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jueves, 15 de octubre de 2026 · 12:01 · Canarias
Sucesos

Más de 300 crías de ballena muertas: los científicos ya saben de qué, pero no por qué

Han muerto más de 300 crías de ballena en Patagonia y la principal sospechosa de los científicos es una gaviota

Una cría de ballena muerta varada en las costas de la Península Valdés por los científicos, Argentina. (Crédito de la imagen: Instituto de Conservación de Ballenas.)
Ballenas muertas encontradas por los científicos · Agencias

Desde junio según datos científicos, han aparecido muertas más de 300 crías de ballena franca austral en la Patagonia argentina. Los científicos lo describen como un episodio excepcional, y con razón: el récord anterior, registrado en 2012, fue de 113 ejemplares, la cifra más alta jamás documentada para la especie tanto a nivel local como mundial.

Los análisis de laboratorio ya han dado una respuesta parcial. Las muestras dieron positivo en Erysipelothrix rhusiopathiae, la bacteria causante de la erisipela, según confirmaron las autoridades ambientales de la provincia de Chubut. «Lo que están mostrando esas muestras es que las crías murieron de erisipela», explica Víctor Fratto, director del Programa de Rescate de Fauna Autóctona.

Por qué la sospechosa es una gaviota según los científicos

Aquí está el giro que casi nadie espera. La hipótesis de trabajo señala como vector a las gaviotas cocineras, que llevan décadas picoteando el lomo de las ballenas en Península Valdés.

«El picoteo causa heridas en el lomo, lo que permite la entrada de la bacteria», explica Fratto. «Las bacterias podrían estar ya presentes en la piel, o podrían ser transportadas en el pico de una gaviota que previamente hubiera picoteado a otra ballena con erisipela».

Bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae. CDC Public Health Library (PHIL).
Bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae. CDC Public Health Library (PHIL).

 

Las crías son especialmente vulnerables por dos motivos: su sistema inmunitario todavía se está desarrollando y pasan más tiempo en la superficie que los adultos, lo que las expone a más ataques.

Pero hay un problema con esa explicación: los ataques de gaviotas se registran en la zona desde los años setenta. Llevan décadas ocurriendo y las gaviotas son parte habitual del ecosistema. Por sí solos no explican lo de este año.

Lo que nadie sabe todavía sobre las ballenas pero si los científicos

Esa es la pregunta que tiene a los científicos contrarreloj. La bacteria se identificó por primera vez en crías de ballena franca austral en 2013, y es además ubicua y oportunista: está presente en el medio marino y en peces, crustáceos y aves. Los cerdos son uno de sus reservorios naturales. Su presencia no significa necesariamente que un animal esté enfermo.

«La batalla entre los organismos vivos y los patógenos es constante», señala Carla Fiorito, investigadora del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos. «Pero para que esto ocurra ahora, tiene que haber habido un cambio en el equilibrio entre el agente, el hospedador y el entorno».

Los especialistas y científicos barajan varios factores actuando a la vez. Cambios en la temperatura del agua, la salinidad, el pH o las precipitaciones podrían alterar las condiciones en las que se produce la infección. También podría haber variaciones en la disponibilidad de alimento, afectando al estado corporal de las madres y a la vulnerabilidad de sus crías. Y existe una tercera posibilidad: que haya cambiado el propio patógeno, con la aparición de una cepa más virulenta o un serotipo distinto.

Se menciona además El Niño como posible factor para los científicos, al alterar las condiciones oceanográficas y la disponibilidad de alimento, aunque los investigadores insisten en que no hay evidencia suficiente para vincularlo con la mortandad.

Queda un último elemento que conviene conocer: la erisipela puede infectar a las personas, normalmente a través de heridas en la piel. Los cadáveres de las ballenas suponen un riesgo de exposición para quien entre en contacto con ellos, y también el agua de mar para quien se bañe en la zona.

Sobre el impacto real en la población es pronto para saberlo. Un investigador apunta que la cohorte de crías nacidas vivas este año estará prácticamente ausente de los registros adultos del futuro. Otro es más cauto: se trata de animales extremadamente longevos y una sola temporada de mortalidad excepcional no implica necesariamente un declive. «Lo preocupante sería que hubiera dos, tres o cuatro episodios como este».

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