Addoor Sticky
tribuna

La España joven

Como hice hace siete días, empiezo con dos informaciones muy recientes. En España ha dimitido Óscar Puente, ministro de Transportes. En Estados Unidos se ha producido una gran victoria del Partido Demócrata sobre el Partido Republicano de Donald Trump. Pienso que ambas noticias contienen valiosos mensajes para la juventud.

Algunos investigadores dicen que, con la crisis de 2008, debido a las políticas de ajustes duros que adoptaron los Gobiernos, comenzó una etapa en la que los jóvenes están frustrados, fuera del sistema y mirando con hostilidad a una sociedad que parece negarles todo. Muchos están sin esperanzas de mejora y con dificultades para encontrar un trabajo, sin perspectivas de futuro, sin posibilidades de formar una familia. La situación es tal que incluso los que alcanzan un empleo se ven luego con dificultades enormes para poder pagar una vivienda en alquiler, no digamos ya en propiedad.

También en 2008 las ideas contra la democracia empezaron a crecer, especialmente entre los más jóvenes, que a veces acaban envueltos en redes informativas en las que se confunde lo cierto con lo falso y lo posible con lo seguro.

Óscar Puente se ha apartado de la primera línea de la política diciendo algo muy valioso: es el Estado el que salva al pueblo. Las instituciones públicas deben proteger a toda la ciudadanía, sobre todo a los más necesitados.

La juventud necesita al Estado para asegurar una buena educación, que sea de calidad, en la que reciba la necesaria formación, intelectual y profesional, para poder incorporarse plenamente a la sociedad. Los poderes públicos deben procurar que la juventud participe en la sociedad, aportando sus ideas al momento que vivimos. Cualquier sociedad que desee progresar necesita una juventud que, al incorporarse al mundo laboral, lo haga con ganas y empuje para avanzar, y con la formación necesaria para poder enfrentarse a los desafíos de los tiempos próximos.

Lo ocurrido en Norteamérica produce esperanza. Después de los dos años del presidente Trump, con serios retrocesos de los derechos humanos y con una política que ha puesto patas arriba las instituciones internacionales, la mayoría de los estadounidenses ha dicho “¡basta!”. Ha apoyado un cambio profundo y democrático y ha incorporado al gobierno de las instituciones a progresistas decididos, a homosexuales, musulmanes e indígenas, a más mujeres, latinos y negros, en lugar de millonarios y racistas.

La principal enseñanza es que no debemos rendirnos, especialmente los jóvenes. Los partidarios del retroceso, de aumentar las desigualdades, desean que nos resignemos, que aceptemos lo que hay, que lleguemos a creer que nada puede hacerse para mejorar las cosas. Lo ocurrido el martes pasado en Estados Unidos es un grito de “¡ánimo!” que nos llega desde la otra orilla del Atlántico, como hace poco nos vino de Brasil.

Cada joven debe decidir entre aceptar lo que hay o pelear por conseguir algo mejor. Como en su día hicimos los que ya dejamos de ser jóvenes. Luchar por una sociedad mejor no supone solo criticar lo que ahora existe, sino que exige hacer propuestas viables. Para ello hay que implicarse en lo público: en partidos políticos, asociaciones ciudadanas, instituciones de la sociedad civil… Recientemente, la Lista Estudiantil, promovida por numerosos jóvenes, logró 141 escaños de un total de 250 en las Elecciones a la Asamblea Nacional de Serbia. Puede ser un ejemplo de lo que es capaz de conseguir una juventud que piensa en el conjunto de la sociedad y no aspira solo a salvarse a sí misma.

Espero que el próximo Gobierno se tome en serio la situación de la juventud española.

TE PUEDE INTERESAR