¡Agua! Las sesiones parlamentarias para la imposible investidura del ciudadano Sánchez tuvieron de todo, si bien, destacaron de forma singular las impertinencias, las fotos de boîte y la baja estofa de alguno, oído lo oído y visto lo visto, así no salimos. Me pide el alma leer.
Sigamos con la rica y entretenida lectura; una de las fuentes del saber. Dialoguemos sobre literatura, de una de sus figuras literarias: los entremeses. No sé por qué, pero lo sospecho, me acordé de aquellas historias de aldeanos y labradores que en ellos nacen como figuras cómicas y distorsionadas que se mueven en el mundo de lo grotesco y de la conflictiva vida donde reina la impotencia resultado de la ignorancia y el falso saber.
En aquella vidorria discurre “La elección de los alcaldes de Daganzo”, un ambiente rural que refleja la pueblerina realidad social de la época, a través del sueño de cuatro labriegos que quieren ser alcaldes –en el caso que nos ocupa, gobernantes-. Para su elección, son interrogados por un tribunal compuesto por: dos regidores, un bachiller y un escribano. Un miembro del bajo clero, el sacristán, censura al tribunal de Daganzo por su frivolidad en el proceso selectivo de la tal autoridad. Lo que hace que el señor feudal del lugar, Conde de Coruña, se niegue a nombrar al alcalde electo por sus vasallos, y por su idiocia.
Creo que Cervantes no quería hacer de esta historia una crónica teatral, glosa testimonial de los pleitos de Daganzo, sino que, con su personal enfoque los inserta en el troquel jocoso del “entremés de lugareños”, con gran ambigüedad e indeterminación. Casi no hay acción, aunque sí una crítica mordaz; llena de ironía y humor a la sociedad, representada en el acto de investir al nuevo regidor municipal. Muestra la irresponsabilidad, ignorancia y despreocupación que caracteriza la vida política del momento. Trataban de elegir al alcalde del pueblo, que por esas cosas de la política quedó aplazada para otro día.
¿Le suena? A mi mucho. La estulticia en la que se mueve el entremés de nuestra política es de tal dimensión que hoy es noticia que, y sale en los medios de incomunicación, el valido de turno les anuncie que alguien va a llamar a alguien, ya se verá que día de que semana, o que mengano le va a escribir una carta a zutano, viéndose en la dificultad de no acordarse ni saber escribir.
No es en “Los pastores de Belén” de Lope de Vega con el sabio Frondoso donde se hayan nuestros frondosos políticos electos, do están es en “Belén con los pastores”, que se está más calentito. De lo que hay que hacer, es decir, política, “niente de niente”.
