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viernes, 16 de octubre de 2026 · 13:33 · Canarias
CIENCIA Y TECNOLOGíA

Robert Monturiol examina por qué la abundancia de predicción revaloriza el criterio humano en la empresa

La inteligencia artificial está alterando qué capacidades resultan escasas dentro de las organizaciones y cuáles dejan de serlo. Robert Monturiol propone leer ese desplazamiento en clave económica, con precedentes de otras industrias y el respaldo de una trayectoria construida dentro de sistemas regulados, para explicar dónde ganará peso el papel de las personas en las decisiones de negocio.

Generar un informe de mercado, una proyección financiera o una batería de escenarios estratégicos cuesta hoy una fracción del tiempo y del dinero que exigía hace muy poco. Las herramientas de inteligencia artificial han convertido el análisis en un recurso abundante, al alcance de casi cualquier compañía con independencia de su tamaño o de su sector. Robert Monturiol centra su atención en lo que ocurre justo después, cuando producir deja de ser el problema.

Lejos del debate sobre las capacidades futuras de la tecnología, su interés apunta al efecto económico del fenómeno. “Mientras todo el mundo mira lo que la IA podrá hacer, me interesa mirar qué hará la IA más valioso”, resume el propio Robert Monturiol, que evita presentarse como experto en inteligencia artificial y sitúa su terreno en lo que le sucede al valor cuando la producción intelectual se abarata.

La lógica de los bienes complementarios que aplica Robert Monturiol

El razonamiento parte de un principio clásico de la economía aplicada. Cuando una disrupción tecnológica abarata de forma radical un factor de producción, el valor de sus bienes complementarios se dispara en lugar de caer. La reducción histórica del coste del cálculo computacional multiplicó la importancia del diseño de software, y el desplome del precio del almacenamiento hizo lo propio con las arquitecturas de datos. Aplicada al presente, la misma dinámica alcanza a un insumo cognitivo central, porque los modelos actuales han abaratado la predicción hasta convertirla en mercancía corriente.

A partir de ahí se desmonta una conclusión extendida en la gestión empresarial, según la cual la abundancia de proyecciones reduciría la necesidad de juicio humano. Para Robert Monturiol sucede lo contrario. Predecir un escenario a partir de patrones pasados constituye una operación técnica, mientras que elegir qué riesgo merece asumirse frente a lo anticipado sigue siendo un acto de criterio que corresponde a las personas. “Cuanto más barata se vuelve la predicción, más caro y determinante resulta el juicio”, sostiene. El debate sobre productividad e inteligencia artificial que recogen de forma periódica los informes de la OCDE gira, en el fondo, alrededor del mismo desplazamiento.

El precedente de la fotografía profesional frente a la automatización

El patrón cuenta con precedentes visibles. Cuando el software de edición fotográfica se volvió universal y gratuito, el precio de la fotografía profesional se partió en dos. La parte ligada a la ejecución técnica se hundió, y la dirección, es decir, saber qué imagen hay que hacer, ganó peso dentro del oficio. Se trata de un ejemplo que Robert Monturiol emplea con frecuencia para ilustrar que la automatización rara vez elimina un mercado por completo, puesto que suele trasladar su parte más rentable de una destreza a otra.

Según Monturiol, un proceso equivalente avanza de forma simultánea en varias industrias donde la ejecución se automatiza. Qué deja de justificar un premium y qué empieza a justificarlo pasa a ser la pregunta decisiva para cualquier compañía que compita por talento o por clientes, y los activos que hoy parecen secundarios pueden convertirse en el cuello de botella de mañana.

Más de treinta años en gobernanza y diseño de infraestructuras complejas

Detrás del planteamiento hay una trayectoria de más de treinta años, iniciada en 1995 y dedicada en buena parte a construir infraestructuras y modelos operativos dentro de entornos altamente regulados. De esa etapa procede su sensibilidad hacia los procesos de largo plazo, la arquitectura fiduciaria y la manera en que el arraigo institucional y la procedencia alteran lo que una propuesta puede llegar a valer en el mercado.

Trasladada al terreno práctico, la tesis deja una indicación concreta para los equipos directivos. Si producir alternativas resulta cada vez más sencillo, la ventaja se desplaza hacia quienes saben distinguir cuál de todas merece ejecutarse. El criterio humano, defiende Robert Monturiol, se comporta como el complemento natural de una tecnología barata y ubicua, y por eso apunta a convertirse en el activo que más se revaloriza dentro de la empresa.

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