Yo creo que hay que mandar a un siquiatra a Madrid para que examine a Pedro Sánchez, que sufre alucinaciones. Cree que es el presidente del Gobierno español y, como tal, fue a ver a un tal Puigdemont, que preside la Generalidad catalana. Fue a acercar las relaciones “entre el Estado y el Gobierno de España”. El sociata no se ha enterado de que ni siquiera es candidato porque perdió la investidura por goleada y porque todavía -y Dios no lo quiera, a pesar de las extrañas encuestas de El País- no preside el Gobierno de España, algo que parece que le queda bastante largo. Decía el doctor Marañón que “la rapidez, que es una virtud, engendra su vicio, que es la prisa”. Y no le faltaba razón. Pedro Sánchez quiere coger liebres tocando el tambor y esto es completamente imposible. Yo no sé quién lo aconseja, pero creo que sus asesores blancos lo están volviendo majareta. Andan mosqueados hasta los de Ciudadanos, que ayer eran sus amigos, pero que hoy sufren a solas los desvaríos de Sánchez. Cuidado, porque decía Racine que “la enemistad sucede a la amistad defraudada” y ya sé que hoy voy sobrado de citas. El errático Sánchez no tiene factores inhibitorios del ridículo, así que puede estar flotando en sus propias sombras años, más años que el periodo estéril de ZP, que es su modelo a seguir. Y, para ayudarle, el sectario de Pachi amenaza con el Constitucional para obligar al PP a hacer de Coro de Esclavos en el Congreso. ¡Mierda! Que no se les ocurra caer en semejante mentecatada. Estos sociatas se creen que el enemigo es tonto. Pedro el gobernante, también.
Pedro el gobernante
Yo creo que hay que mandar a un siquiatra a Madrid para que examine a Pedro Sánchez, que sufre alucinaciones

