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martes, 21 de julio de 2026 · 03:22 · Canarias
Salud

La soledad afecta ya al corazón y la memoria de uno de cada cinco mayores

La soledad no deseada afecta ya a uno de cada cinco mayores de 75 años en España y se asocia con deterioro de la memoria, enfermedades cardiovasculares y mayor riesgo de depresión.

La soledad no deseada afecta al 20% de los mayores de 75 años en España y se asocia con deterioro cognitivo y enfermedades cardiovasculares.

Una de cada cinco personas mayores de 75 años en España vive instalada en la soledad sin haberlo elegido. Los datos del Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada, SoledadES, revelan que este fenómeno afecta al 20% de los mayores de ese tramo de edad y que, lejos de ser un problema individual, tiene consecuencias directas sobre la salud física y mental de quienes lo padecen. Reconocer las señales a tiempo y actuar antes de que el aislamiento se cronifique es, según los expertos, la clave para revertirlo.

La soledad no deseada no irrumpe de forma brusca. Se instala despacio, casi sin que nadie lo advierta. Una llamada que deja de llegar, una visita que se pospone semana tras semana, una afición que se abandona porque ya no apetece salir de casa. Cuando la persona o su entorno se da cuenta, los días han empezado a parecerse demasiado entre sí y el aislamiento lleva meses ganando terreno.

Uno de los aspectos más delicados de este fenómeno es que sus señales se confunden con facilidad con comportamientos propios de la edad. Un mayor que rechaza planes que antes disfrutaba, que participa menos en reuniones familiares o que pierde el interés por aficiones que le habían acompañado durante décadas puede parecer, a simple vista, alguien que simplemente «se ha vuelto más tranquilo». Sin embargo, detrás de esos cambios de conducta a veces late algo más profundo que merece atención.

Qué le ocurre al organismo de los mayores que se sienten solos

Las consecuencias de la soledad no deseada afectan a la salud y van bastante más allá del estado de ánimo. Estudios científicos han constatado que el aislamiento social en personas mayores se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, insomnio, depresión y ansiedad. La evidencia también apunta a que la soledad crónica puede ser tan perjudicial para la salud general como el tabaquismo o la obesidad.

En lo que respecta a la función cognitiva, la investigación más reciente matiza el debate. Un estudio europeo con más de 10.000 adultos mayores, que analizó datos de la Encuesta sobre Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa (SHARE) entre 2012 y 2019, concluyó que los mayores con altos niveles de soledad presentaban peores resultados iniciales en pruebas de memoria, aunque el ritmo de deterioro posterior era similar al de quienes no se sentían solos. Los autores sugieren incorporar la evaluación periódica de la soledad a las revisiones de salud habituales en adultos mayores.

Un seguimiento realizado en Ámsterdam con más de 2.000 personas mayores durante tres años identificó con los servicios de teleasistencia, no obstante, la soledad no deseada como un factor de riesgo independiente de demencia, con mayor incidencia entre quienes vivían solos y referían sentirse aislados. La soledad también puede llevar a deficiencias nutricionales por cambios en los hábitos alimenticios, así como a un estilo de vida más sedentario que agrava el estado físico general.

«La soledad no deseada es una problemática transversal y, con independencia de que sea impuesta o deseada, los efectos perniciosos de la soledad son indiscutibles.»

Antonio Balbontín·Secretario general del IMSERSO

Por qué cada vez más mayores llegan a edades avanzadas sin red de apoyo

El envejecimiento de la población y los cambios en la estructura familiar han transformado el paisaje de los cuidados en España. Antes era habitual que varias generaciones convivieran bajo el mismo techo o mantuvieran un contacto diario. Hoy las familias están más dispersas geográficamente y las dinámicas laborales dificultan esa cercanía constante. El resultado es que muchos mayores llegan a edades avanzadas con menos apoyos cotidianos que las generaciones anteriores.

La jubilación actúa como un acelerador silencioso del problema. Durante años, el trabajo proporciona horarios, rutinas y relaciones que forman parte de la vida diaria. Cuando esa estructura desaparece, algunas personas descubren que buena parte de sus vínculos estaban ligados a ella. A esto se suman circunstancias inevitables como la pérdida de la pareja, las limitaciones físicas para desplazarse con autonomía o los problemas de salud que reducen la movilidad.

Los datos del Barómetro de la soledad no deseada en España 2024, promovido por la Fundación ONCE y la Fundación AXA en el marco del Observatorio SoledadES, confirman que cerca de dos millones de personas mayores viven solas en el país, de las cuales 850.000 tienen más de 80 años y el 78% son mujeres. El mismo barómetro señala que dos tercios de quienes padecen soledad no deseada llevan más de dos años en esa situación, lo que confirma que, para muchos, no se trata de un episodio puntual sino de una condición persistente y difícil de revertir.

El perfil de riesgo no es homogéneo. El informe Redes para la Vida, elaborado por el catedrático de Sociología Esteban Sánchez con la colaboración de la Universidad de Santiago de Compostela y presentado en el IMSERSO en octubre de 2025, detecta que el 16,2% de los mayores en España está en riesgo de soledad no deseada, con un porcentaje que supera el 12% entre los mayores de 75 años. El factor económico también pesa: la prevalencia de la soledad no deseada es más del doble entre personas que tienen dificultades para llegar a fin de mes (30,1%) frente a quienes lo hacen con holgura (13,3%).

La geografía añade otra variable. Los mayores que residen en grandes ciudades se sienten más solos que quienes viven en municipios pequeños. En localidades de hasta 20.000 habitantes, el 12,7% de los mayores refiere sentirse solo; en ciudades de más de 500.000 habitantes, esa cifra se duplica y alcanza el 25,1%, según los datos del Observatorio SoledadES.

La prevención, sin embargo, no requiere siempre de grandes recursos. Una llamada para preguntar cómo ha ido el día, una visita inesperada, compartir un café o acompañar a una consulta médica se convierten en momentos de gran valor para quien pasa largas horas sin compañía. Mantener actividades regulares, como participar en talleres, asociaciones vecinales, centros culturales o grupos de ocio, ayuda a conservar vínculos existentes y a crear otros nuevos. En este contexto, herramientas como la teleasistencia han ganado peso como apoyo para los mayores y sus familias, más allá de su función en situaciones de emergencia.

La soledad no deseada suele tratarse como un problema individual, pero afecta a toda la sociedad. Cada persona mayor que se siente aislada refleja una red de relaciones que, por distintos motivos, ha ido debilitándose con el tiempo. Por eso la prevención no depende únicamente de instituciones o servicios especializados: también tiene que ver con recuperar algo tan básico como interesarse por quienes tenemos cerca.

El Gobierno aprobó en 2026 el Marco Estratégico Estatal de Soledades 2026-2030, impulsado por el Ministerio de Derechos Sociales, con el objetivo de coordinar a administraciones públicas, tejido comunitario y tercer sector para ofrecer una respuesta estructural y continuada. Es la primera vez que España aborda este fenómeno de forma transversal, con un sistema de seguimiento que permitirá evaluar el impacto de las medidas a lo largo del periodo de vigencia del plan. Entre las líneas de actuación figuran el refuerzo de las redes vecinales, los programas intergeneracionales y la potenciación de espacios de encuentro como bibliotecas o centros cívicos.

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