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sábado, 8 de agosto de 2026 · 14:25 · Canarias
Cultura

El único lenguaje silbado del mundo es de Canarias: un estudio demuestra que el cerebro lo procesa como lenguaje

Estuvo a punto de desaparecer y hoy es asignatura obligatoria: cómo se salvó el silbo gomero en Canarias

Silbo Gomero en Canarias
Gente de La Gomera en Canarias · Agencias

Imagina una conversación completa en Canarias, con frases enteras y matices, sostenida entre dos personas separadas por un barranco de kilómetros de ancho. No a gritos, no con señales: hablando. Eso es exactamente lo que ocurre en La Gomera desde hace siglos, y tiene nombre propio y reconocimiento internacional. El silbo gomero es el único lenguaje silbado del mundo plenamente desarrollado y practicado por una comunidad numerosa, según la definición de la Unesco, que lo inscribió en 2009 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de Canarias.

Conviene matizar ese «único», porque es donde casi todo el mundo se equivoca. Lenguajes silbados hay más: sobreviven en Turquía, México, Grecia, China, Nepal, Senegal, Vietnam y Papúa Nueva Guinea, entre otros lugares. Lo excepcional del silbo gomero no es existir, sino seguir vivo con más de 22.000 hablantes detrás y con un sistema educativo que lo enseña en las aulas.

Cómo funciona realmente el silbo gomero de Canarias: seis silbidos para todo el español

El mecanismo es de una elegancia asombrosa. El silbo gomero no es un código de señales convenido, del tipo un silbido para y dos para no. Es una transposición fonética del español hablado: reemplaza las vocales y consonantes de la lengua por silbidos. Dos silbidos diferenciados sustituyen a las cinco vocales españolas, y otros cuatro cubren las consonantes.

Con esos seis elementos se construye todo. Los silbidos se distinguen por su tono y por su interrupción o continuidad, y esa combinación basta para que un silbador experimentado transmita cualquier mensaje, no un repertorio cerrado de frases. Hay incluso variantes locales que permiten identificar de qué zona de la isla procede quien silba, exactamente igual que un acento revela el origen de un hablante.

La razón de su existencia es puramente geográfica de Canarias. La Gomera es un territorio de barrancos profundos y laderas escarpadas donde dos puntos separados por un kilómetro en línea recta pueden estar a horas de camino. Los pastores necesitaban comunicarse a distancia y el grito no daba de sí. El silbido, en cambio, es el sonido más potente que un ser humano puede producir sin herramientas, y su tono agudo atraviesa el aire mucho mejor que la voz. Un mensaje silbado puede recorrer varios kilómetros y rebotar entre las paredes de un barranco hasta alcanzar a alguien situado al otro lado.

El origen se remonta a los aborígenes de Canarias, que lo empleaban antes de la llegada de los castellanos, y hay constancia de que se practicó también en otras islas del archipiélago. Lo que se conserva hoy es la adaptación al castellano de aquel sistema, evolucionada durante siglos y sostenida por transmisión de maestros a discípulos.

El silbo gomero en Canarias no es un código sobreimpuesto al español ni una habilidad de circo. Es una modalidad completa del propio idioma, y quien lo domina no traduce mentalmente: entiende directamente, igual que quien escucha una frase hablada.

Lo que descubrió la resonancia magnética sobre el silbo gomero en Canarias

La afirmación anterior no es retórica: está medida. En 2005, un equipo liderado por Manuel Carreiras, de la Universidad de La Laguna, junto a David Corina, de la Universidad de Washington, analizó mediante resonancia magnética funcional la actividad cerebral de silbadores gomeros mientras escuchaban frases completas en silbo y en español. El trabajo se publicó en la revista Nature.

El resultado fue inequívoco. Al escuchar silbo en Canarias, en los expertos se activaban regiones específicas del hemisferio izquierdo, entre ellas zonas de la región posterior temporoparietal y del córtex frontal premotor. Son precisamente las áreas implicadas en la comprensión y producción del lenguaje hablado. En quienes no conocían el silbo gomero, esas áreas no respondían del mismo modo: para ellos era ruido; para los silbadores, era lengua.

La conclusión que extrajeron los investigadores va más allá de La Gomera en Canarias y toca una pregunta de fondo sobre cómo funcionamos. Las regiones del hemisferio izquierdo dedicadas al lenguaje están especializadas en tareas de comunicación con independencia del canal, ya sea una palabra hablada, un silbido o un signo gestual. El cerebro no busca sonidos concretos: busca estructura lingüística, y la reconoce venga por donde venga.

Hay un detalle que refuerza esa idea y que aporta la lingüística. La adquisición del silbo gomero en la infancia sigue patrones parecidos al aprendizaje de una lengua oral, con una etapa previa de balbuceo silbado antes de alcanzar competencia plena. No se memoriza como una tabla: se adquiere como se adquiere un idioma.

Su supervivencia, sin embargo, no fue automática en Canarias. Los cambios en la forma de vida de la isla durante el siglo XX estuvieron a punto de acabar con él, y la recuperación arrancó gracias al empeño de un maestro, Isidro Ortiz, que tras regresar de la emigración a Venezuela empezó a enseñarlo de forma altruista a los niños de un colegio unitario de Chipude.

Aquella iniciativa individual acabó convertida en política pública. En 1999, la Consejería de Educación estableció que el silbo gomero debía conocerse, protegerse y divulgarse en las escuelas de La Gomera, incorporándolo a Primaria y Secundaria. Hoy su enseñanza es obligatoria en los centros de la isla y voluntaria en los del resto del archipiélago, con materiales didácticos propios, profesorado formado y encaje en el currículo de Lengua Castellana y Literatura.

Diez años después de aquella decisión llegó el reconocimiento de la Unesco, y la relación entre ambas cosas no es casual: fue precisamente la escuela lo que permitió argumentar que el silbo seguía vivo en Canarias.

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