soliloquio

Falsas voluntades

No es menos cierto que por estas latitudes la práctica de la política, que no de la politología, está de capa caída

O, peor, mentiras arriesgadas, cuestión harto delicada la que practican los iluminados que componen el cartel de la corrida electoral de esta España fofa que nos están imponiendo, lo cachondo es que lo llevan y ejercitan con total naturalidad. Por no ponerse, no se ponen ni colorados, a más a más, solo se ponen tintos cuando van a decir una verdad.

No es menos cierto que por estas latitudes la práctica de la política, que no de la politología, está de capa caída. A las pruebas me remito, el pasado fin de semana los extremos se tocaron por la espalda, cada cual se lanzó al ruedo con su más personal estilo —“El Celta” en Córdoba, se explayó: ““Estoy en forma, con ganas y dispuesto a dar la batalla una vez más”, advirtió, tras pasarse ciento y tantos días con sus noches recostado en su hamaca, leyendo la prensa deportiva y a base de su régimen preferido “la sopa boba”. No va a estar en forma, estará como un pincel, a su espalda “El Jacobino” que se presentó ante sus huestes en el parque de Tierno Galván, si levanta la cabeza se muere de nuevo, en el escenario soñado para la Fiesta de la Primavera de los primaveras del de Podemos, un baño de masas a mayor gloria del perdona vidas que ahora sale solo con el sabio Echenique. El circular Iglesias inflado como una cotufa ante su claque defendió sus patrañas y anunció que, lejos de rencores, será “generoso” con los socialistas si tras unas elecciones que ya atisba en el horizonte le toca “liderar el gobierno del cambio—, como le dije, lo sabemos todo, de que pie cojean, de cómo y cuándo excitan su temple, y de la naturalidad con la que nos mienten para llevarnos al huerto.

O sea, Mariano en funciones y Pablo ya tienen la cabestrada para el arreglo de la lidia, cada uno el suyo, para el primero los de la ganadería de Rivera, para el segundo los de la de Sánchez. Son tan soberbios que a sus rivales los tienen por cabestros o bueyes mansos, como se les llama en el mundo taurino. Una raza mansa cruce de diversas razas; retintos, moruchos, y otras. Antes se realizaban cruces entre algunas de estas razas y un toro de lidia, el resultado daba un cabestro encastado al que había que castrar.

Lo cierto es que en la campaña que viene nos van a sorprender con la vuelta al bipartidismo populista ¿recuerda? Sí, ese, el que acabaría con España. Ahora le gusta. Volvemos a la lucha entre los colorados abducidos en todos sus tonos, cuyo enemigo es el pesoe al que a ser posible hay que defenestrar frente a los azulones de Mariano. Hemos dado la vuelta al ruedo para estar en el mismo sitio ¡Un rollo!

Recuerde este consejo del Quijote a Sancho
antes de ir a gobernar la ínsula Barataria: “Nunca se guíe por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos. Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, como por entre los sollozos e importunidades del pobre”. Nos vamos que tener que espabilar, vienen raras.

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