Un conjunto de círculos enterrados durante milenios ha salido a la luz en la localidad de Rechnitz, en Burgenland, el estado menos poblado de Austria. Arqueólogos han documentado una rara colección de estructuras circulares del Neolítico, datadas entre 4850 y 4500 a.C., más de 2.000 años anteriores a Stonehenge y a las Pirámides de Guiza. Los hallazgos fueron anunciados por Burgenland Archaeology y difundidos por varias fuentes científicas tras concluir las excavaciones en septiembre de 2025.
Las primeras señales afloraron entre 2011 y 2017, cuando estudios aéreos y prospecciones geomagnéticas detectaron patrones concéntricos bajo el prado. Con la excavación finalizada en 2025, los investigadores confirmaron que se trataba de sistemas de fosos circulares obras de tierra características del periodo neolítico que permanecían ocultos desde hace milenios.
El enclave destaca por albergar al menos tres recintos de gran tamaño, de hasta 105 metros de diámetro, con evidencias de haber estado delimitados por postes de madera. Los hoyos de poste aún visibles indican la disposición de estacas verticales y posiblemente varios anillos, rasgos que coinciden con otros sistemas de fosos documentados en Europa Central. En la región se han identificado más de 120 estructuras similares, aunque su función precisa sigue siendo desconocida.
Bajo la hierba, un misterio de 6.500 años
La particular proximidad de múltiples recintos monumentales en Rechnitz sugiere para los científicos un papel más relevante de lo asumido hasta ahora. Según Nikolaus Franz, director de Burgenland Archaeology, la coexistencia de tres construcciones de este tamaño en un mismo entorno permite clasificar el yacimiento como un centro suprarregional del Neolítico medio. De acuerdo con su valoración, el lugar ofrece claves sobre los clanes que introdujeron técnicas de agricultura y ganadería en el actual territorio austríaco durante el VI milenio a.C.
A diferencia de hallazgos aislados en otras zonas de Europa, los recintos de Rechnitz conforman un complejo aparentemente integrado, con posibles funciones ceremoniales o comunales. Los datos obtenidos apuntan a que el enclave no solo habría alojado asentamientos, sino que también pudo articular intercambios regionales, formas de organización social y prácticas agrícolas en una fase crucial de la prehistoria europea.
Concluida la fase arqueológica, Burgenland Archaeology impulsa la transformación del área en un centro de visitantes y parque arqueológico abierto al público. Como parte de la musealización, se han plantado cultivos característicos de la Edad de Piedra —como cebada, lino y ortiga— para ofrecer una aproximación práctica a la vida cotidiana de hace más de 6.500 años.
Paralelamente, se han enviado muestras de suelo a la Universidad de Viena con el objetivo de profundizar en las técnicas agrícolas y las dietas antiguas de las comunidades neolíticas. El análisis de microrestos y señales ambientales podría perfilar con mayor nitidez cómo vivían, se adaptaban al entorno y se relacionaban entre sí estos primeros agricultores de Europa central, y qué papel desempeñó Rechnitz en esa red.
