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Escribir de noche

Miren, esto de escribir de madrugada tiene su encanto. Yo creo que Fernando Clavijo -es una reflexión nocturna- acabará cediendo del todo a esa tentación perversa que provoca el poder. Hasta anteayer estaba haciendo un programa de jóvenes en Canal 7. Hoy es el presidente del Gobierno. Lo fue demasiado temprano, sin la madurez necesaria para desempeñar el cargo. Ahora es lo de las grúas, pero mañana será otra cosa. Esto del poder pasa factura y mucho más si el acceso a él ha sido espurio. Lo que le hizo Clavijo a Paulino no tiene nombre y ahora lo está pagando. A pesar del aire mochilero que se quiere dar y de algún que otro lance dulce privado, está desmejorado, ya no es él, es otro. Se ha echado encima a una parte de la prensa escrita y digital, de una manera tontorrona y gratuita, y se apoya en otra que cada vez pinta menos, incluida cierta radio sectaria y vendida. Es una pena, Fernando, coño, que hayas caído en la trampa. Cuando tengas mi edad te darás cuenta de que hay que jugar con todos, no seas bobo. Ya yo no estoy en el mercado, pero observo desde el púlpito tus meteduras de pata y la verdad es que me dan pena. Por inmaduro y por mal asesorado. Y eso de escribir de madrugada, como hago yo, te ayuda a reflexionar más sosegadamente, sin el tráfago del día, que en Tenerife me parece infernal, por los coches y por el teléfono, aunque a mí, la verdad, ya no me llama nadie. Me ha olvidado casi todo el mundo, de lo cual me alegro porque ya no me gusta ni saludar. Me he convertido en un viejo huraño de cuento de Navidad. Y a mucha honra, sí señor.

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