El «eslabón perdido» que investigadores de Canarias han encontrado en los sistemas planetarios
El IAC y la ULL en Canarias observan por primera vez la etapa que faltaba en la vida de los planetas
Los cielos de Canarias siempre han estado entre los mejores del mundo para la observación espacial. Los sistemas planetarios tienen infancia y tienen madurez, y ambas se conocían razonablemente bien. Lo que faltaba era el tramo intermedio, esa etapa en la que los planetas ya están formados pero el sistema entero sigue reorganizándose. Un equipo internacional con participación del Instituto de Astrofísica de Canarias y de la Universidad de La Laguna acaba de observarla por primera vez con detalle, y el propio IAC ha descrito el hallazgo como el equivalente cósmico de la adolescencia.
El trabajo se ha realizado dentro del proyecto ARKS, siglas en inglés de un rastreo destinado a resolver las subestructuras de cinturones de tipo Kuiper fuera del Sistema Solar, y se ha apoyado en el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array, uno de los radiotelescopios más potentes del planeta. El resultado se ha publicado en Astronomy and Astrophysics en forma de diez artículos científicos simultáneos, una modalidad de publicación poco habitual que da idea del volumen de datos manejado desde Canarias.
Qué es un disco de escombros
Cuando una estrella se forma, lo hace rodeada de un disco de gas y polvo del que acaban naciendo los planetas. Terminado ese proceso, no queda un sistema limpio: queda un cinturón de restos, fragmentos y polvo que orbitan alrededor de la estrella y que colisionan entre sí. Eso es un disco de escombros. En nuestro propio sistema, el equivalente más conocido es el cinturón de Kuiper, esa región situada más allá de Neptuno donde se encuentra Plutón.

Estudiar esos discos permite algo que de otro modo sería imposible: ver cómo se comportan los sistemas planetarios cuando ya están formados pero aún en plena reorganización. La investigación en la que participan el IAC y la ULL ha obtenido las imágenes más nítidas conseguidas hasta la fecha de 24 de esos discos, situados alrededor de estrellas jóvenes. La resolución alcanzada es lo que ha permitido distinguir estructuras internas que hasta ahora quedaban difuminadas.
La estructura de un disco de escombros no es uniforme. Sus huecos, anillos y asimetrías son la huella indirecta de los planetas que orbitan en ese sistema, aunque esos planetas no se vean.
Lo que esto dice de nuestro propio sistema desde Canarias
Ahí está el interés de fondo del trabajo, y también su conexión con algo bastante más cercano. Según ha explicado el IAC, los resultados del proyecto ARKS son especialmente valiosos para entender cómo se forman los planetas jóvenes y cómo terminan reordenándose hasta constituir sistemas completos, exactamente igual que ocurrió en el Sistema Solar. Observar veinticuatro adolescencias ajenas es, en la práctica, la única forma de reconstruir la nuestra, que sucedió hace miles de millones de años y de la que no queda testigo directo.
La participación de Canarias en este tipo de proyectos no es anecdótica. El IAC figura entre los centros de referencia mundial en astrofísica y el archipiélago alberga en el Roque de los Muchachos y en el Teide dos de los mejores cielos del hemisferio norte para la observación astronómica. Que investigadores del IAC y de la ULL firmen un rastreo internacional realizado con ALMA responde a esa posición consolidada, y entre los científicos vinculados al proyecto figura Carlos del Burgo.
Para el lector no especializado, el resumen es más sencillo de lo que parece. Hasta ahora teníamos fotografías del nacimiento de los sistemas planetarios y fotografías de su madurez desde Canarias, pero el álbum tenía un hueco de varios cientos de millones de años. Lo que ha hecho este equipo, con participación de Canarias, es rellenar ese hueco con veinticuatro imágenes. Y en astronomía, rellenar un hueco del álbum suele significar que hay que reescribir parte de lo que se daba por sabido.