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Díaz-Llanos y Saavedra

Exposición en el TEA, Materia Contemporánea, 50 años de Arquitectura, de Javier Díaz-Llanos y Vicente Saavedra. Javier Díaz-Llanos (La Laguna, 1935) y Vicente Saavedra (Santa Cruz de Tenerife, 1937), titulados en Madrid y Barcelona, ambos en 1960, han formado durante 50 años la pareja profesional de mejor trayectoria de la arquitectura canaria contemporánea, la Escuela de Tenerife. En Madrid Javier tuvo las influencias de Alejandro de la Sota, Fernández Alba y Rafael Leoz, bajo los referentes de Mies, Aalto y el Corbu. Trabajó en el estudio de Vázquez de Castro y conoció, a través de una beca de verano, la arquitectura danesa, Jacobsen y Utzon. Vicente colaboró en Barcelona en el estudio de Xavier Busquets, que ganaría el concurso de la sede del Colegio de Arquitectos de Barcelona. Se encontraron en Tenerife.

Canarias en los 60 inició un ciclo económico expansivo, apoyado en el turismo, el comercio y la agricultura de exportación. En la arquitectura de Tenerife, ya Luis Cabrera y Rubens Henríquez se anticiparon, oponiéndose a la arquitectura de posguerra. Javier y Vicente colaboraron con ambos en dos iniciativas clave. Con Rubens Henríquez (La Palma, 1925-Santa Cruz de Tenerife, 2017), en el Concurso Internacional de Ordenación Turística Maspalomas-Costa Canaria de 1961. Se desarrolló en el sur de Gran Canaria sobre un ámbito de 2.000 hectáreas, obtuvieron un accésit y orientó su trayectoria. Con Luis Cabrera (Madrid, 1911-Santa Cruz, 1980), en el desarrollo de la Ciudad Turística de Ten-Bel, en el periodo 65-75. Donde recogen la experiencia de las viviendas modulares españolas, el funcionalismo escandinavo y las arquitecturas del sol de Candilis. Se inició sin autopista del Sur y sin aeropuerto, que se abrirían en el 71 y 78, bajo el impulso de José Miguel Galván.

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La dimensión de nuestros autores la complementa Javier Díaz-Llanos con su vicepresidencia del Cabildo de Tenerife, en la Corporación de Rafael Clavijo (1974-1979), periodo en el que se aprobó la Constitución y cuando los políticos ejercían con más esfuerzo que provecho. Vicente Saavedra añadió su pasión por el arte y la cultura. Coordinó en diciembre de 1973 la I Muestra de Escultura en la calle, cuando los colegios profesionales, al final del franquismo, funcionaron como dinamizadores sociales y políticos. Aquí tuvo, como Comisión de Honor, a Westerdahl, Miró, Sert y Roland Penrose. Con acierto, la expo del TEA identifica su trabajo apoyado en el método y no en el estilo. Aceptación del encargo y adaptación al paisaje rural y urbano. Materiales en estado natural. Modulación constructiva. La construcción se resuelve con el detalle, “Dios está en el detalle”, que diría Mies. Cuando la arquitectura era un producto inmobiliario, introdujeron oficio, cultura y arquitectura. Comento tres ejemplos: el edificio Dialdas (1963), en la medianera del Palacio de Carta en Santa Cruz, plaza de la Candelaria y San José. Modélico ejemplo urbano de adaptación al lugar con lenguaje renovado. Se anticiparon 15 años a lo que luego hizo la ciudad. El encargo más difícil es siempre la vivienda unifamiliar, la Casa Real (1968), en las laderas de Santa Cruz, modelo de adaptación al paisaje y al lugar, con resonancias de Wright y del intimismo nórdico y popular canario. El Colegio de Arquitectos (1971), ejemplo de intervención urbana, en el lenguaje del brutalismo inglés de los 50, con resonancias de Stirling y Lasdum. Realmente es un edificio clásico en su encaje, imagen y acceso urbano y moderno en su funcionalidad. El tiempo sitúa el valor de los referentes, en este caso la Escuela de Tenerife, donde Díaz-Llanos y Saavedra vienen siendo reinterpretados por todas las generaciones siguientes y venideras.

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