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Y, de pronto, me doy cuenta

Y, de pronto, me doy cuenta de que todo lo que se dice aquí no vale para nada. En casi medio siglo de ejercicio profesional casi nunca me lo había planteado. Lo que dicen los medios de comunicación se lo lleva el viento en este país en el que la opinión es tan libre que nadie coincide, que cada uno hace la guerra por su cuenta. Fíjense que hasta el rebelde catalán ha elegido a la CNN para contar sus mentiras que, a fuerza de ser repetidas, él las convierte en verdades ante periodistas que no tienen ni puta idea -porque ya me dirán lo que interesa Cataluña en USA, si ni siquiera saben los americanos dónde está España-. Todo ante un Gobierno que espera demasiado, una justicia lenta y la gran patraña catalana. Los periodistas españoles hemos quedado a la altura del betún. Nadie nos hace caso, ni los sediciosos ni los constitucionalistas. Cada tertuliano tiene su solución a un problema que solo un Estado fuerte sería capaz de resolver. El rebelde catalán tenía que estar ya entre rejas, como cualquier ciudadano que haya vulnerado gravemente la ley. Resulta que hay concejales tinerfeños en prisión, condenados a permanecer años entre rejas porque un edificio invadía -que tampoco está claro- unos metros de territorio protegido. Y un presidente de comunidad autónoma, que declara la independencia, comete un delito de sedición y, aún más grave, de rebeldía, sigue tomándole el pelo a Gobierno, oposición, jueces y fiscales. ¿Es esto justo? No. Ni tampoco que esos medios de fuera le den cobertura a este personaje vulgar, astuto, que delinque -él y su banda- a los ojos de todos. Parece como si la justicia sólo fuera a lo fácil, que sólo condene a los más desgraciados. Porque hasta los Pujol están fuera. ¿Tiene bula Cataluña?

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