Si compras un coche usado en Canarias, hay un dato que si no miras que te puede arruinar
Uno de cada doce coches usados que se venden en España tiene el cuentakilómetros trucado en Canarias
Un coche usado puede cruzar la aduana de Canarias con toda la documentación en regla y llevar 50.000 kilómetros borrados del cuentakilómetros sin que nadie lo detecte. No es una hipótesis: es exactamente lo que permite el sistema actual. El Documento Único Administrativo que deben tramitar los vehículos al entrar en Canarias verifica su situación fiscal, pero no verifica su kilometraje ni su historial de daños.
Ese vacío tiene un precio concreto. Según los datos que maneja un proveedor de diagnóstico vehicular, aproximadamente uno de cada doce coches usados vendidos en España tendría el odómetro manipulado. Y a escala europea, la Comisión Europea ha cifrado los daños provocados por el fraude en el kilometraje en unos 9.600 millones de euros al año, con una concentración clara: la mayoría de los casos se producen en vehículos vendidos en un país distinto al de origen, precisamente porque comprobar su historial resulta mucho más difícil.
El caso que ya desmontó la Policía en Gran Canaria
No hay que irse a Europa del Este para encontrar el patrón. La Jefatura Superior de Policía de Canarias desarticuló una red de concesionarios que operaba exactamente con este método. La táctica consistía en adquirir vehículos procedentes en su mayoría de renting o de alquiler a empresas peninsulares y trasladarlos hasta Las Palmas de Gran Canaria. Una vez en la isla, un experto en mecánica manipulaba el cuentakilómetros y los reducía antes de ponerlos a la venta en distintos concesionarios de Las Palmas, Arucas o Agüimes.
El detalle más revelador en Canarias es el precio: los vendían siempre por debajo del precio de mercado correspondiente a un coche con ese kilometraje falso, lo que les permitía arrebatar cuota a sus competidores. El comprador creía haber hecho el negocio de su vida. En realidad sufría un doble daño, patrimonial por un lado y de seguridad por otro, porque el vehículo circulaba con un desgaste real de motor y piezas esenciales muy superior al que indicaba el cuadro.
La diferencia de valor explica el incentivo. Un coche en Canarias con 80.000 kilómetros puede valer entre 3.000 y 8.000 euros más que el mismo modelo con 180.000 reales. Quien compra uno manipulado paga en torno a un 25% por encima de su valor verdadero.
Por qué Canarias es especialmente vulnerable
La insularidad multiplica el problema por dos vías. La primera es la de las inspecciones técnicas. Las ITV registran el kilometraje en cada visita, pero un coche que llega de fuera y pasa su primera ITV canaria mostrando 70.000 kilómetros en Canarias no tiene ningún registro doméstico previo que pueda contradecirlo. Y no existe una base de datos europea centralizada que permita a un comprador de San Sebastián de La Gomera comprobar qué marcaba ese mismo coche en una estación de inspección de Stuttgart o Bruselas tres años antes.
La segunda es la del propio mercado en Canarias. Un comprador en una isla pequeña como La Gomera o El Hierro tiene opciones locales muy limitadas y acaba comprando a distancia con frecuencia, ya sea a un vendedor de Tenerife, de Las Palmas o directamente de la península. Cada uno de esos escenarios es, desde el punto de vista de la verificación, funcionalmente una transacción transfronteriza, porque los registros de kilometraje no se consolidan automáticamente entre comunidades autónomas y mucho menos entre países.
Existen soluciones y están probadas. Bélgica y los Países Bajos llevan años realizando verificaciones de kilometraje durante los controles policiales de tráfico, una medida que organizaciones automovilísticas españolas vienen recomendando desde hace más de una década sin que se haya llegado a aplicar.
Mientras eso no cambie, la responsabilidad recae íntegramente en el comprador. Los especialistas recomiendan cruzar el kilometraje actual con el que figura en las ITV anteriores y con las facturas de mantenimiento, desconfiar de historiales incompletos y de cambios frecuentes de propietario, y revisar las señales físicas que no se pueden borrar: el brillo del volante en las posiciones habituales de las manos y el desgaste del lateral del asiento del conductor, que se arruga y se agrieta de forma predecible con el uso. Un coche que dice tener 65.000 kilómetros no debería tener el asiento de un taxi.