Megaincendios que se «fabrican» su propia tormenta: lo que está cambiando en los fuegos de Canarias
Canarias adelantó al pasado lunes 1 de junio su campaña contra los incendios forestales con un despliegue sin precedentes: 2.600 efectivos, 19 medios aéreos y 202 autobombas. Pero frente a este gran dispositivo institucional, la comunidad científica plantea una advertencia incómoda: el problema actual del fuego en el archipiélago ya no se resuelve sumando más bomberos y aviones, sino transformando de raíz la gestión del territorio en Canarias. Lo asegura un reciente estudio de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), publicado en la revista científica Geographies.
«No es una cuestión de más medios, sino de ordenar el territorio. Ya no se trata de centrarnos solo en la extinción y tener más aviones y más bomberos, sino de transitar hacia un modelo resiliente basado en la gestión del territorio», asegura el Instituto Universitario de Oceanografía y Cambio Global (IOCAG) de la ULPGC y autor principal del estudio en Canarias.
El dato que lo cambia todo: el 0,4% que arrasó el 97,6%
Las cifras del estudio son inquietantes. Según el análisis y el estudio oficial, en los últimos veinte años en Gran Canaria se han registrado cerca de mil incendios. «Cada vez son menos, pero mucho más intensos», explica Medina. Y la conclusión más demoledora del trabajo se concentra en una proporción difícil de olvidar: solo cuatro de esos fuegos, el 0,4%, han calcinado el 97,6% de la superficie total quemada en las últimas dos décadas en la isla.
Los investigadores califican a esos cuatro megaincendios como «incendios de sexta generación», una categoría científica reciente para describir fuegos tan masivos y extremos que generan su propia meteorología interna. Tienen una dinámica atmosférica propia en Canarias, se vuelven inabordables con las estrategias tradicionales de los bomberos forestales y son capaces incluso de derretir el asfalto.
Los cuatro megaincendios que han marcado a Gran Canaria
Julio-agosto de 2007: Tejeda, San Bartolomé y Mogán
El mayor incendio de la historia de las islas hasta la fecha. Calcinó 18.972 hectáreas, casi la mitad de toda la superficie quemada en las últimas dos décadas. Obligó a evacuar a unas 4.000 personas y se desarrolló bajo condiciones térmicas extremas, con jornadas que superaron los 40 grados. El fuego fue provocado por un vigilante forestal que, según su confesión, pretendía denunciar los pocos medios disponibles para su trabajo y ampliar su contrato.
Septiembre de 2017: Cruz de Tejeda
Quemó 1.893 hectáreas. Su capacidad destructiva no estuvo tanto en la extensión total como en su impacto directo sobre la interfaz urbano-forestal, las zonas pobladas incrustadas en el bosque. Forzó la evacuación de unas 400 personas y expuso, según los investigadores, la enorme vulnerabilidad de las viviendas en estas áreas.
Agosto de 2019: Artenara, Valleseco y Tejeda
Calcinó 10.700 hectáreas y obligó a evacuar a unas 10.000 personas, el mayor desalojo en la historia de Gran Canaria y el segundo del archipiélago canario. Solo lo superó el devastador incendio de Tenerife de agosto de 2023, que evacuó a más de 26.000 personas.
Febrero de 2020: Tasarte y La Aldea de San Nicolás
El cuarto megaincendio quemó casi mil hectáreas, pero su particularidad estuvo en el calendario: se produjo en febrero, rompiendo todas las estimaciones estacionales habituales. La gran sequía de ese invierno, los fuertes vientos y la calima elevaron las temperaturas invernales por encima de lo previsto.
«El reto ya no es eliminar el fuego, sino convivir con él bajo un modelo que reduzca su impacto y evite que se convierta en un desastre», concluye el estudio publicado en la revista Geographies.
El mito climático: por qué no basta con culpar al cambio climático en Canarias
La ciudadanía de Canarias asume sistemáticamente que el cambio climático es el único responsable de que las llamas resulten ahora incontrolables. La ciencia confirma que el calentamiento global agrava el riesgo aumentando los días con temperaturas superiores a los 30 grados (como ocurrió con el fuego de Tasarte en pleno febrero). Pero el factor climático no explica por sí solo el surgimiento de los megaincendios.
Para los expertos, la auténtica mecha de los fuegos de sexta generación radica en el abandono de las tierras rurales de Canarias y la forma actual de ocupar el monte. La masificación del territorio, el éxodo agrícola y la búsqueda de tranquilidad fuera de los núcleos urbanos han provocado que cada vez aparezcan más viviendas dispersas en plena naturaleza, lo que los investigadores denominan «disrupción urbanística».
«Cuando el fuego estalla en estas zonas pobladas, la dinámica de los efectivos contra incendios cambia. En ese momento ya no se trata de apagar fuegos, se trata de salvar vidas», advierte Medina.
Las soluciones: del paisaje mosaico al ALERTAGRAN
El estudio propone un giro de modelo integral basado en cuatro pilares. El primero es el paisaje mosaico: romper la homogeneidad del monte alternando bosque con zonas de cultivo, recuperando el pastoreo tradicional, especialmente la trashumancia, y empleando quemas controladas en invierno para crear cinturones que dificulten el avance de las llamas en verano.
El segundo pilar es la autoprotección ciudadana en Canarias y los avisos por incencios. Solo alrededor del 9% de los planes municipales de Canarias han sido actualizados en la última década, lo que deja muchas zonas de riesgo en un limbo normativo. Los expertos recomiendan limpiar el perímetro de al menos 15 metros alrededor de fincas y viviendas, garantizar el acceso a los servicios de emergencia y contar con planes familiares de evacuación.
El tercer pilar es tecnológico en Canarias. Medina destaca la utilidad de mapear las Zonas de Alto Riesgo de Incendio (ZARI) y de sistemas como ALERTAGRAN, la red inteligente del Cabildo de Gran Canaria para la prevención y gestión de emergencias, que permite al CECOPIN anticipar riesgos mediante monitorización en 3D y gestión operativa en tiempo real. El cuarto pilar es educativo: convertir la cultura del riesgo en una variable transversal del sistema escolar de Canarias.
«Aprender a vivir con el fuego»
La conclusión es contundente y va más allá del propio archipiélago. «Hay que aprender a vivir con los incendios forestales», asegura. El futuro pasa por asumir que el fuego es parte del ecosistema mediterráneo y atlántico, y diseñar un territorio y una sociedad preparados para que cuando surja, no se convierta en una catástrofe.