Y dos piedras, no se lleve a engaño. Estos paraísos de lujo con los que engodan unos y otros son todos una burda mentira, paraísos irreales que nos venden los espabilados de turno; en unos casos venden el derecho a gritar lo que sea y mejor si se le grita al suelo, en otros prometen andobas y alcohol en el paraíso tras un vuelo escandaloso, en otros prometen igualdad a la baja de la que solo reniegan los lideres que se lo hacen y llevan crudo en dachas como las de Kuntsevo o la de Sochi con su balneario llamado “Matsesta” en el que se cura la gota que les genera el populachismo calenturiento que practica esta panda de descerebrados, lujo y vidorra para pasar las vacaciones y recibir tratamientos y masajes. Incluso cabe, si nos descuidamos, la posibilidad de caer en manos de personajes tales como; Adolfo, Iósif, Tito, Nicolás, y tantos otros demócratas unipersonales, los que siempre al inicio de sus artimañas se lo hacen parecer hasta meter, y pillar poder, lo que les gusta, o sea, mandar.
Esta historia de los populismos siempre surge de forma similar; malos tiempos, apetito, poco pan y excesivas diferencias que son utilizadas por los maguanes de turno que no paran de prometer viandas y batucadas libertarias hasta agarrar la sartén por el mango para ponerse a freír huevos con puntillas, o freírnoslos a fuego lento.
“Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz” le espetaba no hace mucho el calmo y circular Pablo a su ex amigo comunista Garzón, al que desvalijaron entre todos, aunque con más ahínco la sisa la practicó la que fue pareja de moda, formada por Tania la ex iu, ex equo, ex convocatoria por Madrid, la que negó por tres veces lo que poco después positivó, es decir, hacerse podemita, e, Iglesias llevándose los apuntes en ciclostil y a los desabrigados, hoy como la cosa pinta oblonga vuelve a buscar a Garzón del que se desgajarán a la primera de cambio, y si no al tiempo, caso de que firmen.
Cada día que pasa me desengaño más de estas formas de politiqueo que solo pretenden el auto bombo, la exaltación del vacío mental de la ciudadanía en red y vivir del cuento mientras dure. Y, como no podía ser de otra forma ya llegaron las prisas, el nervioso Pablo no hace sino pedirle al obtuso Pedro que elija pareja de baile pero ya, el ingenuo Alberto no sabe como borrar las líneas rojas que están por todas partes, porque aquí lo importante son ellos, usted y yo gurrumina, y España ni se sabe della. Mientras Mariano “el Celta” espera a la sombra la caída de la hoja leyendo el Marca entre conversa y siestecita.
Cuenta Cervantes que en el final de la vida de Sancho en Barataria, impresionados por su humildad, los pueblerinos le ofrecen todo lo que quiera para acomodar su viaje de vuelta: “Sancho dijo que no quería más de un poco de cebada para el rucio y medio queso y medio pan para él, que pues el camino era tan corto, no había menester mayor ni mejor repostería. Abrazáronle todos, y él, llorando, abrazó a todos, y los dejó admirados, así de sus razones como de su determinación tan resoluta y tan discreta”. Irse, escuchen, irse.
