El Colegio Oficial de Arquitectos (COA) de Tenerife, La Gomera y El Hierro no permaneció ajeno este jueves y ayer viernes, 16 de octubre, a la problemática de la vivienda, utilizada por la clase política como arma arrojadiza. En medio del ruido de sables, cabe esperar que quien gobierne España en los próximos años emprenda una reforma histórica si no quiere que la población (no solo perros y flautas) se le eche encima. El excesivo precio de los alquileres, la quimera de comprar una casa, acabar con la especulación o la salida al mercado de viviendas sociales son cuestiones que merecerán sin dilación la mayor atención por parte del nuevo inquilino de La Moncloa.
En Canarias, claro, como en tantas otras cuestiones, las medidas que se emprendan tendrán su particularidad considerando la limitación y fragilidad del territorio, y la presión que sobre el suelo ejerce el turismo y la inmigración. Papas calientes.
Quienes buscan techo para emanciparse necesitan una llave que abra cerraduras y no más buena voluntad ni promesas. Además, el sinhogarismo afecta de igual forma, según revela un informe reciente de la Unión Europea, a la tercera edad que ha vivido de alquiler. Más de dos millones de personas mayores de 65 años viven solas en España. Maricármenes, con todos sus matices, hay muchas.
El COA, como decíamos, reunió estos días a especialistas que abordaron, bajo el sugerente título de Piedra, papel y vivienda, la materia, gestión y formas de habitar. La arquitecta Elena García, vocal de Cultura de la entidad que preside María Nieves Febles, describe certeramente estos tres pilares: “La piedra representa la dimensión material de la arquitectura: suelo, estructura, recursos, energía, clima y construcción. Construir implica decidir dónde hacerlo, con qué materiales, qué transformar y qué conservar. Significa mirar hacia lo existente: rehabilitar, adaptar y completar la ciudad construida puede ser tan importante como producir vivienda nueva”. El papel, continúa, “representa la dimensión normativa, administrativa y de gestión que hace posible la vivienda: planeamiento, licencias, contratación, financiación, promoción, políticas de suelo, convenios y modelos de colaboración. La residencia no empieza con la obra. Antes existe una compleja cadena de decisiones capaz de facilitarla o bloquearla”. Finalmente, está la vivienda, que para García no termina cuando acaba la obra, sino que empieza cuando alguien la habita con sus peculiaridades: cambio actual de las estructuras familiares o las nuevas formas de convivencia.
Pero las palabras no bastan. El COA ha arrimado el hombro y lleva más de un año impulsando la Oficina de Informes Técnicos de Conformidad con el objetivo de dinamizar el sector de la construcción de viviendas en régimen de colaboración con los ayuntamientos. Se trata de favorecer la fluidez de los mecanismos con los que se obtienen los títulos habilitantes, garantizando la emisión de informes rigurosos, coherencia documental y seguridad jurídica, permitiendo el desbloqueo de expedientes, la reducción de plazos y el refuerzo de la legalidad urbanística de las actuaciones proyectadas.
Javier Burón, voz de referencia en la configuración de estrategias habitacionales y autor del libro El problema de la vivienda. Cómo desactivar la bomba de relojería que amenaza con colapsar España (Arpa, 2025), intervino en la actividad del COA y, como era de esperar, no se presentó con ninguna varita mágica. Habló, eso sí, de generar un pacto de Estado que active diferentes actuaciones: limitar alquileres, construir más, introducir incentivos fiscales, movilizar pisos vacíos… O sea, que el poder público se ponga a trabajar de verdad y apruebe normas que reviertan sobre la sociedad evitando interesados cortoplacismos. Podríamos hablar también sobre la educación…
Mientras aramos con bueyes, en Tenerife hay un colectivo profesional con visión de futuro y ganas de aportar sin mezquindades de por medio. Tomen nota sus señorías.
