La 9ª Cumbre científica sobre reducción del daño asociado al tabaquismo reunió a investigadores y especialistas que defendieron políticas públicas más alineadas con la evidencia científica, especialmente en un momento en que Europa se prepara para revisar parte de su marco regulatorio sobre productos de nicotina.
La necesidad de compatibilizar la protección de los menores con una reducción más efectiva de las enfermedades asociadas al tabaquismo centró algunos de los principales debates de la Cumbre, celebrada entre el 28 y el 30 de septiembre en formato virtual. El encuentro reunió a expertos internacionales en salud pública, investigación y regulación para analizar el papel de la ciencia en las futuras políticas sobre tabaco y nicotina.
Uno de los mensajes más recurrentes fue que las políticas regulatorias deben centrarse en reducir el impacto sanitario del cigarrillo, responsable de la mayor carga de enfermedad relacionada con el consumo de nicotina, sin renunciar a una protección estricta de los jóvenes y los no fumadores.
Durante una de las ponencias principales, Bernhard Rupp, economista de la salud y jurista austriaco, analizó las diferencias entre el enfoque regulatorio europeo y el estadounidense. El experto señaló que la FDA basa sus decisiones en evaluaciones científicas específicas para cada producto, apoyadas en estudios toxicológicos, de comportamiento del consumidor y de impacto poblacional, además de exigir sistemas de seguimiento posteriores a la comercialización.
Rupp defendió que Europa podría incorporar algunas de estas herramientas para avanzar hacia una regulación más coherente y basada en la evidencia, aunque reconoció las diferencias institucionales existentes entre ambos sistemas.
La protección juvenil ocupó también un lugar central en el programa. En un panel liderado por Ignatios Ikonomidis y con la participación de Ray Niaura, Brad Rodu y David T. Sweanor, se presentaron datos que muestran que el consumo de cigarrillos entre adolescentes estadounidenses se encuentra en niveles históricamente bajos y que el vapeo juvenil ha disminuido de forma continuada desde su máximo alcanzado en 2019.
Los investigadores coincidieron en que la prevención debe abordarse desde una perspectiva más amplia, incorporando factores como la salud mental, el sueño, el uso de redes sociales y los cambios en los hábitos de socialización de los jóvenes.
Otra de las conferencias destacadas estuvo a cargo de Neal L. Benowitz, referente internacional en investigación sobre nicotina, quien analizó los riesgos asociados a esta sustancia y su papel en las estrategias de reducción del daño. Su intervención puso el foco en la importancia de distinguir entre la nicotina y los efectos derivados de la combustión del tabaco, responsables de gran parte de las enfermedades vinculadas al tabaquismo.
Las conclusiones del encuentro apuntan a que Europa afronta un momento relevante para revisar sus políticas sobre tabaco y nicotina. Los expertos coincidieron en que las futuras decisiones regulatorias deberían apoyarse en la mejor evidencia científica disponible, con el doble objetivo de proteger a los menores y reducir el número de enfermedades relacionadas con el tabaquismo entre la población adulta.

