Observo, no sin preocupación, que algunos amigos de mi edad se quedan dormidos durante las comidas. O estoy perdiendo chispa y no los entretengo, o ha aparecido el síntoma de estar chocho de toda chochez. Cuando le llega a uno la hora de replegarse, lo mejor es hacerle caso a la Naturaleza, que dicen que es sabia. Luchar contra ella no consigue sino problemas añadidos. El sueño llega por la falta de sueño. Parece una obviedad y no lo es. Los que llevamos una vida anárquica nos dormimos en el sillón, con baba, incluso durante los partidos de fútbol (si no juega el Real Madrid). Si ves, un suponer, al F.C. Barcelona, que se desenvuelve en el terreno de juego como una tortuga reumática, pero marca goles descatalogados, pues vas y te duermes. Yo pongo los partidos del Barcelona para echarme un sorrasco. Había un locutor deportivo en Canal 7, Alexis se llamaba, y aún se llama así, pero no en el extinto Canal 7, que iba narrando el partido de fútbol transmitido y de vez en cuando gritaba, con lo cual te daba unos sustos tremendos. Ese no valía para la siesta. Pero el bueno de Zenaido Hernández, que dirigía unos programas plácidos en el mismo canal, siempre a mediodía, lograba que la siesta del cordero fuera placentera y hasta soñabas, como anoche soñé yo que había acudido a una entrevista en gayumbos, porque no me había dado tiempo de ponerme los pantalones. Y aconsejaba a la realizadora, una chica rubita, que no tirara para abajo la cámara, por si acaso. Los viejos tienden -tendemos- a la dormidera y los viejos cagalitrosos, como es el caso de un servidor, todavía más. El sueño reduce los nervios y estabiliza los líquidos, así que es muy reparador, como se dice siempre. Al fin y al cabo, es ley de vida, como también se dice siempre. Repetir las expresiones, como yo hago ahora, es otro mal síntoma. Ay.
