Antártico fenómeno natural ha intrigado a los científicos durante más de un siglo en el glaciar Taylor, situado en el este de la Antártida. Allí se encuentra uno de los espectáculos más extraños del planeta: las llamadas Cataratas de Sangre, un flujo rojizo que emerge del hielo y que durante décadas generó todo tipo de teorías sobre su origen.
El fenómeno en la Antártida fue observado por primera vez en 1911, cuando exploradores que recorrían la región detectaron un extraño torrente rojo que descendía desde la base del glaciar. Desde entonces, el lugar recibió el nombre de Cataratas de Sangre, debido al color intenso que tiñe el hielo circundante.
Durante muchos años, los científicos sabían parte de la explicación. Bajo el glaciar existe una reserva de agua salada muy antigua conocida como salmuera, rica en hierro. Cuando esta agua emerge a la superficie y entra en contacto con el oxígeno del aire, el hierro se oxida y adquiere un tono rojo oscuro similar al del óxido. Sin embargo, durante décadas persistió una pregunta clave: qué provoca que esa salmuera salga repentinamente a la superficie.
El glaciar antártico que parece sangrar
Un estudio reciente publicado en la revista científica Antarctic Science ha logrado capturar el fenómeno en acción y explicar el mecanismo que lo provoca. La investigación se basó en una combinación poco común de datos recogidos simultáneamente por varios instrumentos instalados en el glaciar Taylor.
En septiembre de 2018, un sistema de monitorización en la Antártida que incluía un rastreador GPS sobre la superficie del glaciar, una cámara enfocada hacia las Cataratas de Sangre y un sensor de temperatura en el cercano lago Bonney registró un evento inusual.
Los instrumentos detectaron en la Antártida tres fenómenos al mismo tiempo: la superficie del glaciar se hundió ligeramente, la cámara captó una nueva descarga rojiza y el sensor del lago registró una depresión fría en la profundidad donde se encuentra la salmuera.
El geocientífico Peter T. Doran, de la Universidad Estatal de Luisiana, junto con un equipo internacional de investigadores, analizó estos datos y logró relacionar los tres eventos en la Antártida.
La presión del hielo empuja el agua hacia la superficie de la Antártida
Los investigadores explican que el peso del glaciar mantiene atrapada la salmuera bajo el hielo durante largos periodos de tiempo. Con el paso de los años, la presión sobre ese líquido salado aumenta gradualmente. Sin embargo, el sistema no puede sostener esa presión indefinidamente. Cuando el hielo se desplaza lentamente, la salmuera es empujada hacia pequeñas grietas dentro del glaciar.
En ese momento se produce una liberación repentina en la Antártida: parte del agua salada asciende hasta la superficie formando las Cataratas de Sangre, mientras otra parte se filtra silenciosamente hacia el lago Bonney.

Una vez que el líquido se libera, el glaciar pierde parte del soporte que tenía debajo y la superficie del hielo se hunde ligeramente. Los científicos comparan el proceso con liberar el aire de un cojín: al desaparecer la presión interna, lo que está encima desciende.
Este fenómeno se suma a otros descubrimientos recientes sobre el glaciar Taylor. En 2017, un estudio liderado por la investigadora Jessica Badgeley utilizó radar para mapear los canales por los que circula la salmuera bajo el hielo.
Aquel trabajo en la Antártida demostró que el agua líquida puede mantenerse en movimiento incluso en condiciones extremadamente frías, donde la temperatura del hielo ronda los cero grados Fahrenheit (aproximadamente -18 °C). Esto ocurre porque el alto contenido de sal reduce el punto de congelación del agua y porque el calor liberado en los bordes de los canales ayuda a mantener abiertas estas vías subglaciares.
Más recientemente, en 2023, investigadores de la Universidad Johns Hopkins descubrieron que el color rojo intenso de las Cataratas de Sangre no proviene de minerales tradicionales, sino de nanoesferas microscópicas ricas en hierro.
Estas partículas son tan pequeñas y carecen de estructura cristalina, lo que explica por qué durante décadas pasaron desapercibidas en los análisis científicos. El nuevo estudio integra todos estos hallazgos y ofrece la explicación más completa hasta ahora de uno de los fenómenos más curiosos del continente antártico.