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Yeiden, el niño de 10 años que no puede ver al Tenerife, pero siente cada rugido del Heliodo

Tiene diez años, sufre una discapacidad visual, convive con dificultades de movilidad y siente el CD Tenerife como una parte de su vida. Su padre le pone voz a los partidos, aunque él ya ha aprendido a descifrar los rugidos de la grada

Hay cosas que Yeiden Baute Orta no puede ver, pero eso no significa que no las sienta. Sabe cuándo el Heliodoro se impacienta, cuándo la grada contiene el aliento y cuándo miles de gargantas estallan al mismo tiempo. A veces, incluso antes de que su padre termine de contarle una jugada, él ya intuye que algo importante está pasando. Tiene diez años, es un apasionado del CD Tenerife y ha encontrado en los sonidos del fútbol una forma propia de vivir cada partido. Fran Baute, su padre, le presta sus ojos para describirle lo que sucede sobre el césped, pero Yeiden también le ha enseñado que el fútbol puede sentirse sin necesidad de verlo.

Su discapacidad visual y una hemiparesia en el lado derecho, que afecta a su movilidad, hacen que algunas cosas le cuesten más. Sin embargo, su vida no cabe en esas dificultades. Yeiden juega al baloncesto, nada, toca la trompeta, participa en la radio de su colegio y tiene la cabeza llena de sueños. También se enfada, pregunta, se emociona y tiene un carácter que no se lo pone fácil a quien intenta convencerlo de algo. Es un niño que quiere hacer cosas, probar, aprender y disfrutar. Y, entre todas sus aficiones, hay una que ocupa un lugar especial: el CD Tenerife.

El pasado 12 de octubre vivió una de esas experiencias que permanecen para siempre en la memoria. En el descanso del encuentro ante el Girona, saltó al césped del Heliodoro para lanzar el penalti del Minuto de Oro de Emmasa ante miles de aficionados. Esta oportunidad llegó después de que la familia contactara con la Fundación ONCE, a través de Daniela Álamo, con la esperanza de impulsar una iniciativa que diera visibilidad a la discapacidad visual. La Fundación del CD Tenerife, a través del Director de Proyectos Fundación Club Deportivo Tenerife, Artamy Rodríguez Plata, recogió el testigo y propuso que Yeiden participara en el lanzamiento del penalti durante el descanso del encuentro ante el Girona CF, en una acción vinculada a la celebración del Día Internacional del Bastón Blanco, celebrado el pasado 15 de octubre.

La sorpresa llegó el mismo domingo por la mañana, cuando Fran le contó lo que iba a suceder. Después, en el estadio, llegaron los nervios. Yeiden recuerda el olor de la hierba recién regada y la sensación de encontrarse sobre un césped que tantas veces había imaginado a través de las palabras de su padre. Cerca de 15.000 personas estaban en las gradas, pero el ruido habitual del Heliodoro dio paso a un silencio pensado para facilitarle el lanzamiento. En un campo donde los aficionados acuden para animar, protestar y celebrar, aquel silencio fue también una forma de decirle que estaban con él.

Fran vivió el momento con una emoción difícil de esconder. No era solo ver a su hijo en el centro del campo de su equipo; era acompañarlo mientras hacía algo que había deseado y compartir con él una experiencia que ambos guardarían para siempre. El fútbol, que tantas veces les une desde sus asientos en la grada, les regaló aquella nochr un recuerdo distinto. Yeiden ya no tenía que imaginar el césped a través de una narración: estaba pisándolo.
La historia de Yeiden empieza en las gradas. Llegó al Heliodoro por primera vez cuando tenía alrededor de ocho años y quedó tan impresionado por lo que vivió que pronto pidió convertirse en abonado. Desde entonces, cada partido es una aventura que comparte con Fran. El padre le cuenta dónde está el balón, quién conduce la jugada y qué hacen los futbolistas. Le dibuja el encuentro con palabras, aunque cada vez necesita menos explicaciones. Yeiden ha aprendido a reconocer los sonidos del estadio y a interpretar los cambios de la grada. Para Fran, su hijo es “el mejor intérprete de los rugidos del Heliodoro”.

Hay momentos en los que el fútbol se explica solo, al menos para quien ha aprendido a escucharlo. Un murmullo que crece, una exclamación que recorre las gradas, miles de personas que se levantan casi al mismo tiempo. Yeiden trata de descifrar cada señal. Y cuando su padre se deja llevar por una ocasión o protesta una decisión arbitral, enseguida reclama su atención: “¿Qué pasa, qué pasa?”. Fran puede estar pendiente del balón, del árbitro o de la emoción del partido, pero sabe que tiene al lado a un oyente que no quiere perderse ningún detalle.

Los goles son otra historia. Yeiden los celebra saltando al ritmo del himno del Tenerife, como si el cuerpo también necesitara expresar todo lo que siente. Para los dos, esos instantes tienen algo especial. La alegría del gol se mezcla con la complicidad de quien narra y de quien escucha, de quien intenta describir una jugada y de quien la reconstruye a su manera. “He aprendido que se puede vivir una pasión sin necesidad de observarlo”, reconoce Fran.

A veces se habla de lo que un padre hace por su hijo, de las ayudas que necesita o de las barreras que intenta apartar de su camino. Fran también le describe el fútbol a Yeiden, pero no siente que esté haciendo únicamente una labor de apoyo. En esa tarea ha encontrado una manera de acercarse a una vieja ilusión: la de narrar y transmitir partidos. Su hijo le ha devuelto, sin proponérselo, una pasión que llevaba dentro. “Donde muchos ven que yo trabajo para paliar un déficit o una carencia, es al revés, creo que ha venido él a canalizar una vieja pasión mía, que es la de narrar, transmitir”, explica.

La radio es, por eso, mucho más que un sonido de fondo en casa. A Yeiden le gustan los micrófonos, escucha la actualidad deportiva y sigue la clasificación. No se conforma con saber cómo ha quedado el Tenerife: pregunta por los rivales, repasa resultados y hace cuentas con su padre. Hasta encuentra espacio para bromear con la UD Las Palmas cuando un resultado amarillo puede favorecer a los blanquiazules. Eso sí, con una condición que deja clara: “Pero siempre por debajo del Tete”.

También participa en Radio Conchita, la emisora de su colegio, el CEIP Nuestra Señora de La Concepción. Hablar delante de un micrófono no le resulta ajeno y la posibilidad de narrar algún día un partido del Tenerife le hace especial ilusión. Quiere contar goles, transmitir emociones y poner voz a esas jugadas que ahora su padre le describe desde la grada. Quizá por eso escucha con tanta atención. En cada retransmisión hay algo que le interesa y algo que, algún día, podría querer hacer él mismo.

Una agenda muy cargada

Pero Yeiden no pasa la semana esperando el siguiente partido. Tiene una agenda que apenas deja huecos. Juega al baloncesto con el Lua Basket de Santa Úrsula, un equipo inclusivo en el que disfruta del deporte junto a sus compañeros; también nada, juega al fútbol de vez en cuando en el colegio y toca la trompeta. La hemiparesia que afecta al lado derecho de su cuerpo condiciona algunos movimientos, aunque ha ido mejorando. En el colegio utiliza, a veces, una ortesis para desplazarse con mayor seguridad, pero sigue buscando oportunidades para participar en todo aquello que le gusta.

Tiene carácter, es insistente y sabe defender lo que quiere. Y es locuaz. Tremendamente locuaz. Sus sueños tampoco se limitan al fútbol o a la radio: le gustaría ser policía o veterinario. Y, cuando habla de su discapacidad con los compañeros, también contribuye a que comprendan mejor que no todas las personas se enfrentan a las mismas dificultades. La inclusión se construye así, en el día a día, en la posibilidad de compartir actividades, encontrar apoyos cuando hacen falta y dejar que cada niño tenga espacio para ser como es.
Yeiden sostiene que “el Tenerife es un club que une a todos”. Si pudiera escoger un partido para volver a vivir, elegiría el Tenerife-Leganés que acabó con un triunfo blanquiazul por 2-0, un encuentro que le dejó huella. Pero su vínculo con el club va mucho más allá de un resultado. El Tenerife forma parte de sus conversaciones, de sus rutinas y de esa complicidad cotidiana con su padre. Cuando habla del equipo, lo hace con el entusiasmo de quien siente que pertenece a algo.
Quizá ahí esté una de las claves de esta historia. En el fútbol caben miles de maneras de sentir, de entender y de participar. Yeiden necesita que alguien le describa algunas jugadas, pero no necesita que nadie le explique lo que significa celebrar un gol, sufrir una derrota o emocionarse con su equipo. Eso lo conoce bien. Su discapacidad forma parte de su vida, pero no es toda su vida. También están el baloncesto, la piscina, la trompeta, la radio, sus sueños y ese carácter con el que se abre camino en el mundo.
Mientras tanto, Fran seguirá contándole lo que sucede sobre el césped, aunque cada vez haya más momentos en los que las palabras sobren. Seguirá intentando poner voz a las jugadas y buscando la manera de explicarle lo que ocurre cuando la grada se viene abajo. Y Yeiden seguirá escuchando preguntando y celebrando.
Tal vez algún día sea él quien esté detrás de un micrófono y quien le cuente a otros cómo ruge el Heliodoro Rodríguez López. De momento, ya sabe reconocer ese rugido como pocos. Y su padre sabe que, en cada partido, también es él quien aprende a escuchar.

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