El hallazgo del esqueleto de un dingo enterrado con honores hace casi 1.000 años a orillas del río Baaka, en el oeste de Nueva Gales del Sur (Australia), está aportando a los arqueólogos una visión sin precedentes sobre la profunda relación entre los pueblos indígenas australianos y estos cánidos salvajes. El animal parece haber sobrevivido a graves heridas antes de ser enterrado deliberadamente en un lugar ceremonial que permaneció activo durante siglos después de su muerte.
El estudio de los arqueólogos, publicado el 18 de mayo en la revista científica Australian Archaeology, es fruto de la colaboración entre los ancianos de la comunidad indígena Barkindji y un equipo internacional de investigadores de la Universidad de Sídney, el Museo Australiano, la Universidad Nacional de Australia y la Universidad de Australia Occidental. En la cultura Barkindji, los garli (dingos) formaban parte de la vida cotidiana y ceremonial.
El hallazgo de Uncle Badger Bates
Los huesos fueron identificados por los arqueólogos por primera vez en el año 2000 por el anciano Barkindji Uncle Badger Bates junto al arqueólogo Dan Witter, cuando la erosión en un corte de carretera reveló parcialmente el esqueleto en el Parque Nacional de Kinchega, en la región de los Lagos Menindee, a unos 1.300 kilómetros al oeste de Sídney. Tras las inundaciones posteriores que amenazaron con destruirlo definitivamente, el Consejo de Ancianos Aborígenes de Menindee solicitó una excavación de rescate.
Los análisis de radiocarbono dataron al animal entre 963 y 916 años de antigüedad. Era un macho que vivió entre los 4 y los 7 años, una edad avanzada para un dingo. Sus dientes mostraban un desgaste considerable, prueba de años de actividad cazadora.
«Si los garli eran enterrados con el mismo cuidado y respeto que las madres y los ancianos, esto nos dice que estos animales eran profundamente valorados y amados», explicó la doctora Amy Way del Museo Australiano.
Heridas curadas: la prueba del cuidado humano
Lo que más sorprendió a los investigadores y arqueólogos fue el estado de los huesos. El esqueleto presentaba costillas rotas y una fractura en la pata trasera, todas ellas sanadas. Los investigadores sugieren que las lesiones pudieron producirse durante una cacería de canguros (es habitual que un canguro corneado o acorralado patee con violencia al cánido que lo persigue).

En la naturaleza, un dingo herido de esa gravedad raramente sobreviviría el tiempo suficiente para que sus heridas curaran. La conclusión científica es clara: el animal recibió cuidados humanos prolongados, protección frente a otros depredadores y muy probablemente alimento durante su recuperación.
«No solo tolerados: domesticados»
El doctor Loukas Koungoulos, autor principal del estudio, de la Universidad de Australia Occidental, ha sido contundente: los dingos como este no eran simplemente tolerados en los campamentos aborígenes. Convivían estrechamente con la gente, recibían cuidados y formaban parte de la vida cotidiana. El hallazgo confirma que esta tradición estaba mucho más extendida geográficamente de lo que se creía, ampliando el mapa de enterramientos rituales de dingos en Australia.
Un cementerio que se utilizó durante 500 años más para los arqueólogos
El detalle más extraordinario del estudio de los arqueólogos se refiere a lo ocurrido después de la muerte del animal. El dingo fue enterrado deliberadamente en un basurero ritual o midden, un montículo de materia orgánica y conchas construido junto a la ribera del río. Los arqueólogos creen que el basurero se construyó específicamente para el entierro o aproximadamente al mismo tiempo.
Lo asombroso es que el lugar siguió en uso durante cinco siglos posteriores. Los aborígenes Barkindji continuaron añadiendo conchas de mejillón de río al basurero durante cientos de años, en lo que los ancianos de la comunidad describen como un ritual de «alimentación» destinado a honrar al dingo como ancestro. Los investigadores subrayan que es la primera vez en el mundo que se documenta arqueológicamente este tipo de ritual de «alimentación» vinculado a un enterramiento de dingo.
Ciencia y tradición oral, juntas
La investigación de los arqueólogosse llevó a cabo con el apoyo del Consejo de Ancianos Aborígenes de Menindee y con la participación directa de custodios Barkindji como Dave Doyle y la anciana Barb Quayle. Los investigadores destacan que el esqueleto no revela una tradición olvidada, sino que aporta evidencia arqueológica que respalda un conocimiento que el pueblo Barkindji ha mantenido durante generaciones. Una vez finalizado el análisis, los restos del dingo fueron devueltos a Country, el término con el que la cultura indígena australiana describe la conexión espiritual, cultural y social con la tierra ancestral.
«Esta investigación refuerza lo que el pueblo Barkindji siempre ha sabido. Estas relaciones con los animales, los ancestros y la tierra fueron profundas, deliberadas y continuadas», concluye la doctora Way.