opinión

“Pegar sin guantes (a los migrantes) mola más”

En esta senda de barbarie y deshumanización a la que están empujando a la sociedad española, otro paso más.

Así se regodeaban -según grabaciones acreditadas- de las palizas a los migrantes, tras la llegada masiva a Ceuta, algunos soldados españoles de las Tropas Regulares.

Y eso que desde el Siglo XVI, la jerarquía católica declaraba la plena condición de seres racionales los indígenas americanos (Bula del Papa Paulo II “Sublimis Deus”,1537) en plena expansión de la conquista de aquel Continente por la Corona de Castilla. En el mismo marco del debate que se suscitó entre intelectuales y religiosos españoles, alentado por la propia Corona, en el que se enmarcan el Testamento y el Codicilo de la Reina Isabel y la conocidas como Jornadas de Valladolid, convocadas por Carlos V, cuyos debates inspiraron La Nuevas Leyes de Indias para el reconocimiento de los derechos y la protección de los aborígenes americanos. Tanto, que suscitaron una rebelión de los colonos del Virreinato del Perú indignados por el reconocimiento de la plena condición humana de los indígenas. Porque la Corona legislaba; pero después los colonos hacían de las suyas. Y los Austrias, que necesitaban el oro y la plata de las Indias para sus guerras dinásticas, pues acababan haciendo la vista gorda ante los desmanes, abusos y prácticas genocidas de criollos y peninsulares.

Y eso ocurrió en el lado de allá del Atlántico y en el de acá, en las Islas Canarias. Recuerdo estos antecedentes porque representan la parte mejor de las tradiciones humanistas y la mejor versión del Cristianismo. Tanto como esta degradación supremacista y criminal alentada por la ultraderecha, y sus cada vez más acólitos del PP, representan la peor.

¿Vamos a seguir en esa dirección degenerada y racistas? ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo? ¿También aquí, en las Islas Canarias?

Transcribía el historiador británico John Lynch, en su “Latinoamérica, entre Colonia y Nación”, en el Capítulo dedicado a Los blancos pobres en América, que al final del período colonial, en Venezuela vivían 800.000 personas, de los que 10.000 eran canarios recién llegados y canarios criollos, nacidos en Venezuela, 190.000, el 23,75 % de la población, cuyo 73.75% eran indios, negros o “pardos”.

Qué habría sido de nosotros, los canarios, si generación tras generación la América no nos hubiera brindado la esperanza y la posibilidad de una vida digna que aquí, en nuestro solar materno, era del todo imposible por la escasez de recursos y las desigualdades hirientes de la sociedad isleña.

Pues eso es simplemente lo que buscan los migrantes, muchos de ellos muy jóvenes, casi niños, empujados por la pobreza, la represión y el “sin futuro” de tantos países del África, cuyos territorios fueron y siguen siendo expoliados y sus comunidades y organizaciones sociales y sus culturas devastados por los mismos países europeos que ahora les criminalizan y les agreden.

Y no es la primera vez que esos mismos ticks despiadados brotan entre los que se dicen a sí mismos “sólo canarios, ni de derechas ni de izquierdas”. Y hasta se emocionan con los recuerdos y la memoria de nuestros antepasados guanches, cuya sangre corre por las venas del pueblo que somos, fruto de un permanente mestizaje.

[ Siempre me acuerdo de la información de Eliseo Izquierdo, Cronista Oficial de La Laguna, e hijo de un hermano de mi bisabuela victoriera Carlota Izquierdo, al presentar una exposición de Pedro González en la Iglesia de La Concepción: según los libros de la misma Parroquia Matriz lagunera, en las primeras décadas del Siglo XVI el 30% de los niños bautizados eran de raza negra. El 30! ]

Alto, por favor, Deténganse!

La afluencia migratoria no es un asunto sencillo, ni puede ser afrontado con soluciones simplistas. Tiene consecuencias positivas tan necesarias como evidentes, aunque algunos las nieguen miserablemente, en sociedades avejentadas y con tan poca natalidad como las europeas. Y plantean también problemas.

Siempre he pensado que cuando algunos sectores empresariales jalean la inquietud de los trabajadores que pueden temer la competencia de los migrantes para ocupar sus puestos de trabajo, en la agricultura, la construcción, los servicios…lo que en realidad querrían es que esos migrantes vinieran en las bodegas de barcos negreros, a ser posible encadenados
y sin ningún tipo de derechos. Carne de cañón para la explotación laboral.

Por eso mismo se oponen a la regularización y al reconocimiento de los derechos laborales de los migrantes. Es justamente esa regularización -más allá sus positivas consecuencias para la economía española, para los ingresos tributarios y por sus sus aportaciones a la caja de la Seguridad Social y de las Pensiones- el mejor antídoto para evitar “competencia desleal” con nuestros trabajadores y para frenar la querencia de algunos empresarios a “contratar” a los migrantes sin derechos.

Y suelen ser los representantes políticos de esos mismos empresarios, léase PP/Vox, los que alientan racismo y “prioridades nacionales” contra los migrantes y, al mismo tiempo, degradan la enseñanza pública, que es donde nuestros jóvenes deben tener la oportunidad de cualificarse intelectual y profesionalmente, que es la mejor manera de afrontar la competencia de otros jóvenes recién llegados: de África, de América o de la misma Europa. Pero al menos debemos tener muy claro cuál(es) no puede(n) ser las respuestas. Eso que los juristas llaman el “ámbito de certeza negativa”: qué no debe hacerse.

Y lo que no debe hacerse, bajo ningún concepto ni circunstancia, es negarles a los migrantes su condición humana, su dignidad como personas y sus derechos inalienables. Y encima se proclaman cristianos!.

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