Carlos Alonso, el Empecinado, ha hecho propia una batalla imposible: intentar que Paulino Rivero no sea presidente del Tete. Alonso parece ignorar que, en las sociedades, los que mandan son los accionistas: a más acciones a favor, más posibilidades de ser elegido presidente. Y Rivero cuenta con muchos títulos a su disposición. Lo demás son fuegos artificiales, rumores, intentos de boicoteo, informes contradictorios, incompatibilidades inventadas. Lo que no sorprende ya es que, desde siempre, Coalición Canaria sea un partido insolidario con sus propios miembros. Hay gente como Manuel Hermoso, Miguel Zerolo, José Emilio García Gómez y el propio Paulino Rivero que ha sido masacrada por su propio partido. Y, la verdad, no se entiende. Deberían hacer un curso en el País Vasco todos los dirigentes de CC. El PNV no abandona jamás a su gente; es más, la promociona, la protege y la cuida, pero para siempre. Aquí, no. A Carlos Alonso se le cae el rizo de gozo cuando puede joder a Rivero; algo tan absurdo como estrafalario. ¿A quién se le ocurre? Es la envidia y la agresividad dialéctica, en público y en privado, las que privan en la relación entre los antiguos y los nuevos dirigentes nacionalistas canarios, ante el estupor de sus votantes y simpatizantes más iniciados. En fin, que será difícil que Alonso hurte a Rivero la posibilidad de ser presidente del Tete, en cuyo cargo puede hacer una buena labor. Debería Alonso, creo yo, ser más consecuente con un miembro de su partido actual
-porque antes perteneció al PP- y joder menos.
El Empecinado
Carlos Alonso, el Empecinado, ha hecho propia una batalla imposible: intentar que Paulino Rivero no sea presidente del Tete

