Trump amenaza a España con perder territorios extrapeninsulares “como ya ocurrió en el pasado”
El presidente estadounidense evoca la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas como advertencia histórica y señala a España como socio que «no se porta bien» por negarse a elevar el gasto militar al 5% del PIB.
Trump ha lanzado uno de sus ataques más cargados de simbolismo histórico contra España a escasos días de la cumbre de la OTAN en Ankara: el presidente de Estados Unidos evocó el «desastre del 98» y la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas como advertencia directa sobre las consecuencias de la «debilidad defensiva», en un mensaje que en Canarias, Ceuta y Melilla resuena con una fuerza particular. Trump calificó a España de socio que «no se está portando bien» y advirtió que el país «pronto aprenderá», en lo que supone la escalada diplomática más grave entre Washington y Madrid en décadas.
Las declaraciones del mandatario estadounidense no llegaron de forma aislada. Desde hace semanas, la Casa Blanca ha intensificado su presión sobre el Gobierno de Pedro Sánchez por dos motivos concretos: la negativa española a facilitar el uso de las bases de Rota y Morón durante la operación militar contra Irán, denominada Epic Fury, y el rechazo del Ejecutivo a presentar una hoja de ruta creíble para alcanzar el objetivo del 5% del PIB en gasto de defensa pactado por unanimidad en la cumbre de La Haya en 2025. Trump no ha dejado margen a la ambigüedad: «Los españoles pertenecen a la OTAN, pero no son muy buenos miembros», afirmó, antes de añadir el sombrío «pronto aprenderán».
Trump, el «desastre del 98» y el riesgo para los territorios españoles
La referencia al «desastre del 98» no es retórica inocente. Al apelar a la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas como consecuencia de la debilidad militar española de finales del siglo XIX, Trump introduce en el debate una advertencia implícita sobre los territorios que hoy se consideran más vulnerables ante una eventual retirada del paraguas atlántico: Ceuta, Melilla y las islas Canarias. No es una amenaza directa de cesión territorial, pero el mensaje político es difícilmente malinterpretable para cualquier cancillería europea.
El flanco geopolítico que abre esta retórica es especialmente sensible para Canarias. El artículo 6 del Tratado del Atlántico Norte excluye deliberadamente de su ámbito de aplicación a territorios como Ceuta y Melilla. Las Canarias, por su posición geográfica en el Atlántico y su lejanía del continente europeo, también generan interrogantes sobre la solidez del paraguas defensivo en caso de que Washington decida revisar su compromiso con la Alianza. La presencia estadounidense ha sido durante décadas el contrapeso silencioso frente a la presión sobre los territorios españoles en el norte de África. Una retirada, parcial o total, alteraría ese equilibrio de forma sustancial.
Trump no se limitó a las advertencias históricas. En una serie de publicaciones en sus canales de comunicación, el mandatario ofreció cifras concretas para ilustrar lo que calificó de desequilibrio «ridículo» en el reparto de la carga defensiva dentro de la Alianza. Según los datos que él mismo difundió, Estados Unidos destina 999.000 millones de dólares a la defensa común, frente a los 66.500 millones de Francia, los 48.800 millones de Italia o los 44.300 millones de Polonia. España y Alemania, señaló, presentan cifras «sensiblemente más bajas». La conclusión que extrajo fue directa: su país protege a los aliados «sin obtener ningún beneficio a cambio».
«No hay ninguna duda de que el presidente está decepcionado con España, tanto por las cuestiones relacionadas con el acceso a las bases y los sobrevuelos que vimos durante la operación Epic Fury, como por su falta de disposición a presentar una senda creíble y convincente para alcanzar el 5% del PIB en gasto en Defensa.»
Matthew Whitaker·Embajador de Estados Unidos ante la OTAN
España en Ankara: sin plan de gasto y con las bases vetadas
La cumbre de la OTAN se celebrará en Ankara el martes 7 y el miércoles 8 de julio, y España llegará a ella en una posición incómoda. La Administración de Trump ha elevado el tono de sus críticas al Gobierno de Sánchez por la negativa española a facilitar el uso de las bases de Rota y Morón durante la operación estadounidense contra Irán y la ausencia de un plan convincente para alcanzar el objetivo del 5% del PIB en gasto en defensa. España mantiene que sus previsiones presupuestarias continúan situándose alrededor del 2,1% del PIB, muy por debajo del nuevo objetivo defendido por Washington.
El embajador Whitaker descartó un choque directo o represalias contra España durante la cumbre de Ankara, pero advirtió de que Washington prepara medidas contra los aliados que incumplan el objetivo del 5%, sin concretar cuáles serán. Whitaker identificó como «buenos alumnos» a Alemania, Polonia y los países nórdicos y bálticos, y denunció que hay aliados que «se están quedando atrás, bien porque todavía no gastan lo suficiente o porque carecen de una hoja de ruta creíble».
España mantiene un acuerdo especial con la OTAN que la sitúa en el 2,1% del PIB durante la próxima década, mientras países como Polonia ya superan el 4,8%. Pese al incremento del gasto militar europeo, Trump sigue señalando especialmente a España e Italia por considerar que no cumplen suficientemente los compromisos financieros de la Alianza. Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha calificado a España como un socio «horrible» y ha reiterado que numerosos aliados se benefician de la protección estadounidense sin asumir una parte proporcional de la carga.
La amenaza de retirar tropas de suelo europeo de Trump, o incluso la evocación de una salida de la Alianza, tampoco puede ejecutarse de forma unilateral. El artículo 13 del Tratado solo contempla la denuncia voluntaria por parte de un miembro que desee abandonar la Alianza; para expulsar a otro Estado, EE. UU. tendría que proponer una enmienda al texto original, procedimiento que requeriría el acuerdo unánime de todos los aliados, incluido el propio Estado afectado. Sin embargo, la presión política y la amenaza de retirar beneficios bilaterales son herramientas reales que Washington maneja con soltura.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha intensificado sus esfuerzos diplomáticos tras reunirse con Trump en Washington, y adelantó que la cumbre de Ankara servirá para anunciar «miles de millones de dólares en nuevos contratos» de defensa que podrían favorecer especialmente a la industria militar estadounidense. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció que Washington dedicará «hasta seis meses» a revisar el despliegue de tropas y bases militares en Europa con el objetivo de avanzar hacia un mayor liderazgo europeo dentro de la Alianza.
Sobre la mesa en Ankara estarán el compromiso de elevar el gasto militar hasta el 5% del PIB en 2035, el fortalecimiento de la industria europea de defensa y el respaldo a Ucrania, pero el verdadero trasfondo será político: hasta dónde está dispuesto Washington a mantener su compromiso con Europa y qué precio exigirá a cambio. Para el archipiélago canario, situado en el Atlántico medio y con una posición estratégica que históricamente ha generado interés tanto en Washington como en Rabat, el resultado de esa negociación no es una cuestión abstracta.
La cumbre de Ankara para Trump servirá para evaluar por primera vez el grado de cumplimiento de los compromisos asumidos hace un año, pero también para comprobar hasta qué punto las diferencias estratégicas entre Washington y varios gobiernos europeos pueden gestionarse sin erosionar la cohesión interna de la OTAN. El Gobierno de Sánchez deberá decidir en los próximos días si presenta en Ankara alguna concesión que rebaje la tensión con la Casa Blanca, o si mantiene su posición sobre el gasto militar y el veto a las bases, asumiendo el coste diplomático que ello conlleva ante un Trump que ya ha demostrado que la historia, incluso la más amarga, no le resulta ajena como argumento.