y mental?
“La verdad es que es una situación muy complicada. Aunque es cierto que da mucha alegría y felicidad estar con los nietos, la controversia llega cuando hablamos de la intensidad. Es decir, que tengas todos los días que recogerlos del colegio, darles de comer, entretenerlos por la tarde, ayudarlos con los deberes… Ahí es donde las personas mayores se resienten, sienten más fatiga, no pueden descansar bien, y no pueden dedicar tiempo a hacer ejercicio, al aprendizaje de algo que les ayude a mantener su capacidad cognitiva, etc, es decir a ese autocuidado. Tienen que seguir cuidando, especialmente las mujeres, en las que suelen recaer el 85% de los cuidados familiares en España. Al final se está perpetuando una inequidad, que ahora las personas mayores sigan sin poder dedicarse a ellas mismas, especialmente a las mujeres. Cuando algunos dicen ‘Es que me siento realizada’, quizás sea porque tampoco han tenido el espacio de buscar ninguna otra realización. Quizás la idea de priorizarse y, de dedicarse el tiempo que necesita no lo tiene en su ADN, porque le han enseñado desde pequeña que ser buena madre y abuela es desvivirse por todos los demás”.

-¿Cómo poner límites para no caer en abuelos esclavos?
“En la relación entre padres e hijos, creo que ellos nos ven como sus bebés y nosotros nos comportamos también como niños con ellos. Yo tuve una experiencia muy bonita con mi madre. Un día visitándola salí de casa y me olvidé las llaves. Había quedado con amigas del colegio y volví pasada la medianoche, entonces llamé a mi madre para que me abriera la puerta. En el momento en que me abrió me dijo: “¿Y yo cuándo?”. Me hizo reflexionar, no se me ocurrió pensar que estaba dormida. Al final, todos le pedíamos favores. Ella tiene sus aficiones, sus deseos, sus necesidades de realizarse, y pierde su tiempo haciendo favores a los hijos o cuidando a los nietos. Estoy segura de que para una madre o una abuela poner ese límite cuesta mucho trabajo, en la consulta tengo muchos abuelos y abuelas que me dicen “estamos hartos, no podemos más, estamos agotados” y socialmente no está bien visto. Pero hay que tener una conversación familiar sobre este equilibrio: es muy bonito cuidar a los nietos, pero también es muy importante que te cuides a ti, que te lo mereces”.

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